martes, junio 01, 2010

Ya siempre


Y
Inaugurando Junio 
a oscuridad que dice adiós, y siempre
un clamor de esperanzas,
danzas en la noche,
figuras que se mueven
al ritmo de una música lejana.

Ya siempre sombra  maldita y paso del tiempo,
frugalidad encerrada en un milímetro
de espacio.

Ya siempre luz y sol,
distancia y lluvia,
prendido a mi cintura.
  
Ya junio,
Ya estruendo de risas y luego silencio y ojos,
eternidad fugaz.

Ya siempre trozo de isla,
quietud que cuelga de mi pelo ondulado.        
Ya siempre tú,
abarloado en mi costado.



© Virginia Fernández “Ya siempre”

lunes, mayo 31, 2010

Una tarde cualquiera


En una tarde cualquiera se pueden dibujar
pequeñas líneas que se abren
en el cielo,
trazos que se forman y se salen
del contorno de tu figura
y tras tu sonrisa se cuelan como luciérnagas encendidas
las cosquillas del atardecer,
las rarezas estampadas en un lienzo en blanco.

En una tarde cualquiera llegas con la primavera metida
en las ondas de mi pelo,
y como un niño a punto de despertar
imaginas paisajes de un libro inventado,
mientras te escondes en mis ojos,
susurrando canciones,
liberando pesadillas de un mundo gris.

En una tarde cualquiera te acercas
con la calma precisa de tus manos,
con un leve toque de escritor,
y trazas en las comisuras de mi boca
una historia aún por inventar.

En esas tardes atrapo el infinito
en mis manos,
tanto que podría mecerlo para dormirlo
tanto que podría recortar el tramo de una ola
y coserlo en el tejado del cielo.
© Virginia Fernández “Una tarde cualquiera”

jueves, mayo 27, 2010

Mudanzas



Movimiento I
No name

Con el destierro que siento al ver el mar de frente,
llego con el infinito metido en el pecho,
con ese silencio de atardecer tullido, de caramelo,
de ojos entreabiertos y
de media sonrisa,
llego a tu cintura de girasoles amarillos,
de viento que despeine tu flequillo
y no tengo nombre:
solo ojos,

Movimiento II
Atardecer

Mis pies descalzos en la arena
despliegan el atardecer hacia rutas de color pastel
me miras de soslayo,
te apoyas en mi espalda:
sonrisa.

Movimiento III
Noche

El sueño me acoge en sus brazos desnudos:
oscuridad.

Movimiento IV
Final

Luna infinita
cara congelada
riachuelo de besos.
Con un temblor de mariposa que escapa por la ventana
te digo: no te necesito.

© Virginia Fernández “Mudanzas”

lunes, mayo 24, 2010

Noches de insomnio

En noches como ésta es fácil adivinar a través del cristal,
o a través de las paredes
los movimientos ajenos,
un vaso que cae,
quizás un teléfono que suena en el silencio.

Imagino tu mano sobre la almohada,
aproximándola hacia alguna piel anónima,
una película muda,
y yo, suicida de noches de insomnio,
contemplo imágenes,
desnudo sábanas
alegoría del despertar.

En noches como ésta es fácil imaginarte
haciendo un tratado de filosofía,
meditando bajo una luz tenue,
tomando un té.

Yo, descalza me aproximo hacia el amanecer,
suicida de noches de insomnio,
paseo puertos,
temporalidades que no quieren
formar parte de las agujas del reloj,
yo, meditabunda nocturna,
como metáfora a punto de despertar,
espero.

© Virginia Fernández “Noches de insomnio”

jueves, mayo 20, 2010

Le Hèrisson



Usted me hace pensar en un erizo,
                                    por fuera está lleno de pinchos,
pero por dentro es tan refinado como ese animal, 
tremendamente solitario
y terriblemente elegante, usted,
ha encontrado el escondite perfecto.
                        -Le Hèrisson-

Camina lentamente sobre paisajes
de oblicuidades inciertas,
recorre páramos de tristeza,     
de vacíos difíciles de llenar,
de inviernos infinitos,
de lluvia en el cristal.

Observo desde este escenario
su mirada esquiva,
su pausado deje,     
su constante anhelo,
sus ansias de poesía.

Él, increíblemente sabio
en su pequeño reinado,
me conoce y me intuye,
lee de mis ojos, escruta,
disimula.

No se intimida
ni se muestra,
Erizo sin espinas,
extremadamente bello,
ligero, altivo.

El silencio es su batalla ganada,
actúa en la sombra mientras
trama malabarismos impares,
mientras crea
pequeños momentos de magia
para mi alma humilde de ser humano.

© Virginia Fernández “Le Hèrisson”

martes, mayo 18, 2010

Palabras formando un poema (Poética Herta Müller)



Que los sentimientos
lleven faldas de cristal
con plisados de hierro
nada tiene que ver
con preguntas fundamentales

-Herta Müller-




Una mesa de palabras
crea un escenario particular,
recortadas al azar,
cogidas prestadas de cualquier periódico,
se acumulan
y haciendo un poco de papiroflexia cuentan.

Adoptan forma propia
y por supuesto no se pueden
limpiar,
ellas, con grandes signos de interrogación
me hablan y me dictan
y escogen una pareja que las haga especiales.

Ellas son ligeras,
y se duermen en un cajón,
pobres palabras escondidas,
esperando en una estación de tren
que las lleve a la forma de un poema.

Igual que la propia vida tienen límites,
los que marca este trozo de papel,
nunca sabré si prefirieron quedarse escondidas
o salir a la luz,

Nunca sabré lo que ellas opinaron,
pero yo las ordeno en forma de poema escrito en una postal
con palabras que recorté
en una antigua estación de tren.

© Virginia Fernández “Palabras formando un poema”

lunes, mayo 17, 2010

Calles sin nombre




Te busqué allí
en las calles del absurdo,
mientras los anocheceres me acompañaban sin hablar,
en ese lugar donde alguien me proporcionó un descanso en mi noche,
donde sólo tú o quizás el color de tus ojos podría entender
mis palabras.

Allí te esperé inerme,
preguntándome sobre tus cuestiones metafísicas,
el azar, Kafka y su metamorfosis,
tal vez un cuadro.

Alguien desde un balcón abierto podría matizar
ese pensamiento, esa descripción,
interiores que se asoman a la luz
ver un amanecer,
un libro abierto,
augurios de esperanza.

Mis ojos te esperaron en ese lugar de la media luna,
donde sólo nos reconocemos por nuestro tacto,
donde las calles se llaman anónimas.

Allí donde todo carece de explicación,
dónde la lluvia nos sigue sorprendiendo,
en ese absoluto surrealismo,
en ese estado metafísico,
en ese entendimiento de ojos y miradas.
Allí en ese sitio al que nadie supo llamar con un nombre.

© Virginia Fernández “Calles sin nombre”

jueves, mayo 13, 2010

Princesas



Ellas, tan solas,
pasean por la calle cogidas de la mano,
hacen malabarismos por las líneas del amor,
requiebros a la luna,
y de contrabando reclaman un pedazo de cielo.

Están preparadas para dar,
nunca viceversa,
se calzan botas altas,
faldas peligrosamente cortas.
Ellas, tan libres,
esperan a un príncipe
que las salve de su destino.

Sueñan con que un día
alguien las recoja a la salida del trabajo,
les regale flores.
Ellas,
reciben la visita inesperada de almas solitarias,
aman el pecado, libres de todo mal.

Víveres de contrabando,
Carne de libre mercado,
Princesas,
Increíblemente tristes,
Increíblemente maltratadas por la vida.

© Virginia Fernández “Princesas”

domingo, mayo 09, 2010

El lector de poemas


Lo amé por primera vez en una tarde lluviosa,
aunque él no me conozca,
amé sus rizos cayendo sobre la frente,
sus ojos apaisados,
su postura al girarse por alguna interrupción:
alguien que pasa, una música lejana que suena,
el sonido de la lluvia en el cristal.

Lo amé mientras leía algún viejo poema,
sus grandes ojos fijos
su forma de mirar esa cuartilla amarillenta
de un libro de segunda mano,
un libro que alguien olvidó en alguna librería.

Amé esa sonrisa,
aunque él no me miraba,
Yo, anónima mientras él se sumergía en ese mar azul claro
que puede suponer una lectura,
él transformado, nadando en un cuadro de Dalí.

Todas las tardes creé
ese pequeño microcosmos entorno a él,
ese universo sin medida,
en el que seguramente usted
lector, también habrá estado alguna vez.

Todas las tardes lo busqué con la mirada,
sin que conociera mi nombre,
sin que supiera de mí.
Todas las tardes sonrió,
al pasar una página,
al saberse observado.

© Virginia Fernández “El lector de poemas”

martes, mayo 04, 2010

Al poeta



A ti que sabes comprender

Qué de anocheceres te habrán visitado las musas.
En tu solitario estudio te imagino,
cambiando impresiones con Brines o
contemplando un bombín de Magritte,
un cielo sin estrellas.

Qué de estallidos musicales imagino en tu risa,
enloquecida por alguna metáfora disonante,
Rimbaud debería de estar orgulloso,
reirá desde el más allá,
reirá con tu risa,
y alzará una copa de vino a tu salud.

Sólo tú comprendes la soledad del poeta,
sólo tú sabes entender su amargura,
o su alegría, a ti van dirigidos estos versos.

Qué de notas musicales salen de tu pluma,
qué sola se queda la noche cuando te vas,
a ti poeta, dedico estas líneas,
a ti, que sabes entender.

© Virginia Fernández “Al poeta”
Imagen: René Magritte

jueves, abril 29, 2010

Propiedad privada

Me río ante las puertas y los puertos
que se construyen en medio de una ladera.
Usted, humano, está constantemente
poniendo puertas en mitad de algo, de la nada.
¿Para qué?

Un viaje en tren
revela la evidencia,
la tarde cae, y con ella
el sol va iluminando
cada vez más bajo el vagón
creando un clima cálido,
cotidiano,
conversaciones que se confunden
con el paisaje,
asombro de lo ajeno,
oblicuidades, un libro.

De repente un paisaje plano,
anaranjado quizás,
horizontal,
ante mis ojos asombrados
y majestuosa en su soledad,
triste,
perdida y sin finalidad aparente:
Una puerta en mitad de la nada,
dentro de ese paisaje solitario,
el paso hacia el abismo,
la puerta que se cierra,
y pone límites a lo ilimitado: el mundo.

©Virginia Fernández “Propiedad privada”

domingo, abril 25, 2010

Momentos de equilibrio

En este preciso momento
estará usted mirando por alguna ventana anónima
e impersonal, desde su despacho
totalmente iluminado,
cada pequeño detalle estará perfectamente cuidado,
describirá alguna parábola en el aire,
observará cómo pasan
los transeúntes por la calle,
cruzando el paso de cebra,
y no captará esa violencia
intrínseca del ser humano,
no podrá apreciar esa oscuridad
de la humanidad,
caminando, quizás como en un gueto,
perdidos en su soledad.

Quizás usted no haya percibido
esa pequeña sutileza
casi imperceptible
que queda inmersa en cada uno de nosotros.

Seguramente cuando usted mire
por esa ventana tan impersonal y transparente,
no sea capaz de asimilarlo,
ni siquiera lo pensará,
pero está ahí en el aire,
fruto de nuestra propia naturaleza.

Pero quizás,
en ese mismo momento
en otro rincón de la ciudad,
o de cualquier lugar,
alguien se estremecerá
al escuchar el sonido de las gotas del agua
al golpear en el cristal,
o al escuchar el crujido de un pétalo al caer,
al ver una sonrisa,
entonces algo merecerá la pena.

© Virginia Fernández “Momentos de equilibrio”

lunes, abril 19, 2010

Interferencias

Traté de traer más mundo al mundo,
entrar poco a poco en ese lugar que no existe,
no fue más que eso,
lucha contra las interferencias,
y encuentro al fin y al cabo.

De repente ese extrañamiento no fue
más que paralelismo de la realidad, o espejo,
difícil como una metáfora aún por nacer.
Quizás no fuera más que eso,
tal que así,
espacio que no existía,
pequeña sutileza,
interferencia de los sentidos.

Quizás no fuera más que un claro ejemplo
de nuestras vidas
representadas en ese pequeño escenario,
telones que caían,
máscaras que trataban de comprender,
marionetas del azar,
huéspedes de una vida aún por vivir,
incomprensible momento.

Traté de hacer desaparecer esas interferencias,
esas intelectualidades, nimiedades,
fue lo justo.
Esas pequeñas grietas
que se iban formando
poco a poco desaparecieron
y entré en ese mundo bilateral, espacio de fantasía,
para encontrarme y toparme de bruces con él,
en todo su esplendor,
diáfano ante mí se alzaba el mundo del Rey Momo.

© Virginia Fernández “Interferencias”

viernes, abril 09, 2010

Pictures of you

Quisiera derribar sus fachadas,
quedarme hasta verlo entrar sin equipaje en la noche,
con sus ojos de curiosidad nada más,
con sus manos húmedas de distancias que caen,
con sus pestañas y su cabello, con su luz.

Me gustaría tanto redimirlo a usted,
encontrar un momento de paz desubicada,
embriagarlo de verdades,
de eslabones pintados como un fresco de Miguel Ángel,
enloquecer su alma desnuda,
escucharlo gritar un nombre nada más.

Sería magnífico contemplar cómo caen esas murallas,
derribar puertas y relojes,
descorrer las cortinas de la ira.
Delicioso momento el de usted al desnudo,
sólo hombre y sentimiento,
soledad y nubes,
gritando verdades,
cadenas que caen.

Que sólo fuera palabras a la no desesperanza,
sólo manos para entender,
sólo estampa pintada en un sello que no borra la lluvia,
sólo adioses que no se van.
¡Ah! ¿Qué decir? Sólo paisaje que acaricie un cuerpo desnudo.


© Virginia Fernández “Pictures of you”

lunes, abril 05, 2010

Construcción

Cada mañana rehaces de nuevo el camino,
te empiezas a construir como si fueras
una catedral, o cualquier edificio de tu ciudad,
moderno, estilizado.
Te construyes,
desde que te levantas,
empiezas de nuevo de cero,
mientras bebes el café,
mientras lees la impersonalidad
de las noticias,
mientras acaricias con tu mirada la vida.

Cada día vas creciendo y haciéndote adulto.
Así vives tu vida,
desde tu universo particular,
así te desgastas,
y te mueres de esa vida inestable,
atmósfera que inquieta,
efímera, frágil.
Un chiquillo que juega a ser adulto antipático,
vas construyendo caminos conforme
avanzas hacia el ocaso.

Así te repones, y sigues adelante,
para acabar por la noche otra vez hecho cenizas,
roto.
¿Cómo salvarte?
¿Cómo construir ese pilar básico
que te sostenga y te guíe?

© Virginia Fernández “Construcción”

martes, marzo 23, 2010

Razones

Cuando caminemos difícilmente equilibrados
por una vereda gris de madrugada,
me cogerás de la cintura,
despertarás
a este jueves violeta, a este anochecer.

Pasearé de tu mano por las calles mojadas,
no atenderemos a razones oficiales,
sólo la piel ocupará el vacío
de tu costado.
No habrá vigilias y sueños arrastrados,
no habrá malentendidos.

Cuando sufras la impersonalidad
de los anocheceres vacíos,
encontraré y encontrarás sentido
a aquella mirada, y a aquel sonido,
derrumbarás paredes como huracanes.

Cuando el tiempo se ponga de acuerdo,
y nos dé una pequeña tregua de relojes,
y minuteros,
entonces, y sólo entonces, descansarás en mi,
y no habrá más razones que la de tus ojos,
más amaneceres que saberme prendida a tu espalda.

© Virginia Fernández “Razones”

domingo, marzo 21, 2010

Tan extraño y tan solo

Tan extraño y tan solo,
vaga por puertos, y anocheceres,
ronronea a la luna,
y cree ser el rey.

Tan doblemente solo
en su reinado,
tan dilatado en el tiempo,
tan inquietante.

Pasea por calles mojadas
en la madrugada.
Reflexiona sobre el brillo de unos ojos,
desaloja tormentos,
olvida un poco con cada trago,
baila con una sirena.

Viste su cara con una sonrisa,
enmascara su llanto,
pide perdón,
desanda su camino.

Tan extraño,
tan caballero de copas,
tan huraño,
pero siempre tan solo.

©Virginia Fernández “Tan extraño y tan solo”

lunes, marzo 08, 2010

Si usted quisiera

Si usted quisiera
yo podría coger el mar,
podría ir de ojos cerrados,
y de atardeceres en vela
a su encuentro, sonriente hacia la luna
y con cascabeles en el paladar.

Si usted quisiera
no harían falta palabras,
ni pactos,
ni siquiera miradas,
solamente su consentimiento
bastaría para darme a conocer
en sus manos, en su espalda,
despertar lunas,
sonrojar amaneceres,
pero sólo si usted quisiera.

Si usted me dejara,
comprendería que lo que digo
vale más que mil gestos que le hice
cuando no miraba.
No existe otra manera
de entrar en el círculo,
Yo le señalaría la parte de mi cuerpo
por donde tendría que empezar a rescatarme,
desalojar habitaciones cerradas
y abrir ventanas con vistas al mar.

No tengo más que ofrecer,
sólo estos ojos y esta sonrisa…
y esta vida si usted quisiera.

© Virginia Fernández “Si usted quisiera” Fragmento de Diarios de usted.

domingo, febrero 14, 2010

Exilios

"Voy por tu cuerpo como por el mundo" Octavio Paz


Aquí me encuentro
en este exilio.
Exilio de párpados cerrados
y de preguntas,
de ventanales con signos de interrogación.

Aquí me encuentro
en esta ruina de espacios,
con utopías irrelevantes
mirándome sin comprender,
con lunas de puertas cerradas,
con estadios de luz incandescente.

Aquí me encuentro
exiliada de los adioses
y los abrazos,
exiliada del mundo
y de su rutina,
exiliada de sus cuestiones,
de sus miradas de pronóstico reservado,
de sus incertidumbres.

Aquí me encuentro en el silencio
de esta tarde invernal y callejera,
esperando el anochecer,
que seguro traerá sonrisas nuevas
que me harán olvidar este exilio
impenetrable y asustado.

© Virginia Fernández “Exilios”

lunes, febrero 08, 2010

Pretensiones

Quiero ser poeta,
y vivir en mis versos,
mecerme en un susurro,
correr con el viento de cara.

Me gustaría volverme poema,
quedarme en su regazo,
dormirme entre sus párpados,
vestirme con sus ojos,
hacer muecas a la luna,
guiños a su piel,
descomponerme en su métrica.

Daría todo lo que tengo
por convertirme
en una pequeña estrofa que llevara su nombre,
acariciarlo con pequeños susurros,
cantarle una canción al oído,

No sé hasta qué punto estaría bien
reconvertirme en un soneto,
decir algo extravagante.
No sé si podría explicarme lo suficientemente bien
para poder decir algo que lo estremeciera a usted.

© Virginia Fernández “Pretensiones” Fragmento de Diarios de usted.

miércoles, febrero 03, 2010

Vocación

No sé por qué nació de repente
esta vocación que mira hacia ti,
no sé si fueron tus maneras,
o si ese día unas gotas estratosféricas,
y redondas
golpearon en la ventana,
pidiendo un hueco donde acurrucarse.

No sé si esta vocación guiada
hacia ti, tiene que ver con Gustav Klimt,
o con El beso, o ciertamente con Danae,
no sé si fue René Magritte,
o su bombín de las cinco,
o incluso pudo ser Salvador Dalí
abrazado a su amante.

Realmente no sé si nació del jazz,
o de tus ojos,
pero el caso es, que esta vocación
inconclusa, y sin sentido,
irremediable, gira hacia ti,
y no puede dejar de mirarte.

© Virginia Fernández “vocación”

Noes

No duele el amanecer
cuando no estás,
es sólo un pequeño pinchazo
en el pecho.
es sólo una desazón
que oprime cada músculo de mi cuerpo.

No te echo de menos al atardecer
cuando el viento empieza a contarme
una canción de cuna.
No pienso en ti,
No existen pensamientos trasnochados,
es sólo una pequeña herida,
un jirón roto de tela que se va haciendo
cada vez más grande.

Es sólo que me acuerdo de ese mimo
que se mueve en la rambla de las flores,
ese cielo gris que me recuerda a tus ojos,
ese atardecer que no va a volver si no me miras.
Es sólo ese desamparo,
esta cama vacía con tu hueco exacto
debajo del edredón.
Es sólo eso, nada más.

© Virginia Fernández “Noes”

domingo, enero 31, 2010

Composición de domingo

Me dan miedo los domingos,
No se cómo decirle,
cómo explicarle.
Me gustaría describir
el por qué de los teléfonos rotos.

A veces extraño una nube
de Magritte,
o simplemente su calor de usted.
Su silencio consentido,
su sabor.

Me dan pánico
los domingos por la tarde,
y no alcanzo a poder
relatar la razón fundamental
de ese desasosiego,
esa inquieta nostalgia
de los centímetros de su piel.

¿Cómo convertirme
en estación de tren
en esos días de domingo?
¿Cómo ser mañana,
para dejar de ser
por un instante vacío y soledad?
¿Cómo explicarle?


© Virginia Fernández “Composición de domingo”. Fragmento de Diarios de usted.

Caleidoscopios lunares

Hoy la luna me enseña a mirar caleidoscopios lunares, incandescentes, atropellos coloreados de ti, el día fue silencio, pero terminó con un gato que quería ronronear al son del vaivén lunar, ¿Metafísica estelar?, quizás, no sé.

(c) Virginia Fernández "Caleidoscopios lunares"

martes, enero 26, 2010

El guitarrista cero

El guitarrista Cero sabe de noches desoladas y frías. Actúa bajo el manto de la noche azul de un local llamado Loro. Tiene en su cara algo parecido a una sonrisa, lanza una especie de mueca o guiño hacia su amigo con gafas que lo observa desde la barra, éste recoge la mueca y le corresponde con una mirada incierta y amistosa. Mientras su público lo abandona a la misma velocidad que sus acordes caen de una guitarra que ni siquiera recuerda el día en que nació.
El guitarrista Cero sabe que el mundo está ya de vuelta, harto y cansado. En el fondo cree que no le importa, pero un amago de tristeza lo delata por las comisuras de sus labios. Hace un intento de cantar, le gusta estar allí, se sienta en un taburete con chicle que también le gasta una mala pasada, mira hacia un lado, hacia otro, disimula y vuelve a sus acordes. Lleva sombrero y amargura, y en algún momento de la noche si nada cambia se preguntará por qué está allí. Unas risas al final le devolverán las ganas de seguir tocando algo parecido a rock & roll. Mientras dos gatos se besan en la puerta de un local llamado Loro.

(c)Virginia Fernánadez “El guitarrista Cero”

sábado, enero 23, 2010

Percepciones

Qué fácil se me hace
cuando usted viene con una sonrisa.
El tiempo se para entonces,
se descorren las cortinas,
se descosen los botones de las camisas.
Entra una brisa que huele a ciudad y lluvia.

Qué fácil me lo hace cuando me mira,
se disipan todas las dudas,
alegre cae la tarde
entre llovizna y olor a sándalo.

Qué temor es encontrarlo inesperadamente,
que fulgor en el pecho,
qué delirio más grande mirar sus ojos cuando oscurece.
Cuántos versos nacen en ese estado anímico de la razón.

Ah! Pero cuando se nubla su mirada,
Se produce entonces ese volverse hacia el interior,
Ese aislamiento que hiela la piel,
Esa percepción desde afuera,
Ese sentirse solo en un desierto.

Ocurre entonces el milagro.
Ocurre entonces que el poeta percibe que está enamorado,
que es amante.
Es entonces cuando empieza a hablarle de usted a un poema.


© Virginia Fernández “Percepciones”

viernes, enero 22, 2010

Peces vagabundos

Anda, vámonos a ese bar,
tomemos una copa de porto,
deja atrás esa música ridícula que escuchas.
Corramos bajo la lluvia,
siente cómo golpea el aire en tu cara.

No mires atrás,
descálzate y sígueme.
Allí nos espera la magia de tu sonrisa,
Somos peces vagabundos.

Vámonos a esa terraza que tanto te gusta,
Báñate en mis ojos,
Descuida la tarea,
Baila conmigo al amanecer.

Dime adiós desde un vagón sin billete de ida,
Dame la bienvenida a la ciudad,
Volvamos a brillar bajo la luna.
Vamos, descálzate,
La calle nos espera.


© Virginia Fernández, “Peces vagabundos”

martes, enero 19, 2010

Fantasmas

Usted desconoce que hoy
sólo me queda el fantasma de la noche,
el vacío y la nada.
Sólo quedan manos,
y adioses.

Usted no sabe que me provoca estados de ánimo,
difíciles de definir, poco dados a las explicaciones.
Estados de ánimo convertidos en utopías,
estados de ánimo que me hacen sentir perdida
en esta noche en la que sólo me queda
la visita de los fantasmas de usted.

De pronto suena una música, y cambia la luna,
estudio el momento preciso en el que acaricia mi cuello,
descuido el tacto, y miro su hombro desnudo.
La noche me espera, trágica e infantil,
me acuna el amanecer, y destierra pesares.
Usted no sabe, pero
me provoca ensoñaciones de delirio,
retazos de pensamiento.

Usted no puede saber, ¿Cómo hacerlo?
En esta noche en la que
el viento mece mi alma.
En esta noche en la que sólo existe vacío y soledad,
Usted no sabe, no puede.


© Virginia Fernández “fantasmas”

viernes, enero 08, 2010

De mecanos y arandelas

Yo no quiero ser un mecano, no quiero ser piezas, ni metálicas, ni transparentes. No quiero ser tuercas, ni arandelas, ni tampoco formas infinitas. A mi no me gustan los libros de instrucciones con letra pequeña, no me gustan las instrucciones made in Taiwan, o escritas en alemán, a mi no me gustan tus textos románticos. Yo no quiero ser formal, no quiero formalidad a tu lado, formalidad espectral, oscura azul, y bastante tonta. No quiero tener piezas del mundo entre mis manos, no quiero ser pedazos de algo, de tiempo, de espacio, ni sueños contados, ni noches, ni nadas. No quiero ser tupé, ni punta tacón, ni nada de eso, ni montaña rusa, ni feria, si no se llama Risa. Yo, la verdad, lo único que quiero es verte bailar para mí alguna noche cuando el tiempo se pare en este espacio infinitesimal y cuadrado.

(c) Virginia Fernández. "De mecanos y arandelas"

sábado, enero 02, 2010

Deshumanizándonos

Somos espectadores de un juego
que es jugado por nosotros mismos,
nos reconfortamos con una mirada,
abrimos la puerta a la eternidad,
que al fin y al cabo dura un segundo.

Descubrimos un amanecer particular,
nos encandilamos con una sonrisa,
restablecemos el aire a nuestro alrededor,
respiramos, nos enamoramos.

Percibimos la realidad como en una película en blanco y negro,
observamos el final,
y lloramos.
Todo esto no son más que experimentos de la razón,
ruinas del ayer, que debemos reconstruir.

© Virginia Fernández “deshumanizándonos”

jueves, diciembre 31, 2009

Mar de sensaciones

Para Francisco Vargas y nuestras risas en cualquier esquina de la ciudad

Usted es una película muda,
un mar de sensaciones,
imágenes, quizás una frase,
y risas en cualquier esquina de la ciudad.

A veces usted me da tanto miedo,
me hace sentir como un espejo hecho añicos.
Doloroso encuentro el de usted y yo,
su odio equilibra el mundo,
y lo transforma en amor.

Usted es un enigma,
un río que fluye hacia el mar,
adorado espejismo,
estable en su gravedad.

Usted y yo somos la antítesis de algo,
un sueño sin final,
a veces la verdad absoluta,
pero siempre un mar de sensaciones
entre usted y yo.


© Virginia Fernández “Mar de sensaciones”

miércoles, diciembre 02, 2009

Parábolas

Intuyo el movimiento
de las hojas al caer,
es como imaginar una película
a cámara lenta,
caen como gotas de agua los sonidos,
se sumergen en ese silencio
de invierno blanco.

La tarde se descolore lentamente.
A mi alrededor los matices
que la forman se transforman,
van del amarillo al violeta,
dos segundos y pasará a ser casi oscuro,
miro por la ventana,
me gusta observar esa milimétrica
exactitud del tiempo.

Dejo para más tarde la lectura,
mi atención está en los sonidos,
los colores de la calle,
describo una parábola en el aire,
me descalzo,
empiezo a escribir.

© Virginia Fernández “Parábolas "

miércoles, noviembre 18, 2009

Shock

Y dígame, ¿Quién le plancha a usted las camisas?


Tu reflejo me trae la brisa
del amanecer,
me llena de calma las noches
y vela mi sueño.

Tus noches son estrelladas
y libres,
son antojos
y relámpagos de lluvia.

Tu aire me recuerda
al de un soñador
llamado Vocación.

Es triste el amanecer
que paso sin ti,
y no sé decir
la palabra amor.

Me gustaría prometer,
pero es difícil
entender el tiempo
cuando se para
en el minuto preciso,
irremediable paro cardíaco
entre la inmensa multitud,
tu mirada.

© Virginia Fernández “Shock”

sábado, noviembre 07, 2009

Hypatia

He pensado en diluirme,
captar ese momento en
que los átomos empiezan
a desintegrarse, lejos
de una forma, o un cuerpo,
ver como desaparezco poco a poco,
intuirme en el espacio, desaparecer.

He soñado tantas veces
en convertirme en mar,
formar parte de esa
gran inmensidad azul,
que se despliega ante ti.

He luchado muchas noches
con el azul oscuro que hay
encima de nosotros,
con ese manto de pequeñas luces
infinitas.
Me gustaría tanto
entender ese gran abismo que
se forma en tu mirada en los días
de tormenta.

No sé si te ha pasado
al ver el amanecer
un estremecimiento que recorre
tu espalda.
No sé por qué, pero
he buscado tantas veces,
sin encontrar una respuesta.
Y aquí, cada vez soy menos yo,
Universo.

© Virginia Fernández “Hypatia”.

miércoles, octubre 28, 2009

Amigo mío

Usted es de esos tipos
que se emocionan,
que corren bajo la lluvia,
y lloran en las películas.

Sin duda alguna, usted
es de esos tipos que
leen Rayuela
hasta el amanecer,
que miran de soslayo,
que no saben mentir.

Amigo mío, usted es
de esos hombres
que saben abrazar
a una mujer, que la
dejan sin palabras.

Apuesto a
que usted es de esos tipos
que sueñan el vuelo silente
de unas caderas,
que luchan en vano con sus
cabellos,

Amigo mío,
No me explique, lo sé.

© Virginia Fernández “Amigo mío”

martes, octubre 13, 2009

Sueño sin geometría




Dejó de coleccionar lecturas,
arrugadas en un viejo papel,
las letras se agrietaron
en dolor de color cristal,
se hicieron lluvia de rocío,
y licor de atardecer.

Dejó de colorear el viento,
y de gastar utopías,
malhumoradas notas
llovieron del cielo,
desparpajo atolondrado,
leve aleteo de una
mariposa asustada.

Dejó de coleccionar
raíces cuadradas,
y números primos,
bellos diamantes con
forma de corazón,

El invierno trajo el descanso,
y dejó de soñar sueños.
Ella, la reina con gola
de un sueño sin geometría.

© Virginia Fernández “Sueño sin geometría”
Fotografía: Enma Fernández “Reina con gola de un sueño sin geometría”

martes, septiembre 29, 2009

Ciencias puras

Busco tu suma.
Imperceptible, casual.
A medida que avanzo
los átomos que forman
el todo que hay en ti,
me dan la bienvenida,
se miran,
me descalzan entre
risas y alborotos.

Húmedos átomos formadores
de lágrimas, de risas,
de adioses.
Todos al unísono forman
un algo indescriptible,
un fulgor ardiente,
estrellas, cielo, sonrisa, ojos.

Busco el todo que te forma,
que es más que manos, y piel,
más que una obra de arte,
o un paisaje.
Ese todo que eres tú,
suma de miles y millones
de pequeñas partículas que te forman,
y que hacen que sumes tú, y no tantos
otros diferentes, andadores irreales,
anónimos.

Eres más que manos que vienen hacia mí,
más que caricia,
eres ojos, sonrisa iluminada,
esa suma que te forma no deja
que me duerma,
me atraviesa la garganta.

Busco tus ojos, tus manos,
ese universo cerrado y bello.
Busco la línea del horizonte
que atraviesa tu mirada.
Húmedos átomos formadores
de lluvia de ti.

© Virginia Fernández “Ciencias puras”

lunes, septiembre 07, 2009

Lista de pretextos

Estremecerse en un rincón,
no queda otra.
Atardecer observando
tus manos.

Palidecer de pronto
ante tus ojos asombrados.
Respirar tu alma,
encandilarse de ti.

Voltear la calle,
pasear en ti.
Despojarse de las ropas,
y los adioses.

Mandarse mudar
a tu espalda.
Romper en risas,
brillar en ti.

Bailar contigo,
saborear el mar.
Matar el tiempo,
quedarme en ti.

© Virginia Fernández “Lista de pretextos”

martes, agosto 18, 2009

Delirio

Porque sueño,
yo sé que soy.
Porque sueño,
yo sé que existo.
Porque sueño siento
que nazco cada mañana.

Me desprendo del zarpazo
de tu vagón sin destino,
me caigo alborotado
del País de los sueños,
Y mi vuelta es tan brutal,
que ese que también me habita,
me mira despacio, y con pena.

Porque sueño,
yo no lo estoy.
Porque sueño,
yo no estoy loco.
Ese que también me habita,
me lo recuerda,
gracias a él yo no me caigo.



© Virginia Fernández “Delirio”

sábado, agosto 08, 2009

De insomnios con Pessoa

Me has hecho volver
a Pessoa,
a sus dudas incandescentes,
a sus realismos impares,
a su color neutral
y muerto,
a su cansancio
de no estar cansado.

Estarás contento
de este delirio,
de este insomnio dolorido,
desquebrajado.

En este estado casual,
de adicción sin conflictos,
de extremado universo,
se puede a veces
entender la soledad.

Por tu culpa
he vuelto a querer ser
frases y olvidos,
amaneceres en vela.
Estarás contento,
Pessoa debe estarlo.


© Virginia Fernández “De insomnios con Pessoa”

martes, julio 21, 2009

Secretos a voces

Pero, ¿Cómo sería tu amor sin tus rencores?
-Pablo Armando Fernández-


Hoy la noche me susurra
ciertos secretos,
estadistas anónimas, las estrellas,
andan silentes por las esquinas
de mi ciudad en blanco.

He pensado en abandonarme,
dejarme caer lentamente
en este caminar acompasado,
entre horizontes verticales,
y camas con ventanales abiertos.

Dime si has pensado alguna vez
en dejarte llevar por las olas de arena,
por el calor que abrasa la piel,
por las huellas que deja tu caminar.

Dime si te ha pasado, al ver la tarde caer,
una desazón que quema aquí adentro,
y que cura cuando te mira.
Dime, pero,
¿Cómo sería tu amor sin tus rencores?




© Virginia Fernández “secretos a voces”

viernes, julio 10, 2009

presencia

Lo bello es ese sabor efímero en la lengua,
ese color de tu piel reflejado en mis ojos,
anaranjado y brillante,
expectante e irracional,
diría metamorfósico, o incluso irreal.
Ese sabor bello y ambiguo,
arrastrando a su paso cuán huracán,
arrebatadora presencia,
qué más decir,
simple,
pero irremediablemente necesario,
así, ya está,
no más palabras,
punto y final.

© Virginia Fernández “Presencia”

sábado, julio 04, 2009

Trozo de percepción temporaria

A veces la tarde
me cuenta mañanas
solitarias,
transeúntes dormitando,
cafés a deshoras.
La lluvia entumeciendo
la tarde,
descuidando la noche.

A veces usted
me cambia las aguas
del reloj,

a veces me mira, y
al sonreír parece
un reloj de pared,
tan serio y solitario.

Por supuesto,
usted sonríe,
y puede que un brillo
en sus ojos me cambie por
un instante.

A veces me cambio por
un invierno de trozos
de papel, de tinta en
el tintero.

Otras veces me convierto
en un ciego que ve,
pero que no quiere mirar.

Por supuesto,
usted sonríe,
y puede que poco a poco
comience a querer ser
de nuevo,
tarde contando mañanas,
transeúntes dormitando,
café a deshoras,
y cómo no,
lluvia entumeciendo
la tarde,
y descuidando la noche.



© Virginia Fernández “Trozo de percepción temporaria”. Fragmento de Diarios de usted.

jueves, junio 18, 2009

Composición de domingo

Me dan miedo los domingos,
No se cómo decirle,
cómo explicarle.
Me gustaría describir
el por qué de los teléfonos rotos.

A veces extraño una nube
de Magritte,
o simplemente su calor de usted.
Su silencio consentido,
su sabor.

Me dan pánico
los domingos por la tarde,
y no alcanzo a poder
relatar la razón fundamental
de ese desasosiego,
esa inquieta nostalgia de
los centímetros de su piel.

¿Cómo convertirme en
estación de tren en
esos días de domingo?
¿Cómo ser mañana,
para dejar de ser por
un instante vacío y soledad?
¿Cómo explicarle?


© Virginia Fernández “Composición de domingo”. Fragmento de Diarios de usted.

martes, junio 02, 2009

pequeña contradicción

Homenajeando a Mario Benedetti

¿Usted ha pensado alguna vez
en ese incrédulo y arduo
momento del día,
en que todo nos parece imposible,
un pasillo sin final?

¿Ha sido consciente de ese amanecer
entumecido y doloroso, frío y
humillante, de un invierno
sin su ropa en el cajón?

Me pregunto si a usted
le ha pasado alguna vez al abrir
la ventana, y sentir el viento golpear
en su cara, ese dolor
punzante y rotundo, que
provoca la soledad.

No sé si usted conoce,
o sabe que dicen que contra el
optimismo no hay vacunas
.

Por eso todos estos
pensamientos me abandonan
enseguida, imaginando sus
manos, de usted, deslizarse
sin prisa bajo el edredón
de mi piel.

© Virginia Fernández. “pequeña contradicción”

miércoles, mayo 13, 2009

manos

Observo unas manos, manos de dedos largos, manos que seguro acariciarán o serán acariciadas en un futuro próximo, que se enamorarán de otra piel distinta a la mía. La lógica exacta me dice que recorrerán muslos, pieles, y otros mundos diferentes, serán objeto de fuegos fatuos, y de amores y desamores. Manos anónimas, y al fin y al cabo desconocidas para mí y de mí.

(c) Virginia Fernández

domingo, abril 12, 2009

temporalidad y relojes



Llueve, y las calles bajan con agua como ríos nocturnos, y son gotas en un trampolín, y dan saltos y gritan, y se tiran agua unas a otras y vuelven a mojarse, y todo es un círculo nocturno y bello. La ciudad se inunda, los coches gritan claxon, y es tan natural perder ahí la noción del tiempo de los relojes que se llevan en pulsera, y entrar así en otra dimensión. Suena jazz y lluvia, y hay manta, y mis manos se interponen a esos relojes colgados de las paredes, y hay una luz suave para poder charlar bajito, y beber té mientras estudias por qué existen los relojes, mientras me cuentas al oído los secretos de la piel.

© Virginia Fernández “Temporalidad y relojes”

el guitarrista cero

El guitarrista Cero sabe de noches desoladas y frías. Actúa bajo el manto de la noche azul de un local llamado Loro. Tiene en su cara algo parecido a una sonrisa, lanza una especie de mueca o guiño hacia su amigo con gafas que lo observa desde la barra, éste recoge la mueca y le corresponde con una mirada incierta y amistosa. Mientras su público lo abandona a la misma velocidad que sus acordes caen de una guitarra que ni siquiera recuerda el día en que nació.
El guitarrista Cero sabe que el mundo está ya de vuelta, harto y cansado. En el fondo cree que no le importa, pero un amago de tristeza lo delata por las comisuras de sus labios. Hace un intento de cantar, le gusta estar allí, se sienta en un taburete con chicle que también le gasta una mala pasada, mira hacia un lado, hacia otro, disimula y vuelve a sus acordes. Lleva sombrero y amargura, y en algún momento de la noche si nada cambia se preguntará por qué está allí. Unas risas al final le devolverán las ganas de seguir tocando algo parecido a rock & roll. Mientras dos gatos se besan en la puerta de un local llamado Loro.

(c) Virginia Fernánadez “El guitarrista Cero”

lunes, febrero 16, 2009

Hechizo

Me hechizaste la imaginación
con los susurros que saben a mar,
aprendiste a pasear por los tejados
que tocaron alguna vez
una canción de cuna.
Habitaste mis noches de sur y frío,
caminaste a mi vera para bailar
un tango al amanecer mirando al mar.
Abrigaste el frío con tus manos,
aprendiendo a abrazar como un niño.
Colocaste el corazón en un sitio
diferente al color de la piel,
para llevártelo en forma de pulsera
por caminos que viajan a través del blanco
del amanecer.

©Virginia Fernández “hechizo”

jueves, febrero 05, 2009

Memoria

Puede que sea tarde para la memoria,
no nos quedan ojos, ni manos,
el tacto se quedó atrás en el tiempo,
jamás vi tu sonrisa.
Cuando amanezca en mi noche,
tú estarás partiendo hacia
ninguna parte.
El arco iris amanece en blanco
y negro en mi ciudad,
Mientras, el tiempo no
me reconoce, cambié de noche,
jamás me acosté a tu lado,
pero una nota de
de jazz dibujó un corazón
en algún tejado con guiños
de sonrisa de niño.

© Virginia Fernández “Memoria”

lunes, enero 19, 2009

Consideraciones estelares y lunáticas

Anduviste las mañanas del sur,
para volver a mirar el color blanco
del amanecer,
corriste en vagones que no
llegaban a ninguna parte,
sólo dijiste adiós desde una de
sus ventanas sin billetes de ida.

Te olvidaste del tiempo sin maletas,
y así volviste a acariciar a la luna de latón,
así las tardes se volvieron de feria,
y lunares, y sábanas.

El color del atardecer esperó,
viendo parpadear
a una estrella tartamuda y pálida,
que quiso coger un trozo de cielo
para regalar,
así te encontré yo.

© Virginia Fernández “Consideraciones estelares y lunáticas”

jueves, enero 15, 2009

viernes, enero 09, 2009

Contar

Podría estar contándote toda la vida,
acariciar tu sonrisa,
escucharte respirar,
mirarte dormir.
Podría decirte todo esto una noche
de verano,
pero no, no lo hago, porque no dejarías
de mirarme.

© Virginia Fernández “Contar”

jueves, enero 08, 2009

Paisaje de invierno



Hoy el paisaje es azul grisáceo
y suena tu canción,
el atardecer atardece de gotas contra la ventana
en el barrio que te gusta,
y el mar suena desde aquí hacia un lugar perdido
en una tierra que tiene color naranja, sol
y media luna, y días sin sonrisas de niños.
Aquí hay caracolas con música,
y cubos de Rubik
hay día redondo de nube de Magritte,
y silencio,
escucho tambores a contratiempo.
Hoy ya es mañana y empieza a amanecer.

© Virginia Fernández “paisaje de invierno”

lunes, enero 05, 2009

días

Hay días en los que los días no se llaman días, se pueden llamar pereza, o diapasón, o también puede que se llamen esterilla de la playa, aunque en invierno no creo que sea éste un buen nombre para los días, tan arrogantes ellos, mirándote fijamente, sin parpadear, días en su mayoría vestidos de nube ambigua, pobres días tristes.
Hay días en los que los días no tienen nombre, ni tienen apellido perfecto, ni pretérito, ni atemporal, y se llaman escombro, guerra, o rareza, pero también imagino que a veces se llamarán día luminoso y ese día me imagino que desayunarán con edredón, café y tostadas.

© Virginia Fernández “Días”

miércoles, diciembre 24, 2008

Pareceres




No me interesan
las líneas limítrofes
que no te rodean,
ni siquiera si son
del color del mar.
Nunca me interesaron
los árboles terrenales,
ni los días sin lluvia,
ni el olor a pincel.
No me acomodan
para nada los días sin ti,
ni el color de la luz
que atrapa una mano
distinta a la tuya.
No quiero mantas,
ni manos,
ni tacto,
ni aroma.
No me interesa
para nada bailar un vals
sin música de orquesta,
ni tus vaqueros,
ni nada.

© Virginia Fernández “Pareceres”

domingo, diciembre 14, 2008

Desintoxicación

Odio al tiempo y a la
distancia que pasa
lentamente sin tus horas de ti.
Odio tus decisiones
rotundas, meditadas
sin un té al anochecer
en los sitios donde se
pierden pendientes,
y donde las manos tiemblan
al mirar los relojes
con ojos infantiles.

Odio tus maneras,
tu chaqueta de rayas,
tu pañuelo regalado.
Odio las cláusulas,
y los pactos,
los edredones.
Odio el contacto de tu piel.
No me hace falta que
leas en mis ojos.

Odio de una manera
sobrehumana las horas que
pasan sin acordarse
que en un rincón con calles
en forma de río, una cabeza piensa
en gris si no tiene a tus
ojos delante.

© Virginia Fernández “Desintoxicación”

miércoles, diciembre 10, 2008

Vocación

No sé por qué nació de repente
esta vocación que mira hacia ti,
no sé si fueron tus maneras,
o si ese día unas gotas estratosféricas,
y redondas
golpearon en la ventana,
pidiendo un hueco donde acurrucarse.

No sé si esta vocación guiada
hacia ti, tiene que ver con Gustav Klimt,
o con El beso, o ciertamente con Danae,
no sé si fue René Magritte,
o su bombín de las cinco,
o incluso pudo ser Salvador Dalí
abrazado a su amante.

Realmente no sé si nació del jazz,
o de tus ojos,
pero el caso es, que esta vocación
inconclusa, y sin sentido,
irremediable, gira hacia ti,
y no puede dejar de mirarte.

© Virginia Fernández “vocación”

miércoles, diciembre 03, 2008

definición

Es ojos,
y lunas,
y también lugares inciertos.
Es otoños,
y mares en calma,
y supongo que
también a veces será huracanes.

Es pestañas,
y mirada,
y estepa solitaria.
Paisajes anaranjados
y planos
en un atardecer.
Es su música de usted
cuando dice de serlo.
Y cómo no, es montaña,
y árboles nevados,
cuando le dá por poner
un tapiz de color blanco
para mirar.

© Virginia Fernández “definición”

martes, noviembre 25, 2008

cosas para los bolsillos

Castañas para calentar las manos
y bufandas para el frío,
monederos rotos por abajo
y litros de letras que
llenen papeleras en blanco.

Un libro para escribir
renglones cortos,
y un gorro de los de llevar
en las calles que bajan
ríos, de los lugares en
los que alguien quiso
hacer algo parecido
a una canción llamada
Jazz.


© Virginia Fernández “cosas para los bolsillos”

miércoles, noviembre 19, 2008

Es tan usted

Es tan usted escuchar su voz cuando está,
escuchar sus letras como arrullo y remolino,
a veces como tristeza y lluvia,
o como gato,
pero siempre tan usted.

A veces se vuelve ingrato, e infinito,
y rizos cayendo sobre su piel,
caricia, mirada, y sonrisa, y ojos.
Me inunda el paladar,
arrastra las ganas hasta llegarle,
le rozan mis labios,
y es tan natural entrar así en su estado de luz.

Es tan usted a veces,
que pienso que es un diluvio, o vendaval,
otoño, hojas secas y paraguas sobre esquina cuadrada,
mimo, fotografía en blanco y negro, invierno,
color pálido, ciudad y tráfico,
gente corriendo, lluvia,
papeles sobre la mesa,
libros, librería en el centro, y sobretodo anochecer
en esquina, o baldosas cuadradas.
Por supuesto tan usted como
un canto de sirenas mirando
una tetera a punto de despertar.



© Virginia Fernández “Es tan usted”

jueves, noviembre 13, 2008

cosas que pienso

Déjeme que le cuente el
murmullo del mar,
porque no lo va a creer
pero a veces me dá
por pensar cosas raras.
Cosas como que
me descubro pensando
en cómo podría
descifrar un lapicero,
o cómo sería
el magnífico instrumento
musical de su risa.

Se me dá la loca
de pensar en cómo
podría hacer
para que estuviera aquí,
o si sería posible
estar charlando en
una mesa de local
con vela en el centro,
y llevarme en un frasco
la música de jazz que
sale de un saxo apilado
en una esquina.

A veces pienso
por ejemplo,
cómo podría hacer
para verle aparecer
por esa esquina de papel
sin tener cita previa.
O si ese gato callejero podría
darme autorización con firma
para llevarlo a casa.
Pues mire que
todas esas cosas
me dá por pensarlas en
ciertas ocasiones muy
ocasionales.

© Virginia Fernández “cosas que pienso”

lunes, noviembre 10, 2008

Por los caminos de ti

Y se está tan bien aquí
escuchando a John Coltrane y a
Miles Davis,
viviendo los días de ti,
los días de frío,
que se hacen noches alegres
o notas de rocío.

El frío se vuelve blanco
pálido, y cristal,
y todo
sigue como debe seguir
por los caminos de ti,
que a veces se vuelven
revolución de notas, o
revolución de letras,
pero al fin y al cabo
revolución,
mientras el humo se abre
paso en un bar,
mientras se vuelve a escuchar
a Charlie Parker

Los pasos de ti
van a mi paso, y se abren camino,
se desentienden del resto
de la humanidad,
y mientras, por los tejados de un sur,
dos gatos se divierten
mirando el espectáculo de la calle
de un sur muy sur,
expectantes de un lunar
que les hace guiños.


© Virginia Fernández “Por los caminos de ti”

viernes, noviembre 07, 2008

no te vayas

Déjame que te lleve de la mano
de este amanecer sin sol,
deja que recorra de arriba a
abajo el lugar que habitó
el olvido.
Recórreme el cuerpo
en curvas dislocadas.
Arroya sin mirar
lo que encuentres a tu paso,
Deja de respirar
sólo un momento,

Acércate a la noche de
un acantilado de sirenas,
descorcha el amanecer a trizas,
no te quedes impasible,
no te olvides de lo que no importa.
Acércate a la verdad sólo de puntillas,
olvida el resto,
no te vayas.
No te vayas, ni ahora ni nunca,
no te vayas.


© Virginia Fernández “No te vayas”

miércoles, noviembre 05, 2008

Siéntate a hablar conmigo

Siéntate a hablar conmigo,
déjame que te cuente
una historia sencilla,
ven, vamos
a charlar de cualquier cosa,
cambia de noche y
camina a mi lado,
déjate llevar y cuéntame
la historia de un cuadro,
dime el significado de un
papel en blanco.
Siéntate a hablar conmigo
de cualquier contratiempo,
de algo que no sea
importante,
pero siéntate aquí,
lejos del mundo.




© Virginia Fernández “Siéntate a hablar conmigo”

sábado, noviembre 01, 2008

Instalaciones lunares

Ha estado usted mezclado con el papel
y con la noche,
ha besado infinidad de lunas.
Ha sido reinventado de mil formas
a propósito,
y con enmienda.
Ha sido como un caleidoscopio
de color cristal.
Ha vivido al límite entre asfalto
y delirio.
Ha sido gato en otra vida,
ha paseado tejados
de la mano de la muerte,
ha sido multitud de veces yo,
y caballero andante por paisajes
anaranjados,
noctámbulo, paseador de ciudades,
pero sobretodo y sin ánimo de inducir a tupé,
Señor, mire usted,
le digo que las últimas noticias dicen, que
se ha instalado usted acá
a mi lado,
para quedarse.


© Virginia Fernández “Instalaciones lunares”

martes, septiembre 02, 2008

ciudad-laberinto en clave de voz

Porque ya después de la llamada, la vida ya no era la misma, subirse al autobús tenía otros matices, otros colores diferentes, nada que ver con el momento justo anterior a esa voz tuya que me transportaba a otros lugares y paisajes. Esta ciudad se convertía entonces en una maravilla de lugar, esta ciudad-laberinto se volvía rectilínea y naranja. La ciudad se convertía en desconocida y dislocada. Se convertía en ciudad de pasajes acompasados, paisajes de noctámbulo, llenos de rincones, espacios abiertos, el mar, pensamientos, presentimientos, ilusiones y un largo etcétera que me convendría no recordar, un ritmo acompasado de mi corazón latiendo rápido, esperando volver a escuchar tu voz ronca y casual, en admiración y con connotaciones de tejado.

Texto: Virginia Fernández “Ciudad-laberinto en clave de voz”

martes, agosto 26, 2008

Trazo de infancia

Todo era así traslúcido y desfigurado, era trozo de mundo particular. Llenaba el tiempo y hasta el espacio. No sé por qué ese malgastar todo en nadas de esa manera y echar a correr, y era tan breve y tan manso todo, con mucho color eso sí, con mucha imaginación, nos divertíamos con cualquier cosa. La imaginación se desborda cuando eres pequeño, y cualquier cosa puede llegar a ilusionar. Todo parece enorme, rincones por los cuáles hoy, si transitaras, sorprenderían de pequeños.
Esperar a que pasara el calor para volver a salir, jugar en las calles de piedra, rompernos las rodillas al caer, y siempre con heridas en las piernas por los tropezones accidentales mientras bajábamos a contra-reloj. Las zapatillas llenas de polvo, y mucho calor. Nos poníamos negros como carboneros de jugar en la arena. Nuestra madre quería que nos echáramos la siesta, esperar a que todos se durmieran y salir a la calle corriendo bajo el sol de un medio día que cegaba con el blanco de la cal. Todo era infancia trasnochada, infancia poética y abstracta con connotaciones de domingo vestido de lunares.

Texto: Virginia Fernández “Trazo de infancia”

viernes, agosto 22, 2008

Resumen de una tarde



Pasar una tarde en compañía de ti, realmente es estupendo, llevarte de la mano hasta un pequeño rincón de sillones y dejarnos caer allí, embriagados por la situación y por el whisky, dejar caer suavemente la cabeza entre los almohadones de tu salón mientras la tarde cae despacio, poner un disco de Ella Fitzgerald bajito, leer algún libro desconocido. Poco a poco se empieza a escuchar la noche de claxons que no esperan en la ciudad, prisas del día que se apagan poco a poco, pequeñas vidas que van a cenar a algún restaurante de moda, o pasean por la ciudad nocturna, o van al cine, o a fumar a un parque, solitarios y caminantes, transeúntes de la ciudad, otros vuelven del trabajo a casa, donde sus mujeres los esperan con la cena preparada, y nosotros refugiados en aquel pequeño sitio, rodeados de libros y discos, telarañas, observadores anónimos. Nosotros respirando bajito y oliéndonos, olfateándonos y deseándonos, tu cuerpo urgente me hace un dictado, pensamiento enrevesado, dulcificador de vidas, verdaderamente agradable. Podría ser perfectamente un cartel colgado en la pared de una calle solitaria y tuya, un afiche desgarrado y bonito en la pared mirándonos, verdaderamente maravilloso, pasar una tarde en compañía de ti.


Texto: Virginia Fernández “Resumen de una tarde”
Música: Ella Fitzegarld “Mack the knife”

sábado, agosto 09, 2008

Definición de un sábado

Un sábado puede ser lunes perfectamente si pone cara de lunes. Ayer el sábado tenía cara de lunes, estaba sombrío y serio, era un lunes impertinente, banal, insustancial. Lunes perdido entre la masa gris de la humanidad, sin acercarse un poco a la palabra color, a la palabra quietud, a la palabra tú. A veces un sábado puede llegar a ser un domingo por la tarde, tedioso, feo, perdido entre un caos. A veces simplemente es un sábado a secas, o puede ser lluvioso, y tú te puedes dedicar a buscar castillos perdidos perfectamente. Eso sí sería aprovechar un sábado por la tarde, pero no, el sábado que te cuento fue irremediablemente un sábado opresivo, perdido en el tiempo inexorable del ayer.

Texto: Virginia Fernández “Definición de un sábado”

lunes, agosto 04, 2008

Así


Así es como alguien, sin saberlo, llega a mostrarte irrefutablemente un camino que por su parte sería incapaz de seguir. Así es como poco a poco te vas dando cuenta de que existen tipos imprescindibles sin los cuáles sería imposible respirar, y son tan ellos, tan todo y nada, aunque por su parte nos asfixien. Así es como por ejemplo la tarde va cayendo poco a poco, y un color ocre aparece por un cuadrado ventanal. Entra una luz opaca, y no apetece encender la luz, sólo pensar vagamente en nada, ver llegar la oscuridad. Tu sabor se dibuja en la imaginación, la creencia se vuelve incrédula. Hay olvido, y manos, hay espera y tareas, imaginación, y un patio.
Y así es como empieza todo, así es como la vaguedad inusual se traslada a un lugar llamado “circus”, y te pinta cara de mimo, cara blanca con sonrisa. Te recorre la espalda y dibuja corazones debajo de la blusa. Así es como te llamas tú, así es como te dicen, así es como te inventan, y cómo te piensan. Así es como comienza poco a poco el significado de algo que bien podría llamarse amor, y salir a pasearte tan felizmente por tejados que nunca olvidaron cuál era el sabor del mar.

Texto: Virginia Fernández “Así”
Foto: Manuel Gallardo

martes, julio 29, 2008

s-pensamiento


El pensamiento se oye desde aquí, es un murmullo incesante, perpetuo, casi diría que irreconciliable, perplejo, irreal, qué hastío. Casi sin descanso te golpea una y otra vez, vuelve a la carga, te observa, se aplasta contra la ventana, quiere pasar, introducirse, plantar cara, quizás confundir. Afuera tiene frío, llueve, es evidente.
Se estruja en el cerebro, se empequeñece cada vez más, y de nuevo crece desde el fondo. El pensamiento inunda la habitación, la casa, y hasta la calle por donde andas, te enmudece, te aísla, te filtra de la realidad, y te absorbe poco a poco, vuelta a empezar otra vez, se oye el pensamiento, se oye, primavera, otoño.
Ideas que me pasan por delante como película muda, ideas dibujadas en algún tejado loco, como gato desolado que anduviera paseando, y todo es tan posible aquí. Mirada embudo y evadirse ¡Qué palabra! Lo escucho desde aquí aunque esté a miles de kilómetros. A veces si me concentro lo suficiente el paisaje que crea resulta bello y antagónico, diría extravagante.
Finalmente el pensamiento se asoma a la ventana y se suicida chocando contra el cristal, adiós pensamiento loco, adiós pensamientos varios, adiós soledad de pensamiento incomprendido, adiós, adiós, hasta pronto.

Texto: Virginia Fernández “s-pensamiento”
Ilustración: Manuel Gallardo "Mirada embudo"

El pensamiento se oye desde aquí

Por lo menos yo lo oigo, clarísimamente, como si tuviera a Javier sentado aquí a mi lado. No soy ninguna adivina eh? Pero todos eso años juntos pues que quieres que te diga, nos conocemos muy bien. Otra bronca hemos tenido, de las gordas. “tengo que pensar”, así se ha quedado. La verdad es que pensar encerrado en un piso, sin salir, es tontería. Das vueltas, se acumulan las colillas en el cenicero, total, para qué, rumiar y rumiar, no sacar nada en claro, siempre la misma mierda. Con lo bien que se está aquí en esta terracita. No sé, el mar relaja, hay mil cosas que ver y no ver. Se ve la vida de otra forma. Domingo por la mañana, cafelito, leer el periódico. Los niños juegan en la playa, sus risas agudas suben en esta mañana de cielo azul. Pequeños placeres de la vida. ¿La felicidad? Eso, nada más.
Y el otro encerrado en el piso, rumia que te rumia.
Es posible que los humanos tengamos algún engranaje de más en la cabeza. Mira que la vida puede ser sencilla. Centrarse en el momento. Ni darle vueltas al pasado, ni desesperarse por lo que pueda pasar. El momento presente, ahí está. Esta mañana de domingo, estos niños jugando, este cielo azul, este sol de invierno y este viento que acaricia mi piel.
Suena el móvil, Javier. Sonrío, “Dime cariño… Has pensado mucho? … ¿Y qué te parece si nos vamos a Sitges y lo hablamos mientras nos comemos un arroz con bogavante? Si en aquel sitio que te gusta tanto… Y un buen vino blanco, que no falte, ayuda a pensar… Acércate a recogerme a la terracita de la playa, sí eso, en 10 minutos, yo también te quiero”.

Texto: Daniel Ortega “el pensamiento se oye desde aquí”

sábado, junio 07, 2008

Un ensayo de mis relatos




Título: Contando cuentos malabares
Diseño, ilustraciones y maquetación: Manuel Gallardo

viernes, mayo 23, 2008

descripción de una calle

Pues está sonando un acordeón en esa calle estrecha que me gusta tanto, que al final tiene un graffiti todo a lo largo en la pared, y te transporta, y ahí soy tan no mí, tan espectador, y proyección de pensamiento, y cubo y metafísica, y sensación.
Y sobretodo me gusta por la noche, porque adquiere colores anaranjados debido al color de las paredes de las casas. Toda tentativa de explicación fracasa, por una razón lógica, una razón de peso, y es que para ser definido tiene que estar dentro de lo definible, y esto no lo está, claro, naturalmente.
Y así es como entro poco a poco en la sensación cubo, sensación contracorriente, sensación gato, sensación mujeres de la calle que miran, sensación líquidos, fluidos, y mirada perdida, evasión, suburbio, estratosfera, cubo, mundial y altamente recomendable.
Y la calle estrecha termina, termina el paseo divertido, y salgo otra vez al estado mí, pero totalmente cambiada claro, mí renovada, reconfortada, y transportada por ese sonido de acordeón que sigue sonando, pero que se aleja cada vez más y más. Y dejo atrás el color naranja, a la gente de mirada lejana, al mí ya no cubo, ni sensación, ni metafísica, ni lunar, ni gata. Y la noche suburbial se aleja, y mí sin serlo, y al final tu, irremediable final para que todo esté en perfecta armonía universo y gato.

Texto: Virginia Fernández “Descripción de una calle”

sábado, mayo 17, 2008

tan feliz y tan gato

Y sonreírme despacio, tan feliz y gato, tan contento, tan tú, mirada ensimismada, mirada gatuna y casual. Y no lo entendía bien, por eso te mostré lo que contenía el papel, una especie de crucigrama de letras que se cruzaban entre sí y formaban palabras, palabras ininteligibles, juego de palabras, una especie de ilustración a carboncillo. Y por culpa de las palabras empezó todo. Y era tan natural no darse a las explicaciones, sólo mirada y bajar por la calle sin prisa a la luz de la luna, sin dejar de reír y sonreír. Tus ojos pillos me contagiaron la alegría mostrando una palabra que se leía en azul. Claro, irremediablemente se puso a llover y nos pusimos otra vez a reír y a correr, el papel se mojó, y nos reíamos de todo, nos mojamos toda la ropa. Después no hubo paraguas, ni ruido, ni viento, ni luna, y nos fuimos a casa a saborear la lluvia que se escuchaba a través de tu ropa y del cristal.

Texto: Virginia Fernández “tan feliz y tan gato”

miércoles, mayo 07, 2008

Cuadrados

Pequeños cuadrados de luz habitados. Oscuridad afuera por los bordes que se salen a un cielo sin estrellas, oscuro, y de repente un cuadradito encendido enfrente de mi. Personas que habitan un cuadrado de metros, hacen cosas, planchan, y ven televisión. Cuadrado de pensamientos, cuadrado de sueños, cuadrado de edredón, espirales cuadradas, mueble cuadrado, mundo cuadrado, cuadrado un cuadro, cuadrado un estornudo, cuadrado un calcetín de mi vecino colgado de la cuerda donde tiende la ropa, y la visión global del cubo con cuadrados y luz.
Sentada enfrente desde otro cuadradito con ventanal observo a mi vecino mientras tiende la ropa en su balcón y cose un botón de su camisa, mi vecino tiene unas zapatillas con la bandera hawaiana, y la soledad al final se sale por una línea exterior. En un cuadrado de luz hay percepción y observancia del mundo, hay conclusión y pensamiento, hay delirio, hay gato que ronronea y se acuesta en mi sofá y cuadrados otra vez, y conversación cuadrada, palabras, y sensaciones, malabares cuadrados.
Reflexión mientras como galletas de chocolate otra vez desde mi cuadradito de luz, y siempre con conclusión final: al final todos estamos solos.


Texto: Virginia Fernández “Cuadrados”