sábado, julio 04, 2009

Trozo de percepción temporaria

A veces la tarde
me cuenta mañanas
solitarias,
transeúntes dormitando,
cafés a deshoras.
La lluvia entumeciendo
la tarde,
descuidando la noche.

A veces usted me
cambia las aguas del
reloj,

a veces me mira, y
al sonreír parece un
reloj de pared,
tan serio y solitario.

Por supuesto,
usted sonríe,
y puede que un brillo
en sus ojos me cambie por
un instante.

A veces me cambio por
un invierno de trozos
de papel, de tinta en el
tintero.

Otras veces me convierto
en un ciego que ve,
pero que no quiere mirar.

Por supuesto,
usted sonríe,
y puede que poco a poco
comience a querer ser
de nuevo,
tarde contando mañanas,
transeúntes dormitando,
café a deshoras,
y cómo no,
lluvia entumeciendo la
tarde,
y descuidando la noche.



© Virginia Fernández “Trozo de percepción temporaria”

jueves, junio 18, 2009

Composición de domingo

Me dan miedo los domingos,
No se cómo decirle,
cómo explicarle.
Me gustaría describir
el por qué de los teléfonos rotos.

A veces extraño una nube de
Magritte,
o simplemente su calor de usted.
Su silencio consentido,
su sabor.

Me dan pánico los
domingos por la tarde,
y no alcanzo a poder
relatar la razón fundamental
de ese desasosiego, esa
inquieta nostalgia de
los centímetros de su piel.

¿Cómo convertirme en
estación de tren en esos
días de domingo?
¿Cómo ser mañana,
para dejar de ser por un
instante vacío y soledad?
¿Cómo explicarle?


© Virginia Fernández “Composición de domingo”. Fragmento de Diarios de usted.

martes, junio 02, 2009

pequeña contradicción

Homenajeando a Mario Benedetti

¿Usted ha pensado alguna vez
en ese incrédulo y arduo
momento del día,
en que todo nos parece imposible,
un pasillo sin final?

¿Ha sido consciente de ese amanecer
entumecido y doloroso, frío y
humillante, de un invierno
sin su ropa en el cajón?

Me pregunto si a usted
le ha pasado alguna vez al abrir
la ventana, y sentir el viento golpear
en su cara, ese dolor
punzante y rotundo, que
provoca la soledad.

No sé si usted conoce,
o sabe que dicen que contra el
optimismo no hay vacunas
.

Por eso todos estos
pensamientos me abandonan
enseguida, imaginando sus
manos, de usted, deslizarse
sin prisa bajo el edredón
de mi piel.

© Virginia Fernández. “pequeña contradicción”

miércoles, mayo 13, 2009

manos

Observo unas manos, manos de dedos largos, manos que seguro acariciarán o serán acariciadas en un futuro próximo, que se enamorarán de otra piel distinta a la mía. La lógica exacta me dice que recorrerán muslos, pieles, y otros mundos diferentes, serán objeto de fuegos fatuos, y de amores y desamores. Manos anónimas, y al fin y al cabo desconocidas para mí y de mí.

(c) Virginia Fernández

domingo, abril 12, 2009

temporalidad y relojes



Llueve, y las calles bajan con agua como ríos nocturnos, y son gotas en un trampolín, y dan saltos y gritan, y se tiran agua unas a otras y vuelven a mojarse, y todo es un círculo nocturno y bello. La ciudad se inunda, los coches gritan claxon, y es tan natural perder ahí la noción del tiempo de los relojes que se llevan en pulsera, y entrar así en otra dimensión. Suena jazz y lluvia, y hay manta, y mis manos se interponen a esos relojes colgados de las paredes, y hay una luz suave para poder charlar bajito, y beber té mientras estudias por qué existen los relojes, mientras me cuentas al oído los secretos de la piel.

© Virginia Fernández “Temporalidad y relojes”

el guitarrista cero

El guitarrista Cero sabe de noches desoladas y frías. Actúa bajo el manto de la noche azul de un local llamado Loro. Tiene en su cara algo parecido a una sonrisa, lanza una especie de mueca o guiño hacia su amigo con gafas que lo observa desde la barra, éste recoge la mueca y le corresponde con una mirada incierta y amistosa. Mientras su público lo abandona a la misma velocidad que sus acordes caen de una guitarra que ni siquiera recuerda el día en que nació.
El guitarrista Cero sabe que el mundo está ya de vuelta, harto y cansado. En el fondo cree que no le importa, pero un amago de tristeza lo delata por las comisuras de sus labios. Hace un intento de cantar, le gusta estar allí, se sienta en un taburete con chicle que también le gasta una mala pasada, mira hacia un lado, hacia otro, disimula y vuelve a sus acordes. Lleva sombrero y amargura, y en algún momento de la noche si nada cambia se preguntará por qué está allí. Unas risas al final le devolverán las ganas de seguir tocando algo parecido a rock & roll. Mientras dos gatos se besan en la puerta de un local llamado Loro.

(c) Virginia Fernánadez “El guitarrista Cero”

lunes, febrero 16, 2009

Hechizo

Me hechizaste la imaginación
con los susurros que saben a mar,
aprendiste a pasear por los tejados
que tocaron alguna vez
una canción de cuna.
Habitaste mis noches de sur y frío,
caminaste a mi vera para bailar
un tango al amanecer mirando al mar.
Abrigaste el frío con tus manos,
aprendiendo a abrazar como un niño.
Colocaste el corazón en un sitio
diferente al color de la piel,
para llevártelo en forma de pulsera
por caminos que viajan a través del blanco
del amanecer.

©Virginia Fernández “hechizo”

jueves, febrero 05, 2009

Memoria

Puede que sea tarde para la memoria,
no nos quedan ojos, ni manos,
el tacto se quedó atrás en el tiempo,
jamás vi tu sonrisa.
Cuando amanezca en mi noche,
tú estarás partiendo hacia
ninguna parte.
El arco iris amanece en blanco
y negro en mi ciudad,
Mientras, el tiempo no
me reconoce, cambié de noche,
jamás me acosté a tu lado,
pero una nota de
de jazz dibujó un corazón
en algún tejado con guiños
de sonrisa de niño.

© Virginia Fernández “Memoria”

lunes, enero 19, 2009

Consideraciones estelares y lunáticas

Anduviste las mañanas del sur,
para volver a mirar el color blanco
del amanecer,
corriste en vagones que no
llegaban a ninguna parte,
sólo dijiste adiós desde una de
sus ventanas sin billetes de ida.

Te olvidaste del tiempo sin maletas,
y así volviste a acariciar a la luna de latón,
así las tardes se volvieron de feria,
y lunares, y sábanas.

El color del atardecer esperó,
viendo parpadear
a una estrella tartamuda y pálida,
que quiso coger un trozo de cielo
para regalar,
así te encontré yo.

© Virginia Fernández “Consideraciones estelares y lunáticas”

jueves, enero 15, 2009

Conversación gatuna

viernes, enero 09, 2009

Contar

Podría estar contándote toda la vida,
acariciar tu sonrisa,
escucharte respirar,
mirarte dormir.
Podría decirte todo esto una noche
de verano,
pero no, no lo hago, porque no dejarías
de mirarme.

© Virginia Fernández “Contar”