martes, julio 21, 2009

Secretos a voces

Pero, ¿Cómo sería tu amor sin tus rencores?
-Pablo Armando Fernández-


Hoy la noche me susurra
ciertos secretos,
estadistas anónimas, las estrellas,
andan silentes por las esquinas
de mi ciudad en blanco.

He pensado en abandonarme,
dejarme caer lentamente
en este caminar acompasado,
entre horizontes verticales,
y camas con ventanales abiertos.

Dime si has pensado alguna vez
en dejarte llevar por las olas de arena,
por el calor que abrasa la piel,
por las huellas que deja tu caminar.

Dime si te ha pasado, al ver la tarde caer,
una desazón que quema aquí adentro,
y que cura cuando te mira.
Dime, pero,
¿Cómo sería tu amor sin tus rencores?




© Virginia Fernández “secretos a voces”

viernes, julio 10, 2009

presencia

Lo bello es ese sabor efímero en la lengua,
ese color de tu piel reflejado en mis ojos,
anaranjado y brillante,
expectante e irracional,
diría metamorfósico, o incluso irreal.
Ese sabor bello y ambiguo,
arrastrando a su paso cuán huracán,
arrebatadora presencia,
qué más decir,
simple,
pero irremediablemente necesario,
así, ya está,
no más palabras,
punto y final.

© Virginia Fernández “Presencia”

sábado, julio 04, 2009

Trozo de percepción temporaria

A veces la tarde
me cuenta mañanas
solitarias,
transeúntes dormitando,
cafés a deshoras.
La lluvia entumeciendo
la tarde,
descuidando la noche.

A veces usted
me cambia las aguas
del reloj,

a veces me mira, y
al sonreír parece
un reloj de pared,
tan serio y solitario.

Por supuesto,
usted sonríe,
y puede que un brillo
en sus ojos me cambie por
un instante.

A veces me cambio por
un invierno de trozos
de papel, de tinta en
el tintero.

Otras veces me convierto
en un ciego que ve,
pero que no quiere mirar.

Por supuesto,
usted sonríe,
y puede que poco a poco
comience a querer ser
de nuevo,
tarde contando mañanas,
transeúntes dormitando,
café a deshoras,
y cómo no,
lluvia entumeciendo
la tarde,
y descuidando la noche.



© Virginia Fernández “Trozo de percepción temporaria”. Fragmento de Diarios de usted.

jueves, junio 18, 2009

Composición de domingo

Me dan miedo los domingos,
No se cómo decirle,
cómo explicarle.
Me gustaría describir
el por qué de los teléfonos rotos.

A veces extraño una nube
de Magritte,
o simplemente su calor de usted.
Su silencio consentido,
su sabor.

Me dan pánico
los domingos por la tarde,
y no alcanzo a poder
relatar la razón fundamental
de ese desasosiego,
esa inquieta nostalgia de
los centímetros de su piel.

¿Cómo convertirme en
estación de tren en
esos días de domingo?
¿Cómo ser mañana,
para dejar de ser por
un instante vacío y soledad?
¿Cómo explicarle?


© Virginia Fernández “Composición de domingo”. Fragmento de Diarios de usted.

martes, junio 02, 2009

pequeña contradicción

Homenajeando a Mario Benedetti

¿Usted ha pensado alguna vez
en ese incrédulo y arduo
momento del día,
en que todo nos parece imposible,
un pasillo sin final?

¿Ha sido consciente de ese amanecer
entumecido y doloroso, frío y
humillante, de un invierno
sin su ropa en el cajón?

Me pregunto si a usted
le ha pasado alguna vez al abrir
la ventana, y sentir el viento golpear
en su cara, ese dolor
punzante y rotundo, que
provoca la soledad.

No sé si usted conoce,
o sabe que dicen que contra el
optimismo no hay vacunas
.

Por eso todos estos
pensamientos me abandonan
enseguida, imaginando sus
manos, de usted, deslizarse
sin prisa bajo el edredón
de mi piel.

© Virginia Fernández. “pequeña contradicción”

miércoles, mayo 13, 2009

manos

Observo unas manos, manos de dedos largos, manos que seguro acariciarán o serán acariciadas en un futuro próximo, que se enamorarán de otra piel distinta a la mía. La lógica exacta me dice que recorrerán muslos, pieles, y otros mundos diferentes, serán objeto de fuegos fatuos, y de amores y desamores. Manos anónimas, y al fin y al cabo desconocidas para mí y de mí.

(c) Virginia Fernández

domingo, abril 12, 2009

temporalidad y relojes



Llueve, y las calles bajan con agua como ríos nocturnos, y son gotas en un trampolín, y dan saltos y gritan, y se tiran agua unas a otras y vuelven a mojarse, y todo es un círculo nocturno y bello. La ciudad se inunda, los coches gritan claxon, y es tan natural perder ahí la noción del tiempo de los relojes que se llevan en pulsera, y entrar así en otra dimensión. Suena jazz y lluvia, y hay manta, y mis manos se interponen a esos relojes colgados de las paredes, y hay una luz suave para poder charlar bajito, y beber té mientras estudias por qué existen los relojes, mientras me cuentas al oído los secretos de la piel.

© Virginia Fernández “Temporalidad y relojes”

el guitarrista cero

El guitarrista Cero sabe de noches desoladas y frías. Actúa bajo el manto de la noche azul de un local llamado Loro. Tiene en su cara algo parecido a una sonrisa, lanza una especie de mueca o guiño hacia su amigo con gafas que lo observa desde la barra, éste recoge la mueca y le corresponde con una mirada incierta y amistosa. Mientras su público lo abandona a la misma velocidad que sus acordes caen de una guitarra que ni siquiera recuerda el día en que nació.
El guitarrista Cero sabe que el mundo está ya de vuelta, harto y cansado. En el fondo cree que no le importa, pero un amago de tristeza lo delata por las comisuras de sus labios. Hace un intento de cantar, le gusta estar allí, se sienta en un taburete con chicle que también le gasta una mala pasada, mira hacia un lado, hacia otro, disimula y vuelve a sus acordes. Lleva sombrero y amargura, y en algún momento de la noche si nada cambia se preguntará por qué está allí. Unas risas al final le devolverán las ganas de seguir tocando algo parecido a rock & roll. Mientras dos gatos se besan en la puerta de un local llamado Loro.

(c) Virginia Fernánadez “El guitarrista Cero”

lunes, febrero 16, 2009

Hechizo

Me hechizaste la imaginación
con los susurros que saben a mar,
aprendiste a pasear por los tejados
que tocaron alguna vez
una canción de cuna.
Habitaste mis noches de sur y frío,
caminaste a mi vera para bailar
un tango al amanecer mirando al mar.
Abrigaste el frío con tus manos,
aprendiendo a abrazar como un niño.
Colocaste el corazón en un sitio
diferente al color de la piel,
para llevártelo en forma de pulsera
por caminos que viajan a través del blanco
del amanecer.

©Virginia Fernández “hechizo”

jueves, febrero 05, 2009

Memoria

Puede que sea tarde para la memoria,
no nos quedan ojos, ni manos,
el tacto se quedó atrás en el tiempo,
jamás vi tu sonrisa.
Cuando amanezca en mi noche,
tú estarás partiendo hacia
ninguna parte.
El arco iris amanece en blanco
y negro en mi ciudad,
Mientras, el tiempo no
me reconoce, cambié de noche,
jamás me acosté a tu lado,
pero una nota de
de jazz dibujó un corazón
en algún tejado con guiños
de sonrisa de niño.

© Virginia Fernández “Memoria”

lunes, enero 19, 2009

Consideraciones estelares y lunáticas

Anduviste las mañanas del sur,
para volver a mirar el color blanco
del amanecer,
corriste en vagones que no
llegaban a ninguna parte,
sólo dijiste adiós desde una de
sus ventanas sin billetes de ida.

Te olvidaste del tiempo sin maletas,
y así volviste a acariciar a la luna de latón,
así las tardes se volvieron de feria,
y lunares, y sábanas.

El color del atardecer esperó,
viendo parpadear
a una estrella tartamuda y pálida,
que quiso coger un trozo de cielo
para regalar,
así te encontré yo.

© Virginia Fernández “Consideraciones estelares y lunáticas”

jueves, enero 15, 2009

viernes, enero 09, 2009

Contar

Podría estar contándote toda la vida,
acariciar tu sonrisa,
escucharte respirar,
mirarte dormir.
Podría decirte todo esto una noche
de verano,
pero no, no lo hago, porque no dejarías
de mirarme.

© Virginia Fernández “Contar”

jueves, enero 08, 2009

Paisaje de invierno



Hoy el paisaje es azul grisáceo
y suena tu canción,
el atardecer atardece de gotas contra la ventana
en el barrio que te gusta,
y el mar suena desde aquí hacia un lugar perdido
en una tierra que tiene color naranja, sol
y media luna, y días sin sonrisas de niños.
Aquí hay caracolas con música,
y cubos de Rubik
hay día redondo de nube de Magritte,
y silencio,
escucho tambores a contratiempo.
Hoy ya es mañana y empieza a amanecer.

© Virginia Fernández “paisaje de invierno”

lunes, enero 05, 2009

días

Hay días en los que los días no se llaman días, se pueden llamar pereza, o diapasón, o también puede que se llamen esterilla de la playa, aunque en invierno no creo que sea éste un buen nombre para los días, tan arrogantes ellos, mirándote fijamente, sin parpadear, días en su mayoría vestidos de nube ambigua, pobres días tristes.
Hay días en los que los días no tienen nombre, ni tienen apellido perfecto, ni pretérito, ni atemporal, y se llaman escombro, guerra, o rareza, pero también imagino que a veces se llamarán día luminoso y ese día me imagino que desayunarán con edredón, café y tostadas.

© Virginia Fernández “Días”

miércoles, diciembre 24, 2008

Pareceres




No me interesan
las líneas limítrofes
que no te rodean,
ni siquiera si son
del color del mar.
Nunca me interesaron
los árboles terrenales,
ni los días sin lluvia,
ni el olor a pincel.
No me acomodan
para nada los días sin ti,
ni el color de la luz
que atrapa una mano
distinta a la tuya.
No quiero mantas,
ni manos,
ni tacto,
ni aroma.
No me interesa
para nada bailar un vals
sin música de orquesta,
ni tus vaqueros,
ni nada.

© Virginia Fernández “Pareceres”

domingo, diciembre 14, 2008

Desintoxicación

Odio al tiempo y a la
distancia que pasa
lentamente sin tus horas de ti.
Odio tus decisiones
rotundas, meditadas
sin un té al anochecer
en los sitios donde se
pierden pendientes,
y donde las manos tiemblan
al mirar los relojes
con ojos infantiles.

Odio tus maneras,
tu chaqueta de rayas,
tu pañuelo regalado.
Odio las cláusulas,
y los pactos,
los edredones.
Odio el contacto de tu piel.
No me hace falta que
leas en mis ojos.

Odio de una manera
sobrehumana las horas que
pasan sin acordarse
que en un rincón con calles
en forma de río, una cabeza piensa
en gris si no tiene a tus
ojos delante.

© Virginia Fernández “Desintoxicación”

miércoles, diciembre 10, 2008

Vocación

No sé por qué nació de repente
esta vocación que mira hacia ti,
no sé si fueron tus maneras,
o si ese día unas gotas estratosféricas,
y redondas
golpearon en la ventana,
pidiendo un hueco donde acurrucarse.

No sé si esta vocación guiada
hacia ti, tiene que ver con Gustav Klimt,
o con El beso, o ciertamente con Danae,
no sé si fue René Magritte,
o su bombín de las cinco,
o incluso pudo ser Salvador Dalí
abrazado a su amante.

Realmente no sé si nació del jazz,
o de tus ojos,
pero el caso es, que esta vocación
inconclusa, y sin sentido,
irremediable, gira hacia ti,
y no puede dejar de mirarte.

© Virginia Fernández “vocación”

miércoles, diciembre 03, 2008

definición

Es ojos,
y lunas,
y también lugares inciertos.
Es otoños,
y mares en calma,
y supongo que
también a veces será huracanes.

Es pestañas,
y mirada,
y estepa solitaria.
Paisajes anaranjados
y planos
en un atardecer.
Es su música de usted
cuando dice de serlo.
Y cómo no, es montaña,
y árboles nevados,
cuando le dá por poner
un tapiz de color blanco
para mirar.

© Virginia Fernández “definición”

martes, noviembre 25, 2008

cosas para los bolsillos

Castañas para calentar las manos
y bufandas para el frío,
monederos rotos por abajo
y litros de letras que
llenen papeleras en blanco.

Un libro para escribir
renglones cortos,
y un gorro de los de llevar
en las calles que bajan
ríos, de los lugares en
los que alguien quiso
hacer algo parecido
a una canción llamada
Jazz.


© Virginia Fernández “cosas para los bolsillos”

miércoles, noviembre 19, 2008

Es tan usted

Es tan usted escuchar su voz cuando está,
escuchar sus letras como arrullo y remolino,
a veces como tristeza y lluvia,
o como gato,
pero siempre tan usted.

A veces se vuelve ingrato, e infinito,
y rizos cayendo sobre su piel,
caricia, mirada, y sonrisa, y ojos.
Me inunda el paladar,
arrastra las ganas hasta llegarle,
le rozan mis labios,
y es tan natural entrar así en su estado de luz.

Es tan usted a veces,
que pienso que es un diluvio, o vendaval,
otoño, hojas secas y paraguas sobre esquina cuadrada,
mimo, fotografía en blanco y negro, invierno,
color pálido, ciudad y tráfico,
gente corriendo, lluvia,
papeles sobre la mesa,
libros, librería en el centro, y sobretodo anochecer
en esquina, o baldosas cuadradas.
Por supuesto tan usted como
un canto de sirenas mirando
una tetera a punto de despertar.



© Virginia Fernández “Es tan usted”

jueves, noviembre 13, 2008

cosas que pienso

Déjeme que le cuente el
murmullo del mar,
porque no lo va a creer
pero a veces me dá
por pensar cosas raras.
Cosas como que
me descubro pensando
en cómo podría
descifrar un lapicero,
o cómo sería
el magnífico instrumento
musical de su risa.

Se me dá la loca
de pensar en cómo
podría hacer
para que estuviera aquí,
o si sería posible
estar charlando en
una mesa de local
con vela en el centro,
y llevarme en un frasco
la música de jazz que
sale de un saxo apilado
en una esquina.

A veces pienso
por ejemplo,
cómo podría hacer
para verle aparecer
por esa esquina de papel
sin tener cita previa.
O si ese gato callejero podría
darme autorización con firma
para llevarlo a casa.
Pues mire que
todas esas cosas
me dá por pensarlas en
ciertas ocasiones muy
ocasionales.

© Virginia Fernández “cosas que pienso”

lunes, noviembre 10, 2008

Por los caminos de ti

Y se está tan bien aquí
escuchando a John Coltrane y a
Miles Davis,
viviendo los días de ti,
los días de frío,
que se hacen noches alegres
o notas de rocío.

El frío se vuelve blanco
pálido, y cristal,
y todo
sigue como debe seguir
por los caminos de ti,
que a veces se vuelven
revolución de notas, o
revolución de letras,
pero al fin y al cabo
revolución,
mientras el humo se abre
paso en un bar,
mientras se vuelve a escuchar
a Charlie Parker

Los pasos de ti
van a mi paso, y se abren camino,
se desentienden del resto
de la humanidad,
y mientras, por los tejados de un sur,
dos gatos se divierten
mirando el espectáculo de la calle
de un sur muy sur,
expectantes de un lunar
que les hace guiños.


© Virginia Fernández “Por los caminos de ti”

viernes, noviembre 07, 2008

no te vayas

Déjame que te lleve de la mano
de este amanecer sin sol,
deja que recorra de arriba a
abajo el lugar que habitó
el olvido.
Recórreme el cuerpo
en curvas dislocadas.
Arroya sin mirar
lo que encuentres a tu paso,
Deja de respirar
sólo un momento,

Acércate a la noche de
un acantilado de sirenas,
descorcha el amanecer a trizas,
no te quedes impasible,
no te olvides de lo que no importa.
Acércate a la verdad sólo de puntillas,
olvida el resto,
no te vayas.
No te vayas, ni ahora ni nunca,
no te vayas.


© Virginia Fernández “No te vayas”

miércoles, noviembre 05, 2008

Siéntate a hablar conmigo

Siéntate a hablar conmigo,
déjame que te cuente
una historia sencilla,
ven, vamos
a charlar de cualquier cosa,
cambia de noche y
camina a mi lado,
déjate llevar y cuéntame
la historia de un cuadro,
dime el significado de un
papel en blanco.
Siéntate a hablar conmigo
de cualquier contratiempo,
de algo que no sea
importante,
pero siéntate aquí,
lejos del mundo.




© Virginia Fernández “Siéntate a hablar conmigo”

sábado, noviembre 01, 2008

Instalaciones lunares

Ha estado usted mezclado con el papel
y con la noche,
ha besado infinidad de lunas.
Ha sido reinventado de mil formas
a propósito,
y con enmienda.
Ha sido como un caleidoscopio
de color cristal.
Ha vivido al límite entre asfalto
y delirio.
Ha sido gato en otra vida,
ha paseado tejados
de la mano de la muerte,
ha sido multitud de veces yo,
y caballero andante por paisajes
anaranjados,
noctámbulo, paseador de ciudades,
pero sobretodo y sin ánimo de inducir a tupé,
Señor, mire usted,
le digo que las últimas noticias dicen, que
se ha instalado usted acá
a mi lado,
para quedarse.


© Virginia Fernández “Instalaciones lunares”

martes, septiembre 02, 2008

ciudad-laberinto en clave de voz

Porque ya después de la llamada, la vida ya no era la misma, subirse al autobús tenía otros matices, otros colores diferentes, nada que ver con el momento justo anterior a esa voz tuya que me transportaba a otros lugares y paisajes. Esta ciudad se convertía entonces en una maravilla de lugar, esta ciudad-laberinto se volvía rectilínea y naranja. La ciudad se convertía en desconocida y dislocada. Se convertía en ciudad de pasajes acompasados, paisajes de noctámbulo, llenos de rincones, espacios abiertos, el mar, pensamientos, presentimientos, ilusiones y un largo etcétera que me convendría no recordar, un ritmo acompasado de mi corazón latiendo rápido, esperando volver a escuchar tu voz ronca y casual, en admiración y con connotaciones de tejado.

Texto: Virginia Fernández “Ciudad-laberinto en clave de voz”

martes, agosto 26, 2008

Trazo de infancia

Todo era así traslúcido y desfigurado, era trozo de mundo particular. Llenaba el tiempo y hasta el espacio. No sé por qué ese malgastar todo en nadas de esa manera y echar a correr, y era tan breve y tan manso todo, con mucho color eso sí, con mucha imaginación, nos divertíamos con cualquier cosa. La imaginación se desborda cuando eres pequeño, y cualquier cosa puede llegar a ilusionar. Todo parece enorme, rincones por los cuáles hoy, si transitaras, sorprenderían de pequeños.
Esperar a que pasara el calor para volver a salir, jugar en las calles de piedra, rompernos las rodillas al caer, y siempre con heridas en las piernas por los tropezones accidentales mientras bajábamos a contra-reloj. Las zapatillas llenas de polvo, y mucho calor. Nos poníamos negros como carboneros de jugar en la arena. Nuestra madre quería que nos echáramos la siesta, esperar a que todos se durmieran y salir a la calle corriendo bajo el sol de un medio día que cegaba con el blanco de la cal. Todo era infancia trasnochada, infancia poética y abstracta con connotaciones de domingo vestido de lunares.

Texto: Virginia Fernández “Trazo de infancia”

viernes, agosto 22, 2008

Resumen de una tarde



Pasar una tarde en compañía de ti, realmente es estupendo, llevarte de la mano hasta un pequeño rincón de sillones y dejarnos caer allí, embriagados por la situación y por el whisky, dejar caer suavemente la cabeza entre los almohadones de tu salón mientras la tarde cae despacio, poner un disco de Ella Fitzgerald bajito, leer algún libro desconocido. Poco a poco se empieza a escuchar la noche de claxons que no esperan en la ciudad, prisas del día que se apagan poco a poco, pequeñas vidas que van a cenar a algún restaurante de moda, o pasean por la ciudad nocturna, o van al cine, o a fumar a un parque, solitarios y caminantes, transeúntes de la ciudad, otros vuelven del trabajo a casa, donde sus mujeres los esperan con la cena preparada, y nosotros refugiados en aquel pequeño sitio, rodeados de libros y discos, telarañas, observadores anónimos. Nosotros respirando bajito y oliéndonos, olfateándonos y deseándonos, tu cuerpo urgente me hace un dictado, pensamiento enrevesado, dulcificador de vidas, verdaderamente agradable. Podría ser perfectamente un cartel colgado en la pared de una calle solitaria y tuya, un afiche desgarrado y bonito en la pared mirándonos, verdaderamente maravilloso, pasar una tarde en compañía de ti.


Texto: Virginia Fernández “Resumen de una tarde”
Música: Ella Fitzegarld “Mack the knife”

sábado, agosto 09, 2008

Definición de un sábado

Un sábado puede ser lunes perfectamente si pone cara de lunes. Ayer el sábado tenía cara de lunes, estaba sombrío y serio, era un lunes impertinente, banal, insustancial. Lunes perdido entre la masa gris de la humanidad, sin acercarse un poco a la palabra color, a la palabra quietud, a la palabra tú. A veces un sábado puede llegar a ser un domingo por la tarde, tedioso, feo, perdido entre un caos. A veces simplemente es un sábado a secas, o puede ser lluvioso, y tú te puedes dedicar a buscar castillos perdidos perfectamente. Eso sí sería aprovechar un sábado por la tarde, pero no, el sábado que te cuento fue irremediablemente un sábado opresivo, perdido en el tiempo inexorable del ayer.

Texto: Virginia Fernández “Definición de un sábado”

lunes, agosto 04, 2008

Así


Así es como alguien, sin saberlo, llega a mostrarte irrefutablemente un camino que por su parte sería incapaz de seguir. Así es como poco a poco te vas dando cuenta de que existen tipos imprescindibles sin los cuáles sería imposible respirar, y son tan ellos, tan todo y nada, aunque por su parte nos asfixien. Así es como por ejemplo la tarde va cayendo poco a poco, y un color ocre aparece por un cuadrado ventanal. Entra una luz opaca, y no apetece encender la luz, sólo pensar vagamente en nada, ver llegar la oscuridad. Tu sabor se dibuja en la imaginación, la creencia se vuelve incrédula. Hay olvido, y manos, hay espera y tareas, imaginación, y un patio.
Y así es como empieza todo, así es como la vaguedad inusual se traslada a un lugar llamado “circus”, y te pinta cara de mimo, cara blanca con sonrisa. Te recorre la espalda y dibuja corazones debajo de la blusa. Así es como te llamas tú, así es como te dicen, así es como te inventan, y cómo te piensan. Así es como comienza poco a poco el significado de algo que bien podría llamarse amor, y salir a pasearte tan felizmente por tejados que nunca olvidaron cuál era el sabor del mar.

Texto: Virginia Fernández “Así”
Foto: Manuel Gallardo

martes, julio 29, 2008

s-pensamiento


El pensamiento se oye desde aquí, es un murmullo incesante, perpetuo, casi diría que irreconciliable, perplejo, irreal, qué hastío. Casi sin descanso te golpea una y otra vez, vuelve a la carga, te observa, se aplasta contra la ventana, quiere pasar, introducirse, plantar cara, quizás confundir. Afuera tiene frío, llueve, es evidente.
Se estruja en el cerebro, se empequeñece cada vez más, y de nuevo crece desde el fondo. El pensamiento inunda la habitación, la casa, y hasta la calle por donde andas, te enmudece, te aísla, te filtra de la realidad, y te absorbe poco a poco, vuelta a empezar otra vez, se oye el pensamiento, se oye, primavera, otoño.
Ideas que me pasan por delante como película muda, ideas dibujadas en algún tejado loco, como gato desolado que anduviera paseando, y todo es tan posible aquí. Mirada embudo y evadirse ¡Qué palabra! Lo escucho desde aquí aunque esté a miles de kilómetros. A veces si me concentro lo suficiente el paisaje que crea resulta bello y antagónico, diría extravagante.
Finalmente el pensamiento se asoma a la ventana y se suicida chocando contra el cristal, adiós pensamiento loco, adiós pensamientos varios, adiós soledad de pensamiento incomprendido, adiós, adiós, hasta pronto.

Texto: Virginia Fernández “s-pensamiento”
Ilustración: Manuel Gallardo "Mirada embudo"

El pensamiento se oye desde aquí

Por lo menos yo lo oigo, clarísimamente, como si tuviera a Javier sentado aquí a mi lado. No soy ninguna adivina eh? Pero todos eso años juntos pues que quieres que te diga, nos conocemos muy bien. Otra bronca hemos tenido, de las gordas. “tengo que pensar”, así se ha quedado. La verdad es que pensar encerrado en un piso, sin salir, es tontería. Das vueltas, se acumulan las colillas en el cenicero, total, para qué, rumiar y rumiar, no sacar nada en claro, siempre la misma mierda. Con lo bien que se está aquí en esta terracita. No sé, el mar relaja, hay mil cosas que ver y no ver. Se ve la vida de otra forma. Domingo por la mañana, cafelito, leer el periódico. Los niños juegan en la playa, sus risas agudas suben en esta mañana de cielo azul. Pequeños placeres de la vida. ¿La felicidad? Eso, nada más.
Y el otro encerrado en el piso, rumia que te rumia.
Es posible que los humanos tengamos algún engranaje de más en la cabeza. Mira que la vida puede ser sencilla. Centrarse en el momento. Ni darle vueltas al pasado, ni desesperarse por lo que pueda pasar. El momento presente, ahí está. Esta mañana de domingo, estos niños jugando, este cielo azul, este sol de invierno y este viento que acaricia mi piel.
Suena el móvil, Javier. Sonrío, “Dime cariño… Has pensado mucho? … ¿Y qué te parece si nos vamos a Sitges y lo hablamos mientras nos comemos un arroz con bogavante? Si en aquel sitio que te gusta tanto… Y un buen vino blanco, que no falte, ayuda a pensar… Acércate a recogerme a la terracita de la playa, sí eso, en 10 minutos, yo también te quiero”.

Texto: Daniel Ortega “el pensamiento se oye desde aquí”

sábado, junio 07, 2008

Un ensayo de mis relatos




Título: Contando cuentos malabares
Diseño, ilustraciones y maquetación: Manuel Gallardo

viernes, mayo 23, 2008

descripción de una calle

Pues está sonando un acordeón en esa calle estrecha que me gusta tanto, que al final tiene un graffiti todo a lo largo en la pared, y te transporta, y ahí soy tan no mí, tan espectador, y proyección de pensamiento, y cubo y metafísica, y sensación.
Y sobretodo me gusta por la noche, porque adquiere colores anaranjados debido al color de las paredes de las casas. Toda tentativa de explicación fracasa, por una razón lógica, una razón de peso, y es que para ser definido tiene que estar dentro de lo definible, y esto no lo está, claro, naturalmente.
Y así es como entro poco a poco en la sensación cubo, sensación contracorriente, sensación gato, sensación mujeres de la calle que miran, sensación líquidos, fluidos, y mirada perdida, evasión, suburbio, estratosfera, cubo, mundial y altamente recomendable.
Y la calle estrecha termina, termina el paseo divertido, y salgo otra vez al estado mí, pero totalmente cambiada claro, mí renovada, reconfortada, y transportada por ese sonido de acordeón que sigue sonando, pero que se aleja cada vez más y más. Y dejo atrás el color naranja, a la gente de mirada lejana, al mí ya no cubo, ni sensación, ni metafísica, ni lunar, ni gata. Y la noche suburbial se aleja, y mí sin serlo, y al final tu, irremediable final para que todo esté en perfecta armonía universo y gato.

Texto: Virginia Fernández “Descripción de una calle”

sábado, mayo 17, 2008

tan feliz y tan gato

Y sonreírme despacio, tan feliz y gato, tan contento, tan tú, mirada ensimismada, mirada gatuna y casual. Y no lo entendía bien, por eso te mostré lo que contenía el papel, una especie de crucigrama de letras que se cruzaban entre sí y formaban palabras, palabras ininteligibles, juego de palabras, una especie de ilustración a carboncillo. Y por culpa de las palabras empezó todo. Y era tan natural no darse a las explicaciones, sólo mirada y bajar por la calle sin prisa a la luz de la luna, sin dejar de reír y sonreír. Tus ojos pillos me contagiaron la alegría mostrando una palabra que se leía en azul. Claro, irremediablemente se puso a llover y nos pusimos otra vez a reír y a correr, el papel se mojó, y nos reíamos de todo, nos mojamos toda la ropa. Después no hubo paraguas, ni ruido, ni viento, ni luna, y nos fuimos a casa a saborear la lluvia que se escuchaba a través de tu ropa y del cristal.

Texto: Virginia Fernández “tan feliz y tan gato”

miércoles, mayo 07, 2008

Cuadrados

Pequeños cuadrados de luz habitados. Oscuridad afuera por los bordes que se salen a un cielo sin estrellas, oscuro, y de repente un cuadradito encendido enfrente de mi. Personas que habitan un cuadrado de metros, hacen cosas, planchan, y ven televisión. Cuadrado de pensamientos, cuadrado de sueños, cuadrado de edredón, espirales cuadradas, mueble cuadrado, mundo cuadrado, cuadrado un cuadro, cuadrado un estornudo, cuadrado un calcetín de mi vecino colgado de la cuerda donde tiende la ropa, y la visión global del cubo con cuadrados y luz.
Sentada enfrente desde otro cuadradito con ventanal observo a mi vecino mientras tiende la ropa en su balcón y cose un botón de su camisa, mi vecino tiene unas zapatillas con la bandera hawaiana, y la soledad al final se sale por una línea exterior. En un cuadrado de luz hay percepción y observancia del mundo, hay conclusión y pensamiento, hay delirio, hay gato que ronronea y se acuesta en mi sofá y cuadrados otra vez, y conversación cuadrada, palabras, y sensaciones, malabares cuadrados.
Reflexión mientras como galletas de chocolate otra vez desde mi cuadradito de luz, y siempre con conclusión final: al final todos estamos solos.


Texto: Virginia Fernández “Cuadrados”

miércoles, abril 23, 2008

Mensajes subliminales

Pues el inocente mensaje, llevará a otro mensaje, y éste a un té en el café de la esquina desde donde se ven los coches al pasar, y el parque con el árbol de tronco enorme en el centro de la misma, y los ancianos sentados a descansar cuando hace sol, o leyendo el periódico, y los jóvenes riendo de cualquier cosa y gastando bromas. Y claro estará lloviendo, y apetecerá hablar y hablar largo rato en ese café tan acogedor, desde cuyos ventanales altos y cuadrados se ve el mundo en perfecta armonía circunstancial, como si de una película en blanco y negro se tratara. Habrá una conversación intelectual y correcta, de cualquier libro o escritor desconocido y exótico, todo será correctísimo sin tocarse ni siquiera por error o descuido del azar de las manos al hablar, o por accidente al darse dos besos en el encuentro y haber podido rozar unos labios sin querer. El té de la tarde llevará a tomar algo en otro lugar porque sigue lloviendo y no es cosa de irse a casa. Una copa llevará a otra, y la otra a por qué no me acompañas a casa que estoy un poco cansada, y también a podrías subir a tomar otro cafecito y que la noche despeje las dudas. Después de la inocente subida sin otro ánimo de charlar mientras el sonido de la lluvia se escucha a través de la ventana (error, sí había otro ánimo), seguirá un te podrías quedar a dormir, sigue lloviendo y estás empapado. Y tú dirás no me lo digas dos veces, y esto otro llevará a otro quédate a dormir. Irremediablemente se podrá advertir un gesto afirmativo en tus ojos que ya miran con ojos brillantes a otras pupilas de un color de otoño y mar que sería mejor no recordar en este preciso momento.



Texto: Virginia Fernández “Mensajes subliminales”

jueves, abril 17, 2008

Julio Cortázar (París)

Divagaciones a altas horas

Pues esto va de la sociedad y las estridencias para-mentes y parapentes de reflexión. Intento restablecer el orden del pensamiento. Y con el orden lógico de la cosa me dirijo hacia un camino largo e irreflexivo, diría lúgubre, asimétrico, pesimista, difícil tarea. Sí, no me mires así, he dicho Pesimista, con P mayúscula, p de precoz, de paleontólogo, de paleolítico. Es tan natural caer en reflexiones típicas sobre lo que quiere la sociedad, el significado de la palabra sociedad, el motivo de la felicidad general, la soledad del individuo, la sociedad civilizada, racional, conductas preestablecidas, conductas inmorales, realidad-pensamiento, o yo que sé. La sociedad como un todo, los grandes temas que están ahí para ser debatidos por las personas importantes, los gerentes, los políticos, los dueños de grandes promotoras inmobiliarias con bigotes y traje de Christian Dior, o chaqueta de terciopelo azul marino, y bmw, o Mercedes-Benz aparcados en la puerta, y al fin y al cabo y lamentablemente los que tienen la voz y voto al final. Es tan absurdo no estudiar el comportamiento y pensamiento de otros personajes más interesantes que también están en la sociedad, pero no son tan bien mirados, digamos bohemios, malabares, independientes y libres, diría solitarios y altamente reflexivos en su soledad, que se mueven fuera de lo preestablecido por nuestra sociedad recta, de normas rectilíneas. Me aburre la sociedad a grandes rasgos, sobre todo esa sociedad establecida de antemano, digna de educación moral y cívica. Me aburren los sesgos de estudio de comportamiento humano en líneas de formalidad. Por lo tanto debo definirme y me defino como persona antisocial y a-social, persona arlequín o también persona lunar.

Texto: Virginia Fernández

lunes, abril 14, 2008

Jazzeando la noche


Jazz y lluvia se dan cita en la noche-ciudad. A solas con el tiempo lento de tus horas de ti, me ensimismo en el espacio de todos los días, espacio nocturno, imperceptible, sintomático, asimétrico, gris-local. Leo el perseguidor-Parker, o cualquier otra cosa que tenga a mano para entretenerme mientras espero, escucho jazz y sólo quiero que la música salve al menos el resto de la noche. Es tan natural entrar así en tu mundo-mágico, en tu tiempo de ti, en tu universo-particular, y rectangular. Y diría infinito, lejano, acogedor, diría intelectualidad disfrazada con traje a rayas de cárcel sin barrotes, y no me equivocaría ni un milímetro. Te confieso que tengo unas ganas locas de meterme en la cama y desaparecer, entrar en ese espacio secreto e íntimo del edredón, oscuro, de bordes fríos, perderme de esa realidad que nos acompaña durante el día, de nuestras situaciones normales, de comprar el pan, de hablar con nuestros compañeros de trabajo, de andar por la calle sin ver las caras que se cruzan con nosotros. De estados de ciencia y realidad absoluta, y no exentos de un desatino casi perfecto, obstrucciones de la sociedad que juzga movimientos e incluso pensamientos, que no deja percibir el sentido de las cosas.
Pero hay momentos que son distintos a ese tiempo, ah! ese momento, es el no-tiempo al que estamos acostumbrados, y eso sí que es una verdadera maravilla, entrar en el puente de madera con el agua bajo nuestros pies, y poder sentir que estamos en la Terrassa de Café, la nuit en todo su esplendor. Ver por ejemplo la noche radiante y vestida de azul oscuro.

Texto:Virginia Fernández.
Foto: Manuel Gallardo.

jueves, abril 03, 2008

Reafirmaciones

Uno se cansa a veces de ser irremediablemente uno mismo, de escuchar siempre las mismas voces a la misma hora, de ver como cae la tarde despacio, o de contarle a un gato callejero desvaríos de la mente a altas horas de la madrugada, cuando dando un paseo nos damos de bruces con un cubo de basura. Al final el gato no dice nada, ni una sonrisa, nada, y yo me quedo igual, y me reafirmo. A mi me gustan los gatos, su ronroneo, y no me canso de ellos. Pero sí del calor, o del invierno, de creer en un sueño incandescente e inusual, de querer dar una explicación al mundo, de querer tener siempre una explicación de todo a mano, para las urgencias de la razón, para las urgencias de la soledad-silencio. En esos desvaríos me encontraba cuando paseando por la Calle Desvarío me encontré contigo, inusual y con aires de místico, fumando un cigarrillo, con gafas de mirar y despiste incorporado, haciendo círculos concéntricos con las motas de polvo que se veían a contraluz, o durmiendo en una espiral larguísima, enlatada y callejera.
Yo, después de todo me afirmo y reafirmo en mi creencia y creo que pasar los brazos alrededor de ti podría ser una buena explicación del mundo. Vernos al desnudo es complicado, pero seguro que al final debe de ser irremediablemente útil y necesario.


Texto: Virginia Fernández

sábado, marzo 15, 2008

Días-silencio

Los días-silencio son un perfecto diapasón sin la nota sol. Los días-silencio están cargados de formalidad y pajarita. Son hombres peinados con raya a la derecha, y por qué no, son días con traje y corbata, pueden ser un ordenador portátil lleno de balances cerrados, o incluso lleno de tablas perfectas que no formen palotes, ni nada. Los días-silencio llevan maletín, y portan números contados en filas perfectas formando cuentas de pérdidas y ganancias con un título que diga: PyG. También son tipos serios con pelo blanco sin un ápice de sonrisa, resultado de muchas horas frente a un libro en blanco que emite un sonido parecido a nanananá. Son días rubios, limpios y sin manchas. Mis días-silencio son camisas planchadas, con botones que no se caen, y por lo tanto no necesitan aguja ni hilo para coser. No hay charcos en los días-silencio, ni botas con cordones-pulsera, no hay lluvia sin paraguas, ni frío sin abrigo. No hay París, ni humedad en las paredes. Todo brilla con un cierto y magnifico aire de perfección, porque no hay olor, pero sí color blanco, blanco pálido y figuras que se deslizan silenciosas. Los días-silencio me cuentan atardeceres, noches, y días enteros, si los miro fijamente creo que se burlan de mí. Los días-silencio no me gustan mucho, y sinceramente creo que cada vez me gustan menos.

Texto: Virginia Fernández "Días-silencio"
Foto: Manuel Gallardo

sábado, febrero 23, 2008

El Teatro Patas Abajo

El Teatro Patas Abajo anda loco por el mundo, anda loco por tejados que dejaron de mirar al mar. El Teatro Patas Abajo tiene miedo a caer de un alambre de circo. Y sí, es lo que estás pensando, vive ahí en el alambre, y lo hace por ti. Yo creo que eso sí que es romántico, y me llena la cara de churretes cuando no me doy cuenta, pero no importa, porque también tiene algo llamado Sonrisa, y por eso nada más, vale la pena. Es una sonrisa interestelar en un suelo rematadamente artista, y resulta que en él, hasta el Rey Momo anda medio cuerdo, porque ni él entiende lo que pasa, y eso es lo peor que le puede pasar a un Rey. Realmente yo creo que no hace falta entender, pero lo que sí sé, es que cuando lo veo aparecer algo me cambia el sentido de las agujas del reloj, y el tiempo va al revés, y se baila tango en las calles del amor.
Vivir sin Teatro Patas Abajo, sinceramente sería como si no saliera la luna y se reflejara en un charco, como un día mudo, o gris, o un día sin palabras, como un aparato de radio roto, como si no hubiera locales cutres donde poder conversar, o no sé.
Hoy la luna llena me vacila y me guiña un guiño con algo de ti, y se refleja en mis ojos, me cuenta risas, y susurros, y una palabra con magia antes de dormir. Pero otras veces la noche se viene silenciosa y muda. No entiendo muy bien a este Teatro Patas Abajo, aunque no me hace falta porque sé que tú estás en él, y con eso me basta.



Texto: Virginia Fernández

jueves, febrero 21, 2008

De mecanos y arandelas

Yo no quiero ser un mecano, no quiero ser piezas, ni metálicas, ni transparentes. No quiero ser tuercas, ni arandelas, ni tampoco formas infinitas. A mi no me gustan los libros de instrucciones con letra pequeña, no me gustan las instrucciones made in Taiwan, o escritas en alemán, a mi no me gustan tus textos románticos. Yo no quiero ser formal, no quiero formalidad a tu lado, formalidad espectral, oscura azul, casposa y bastante tonta. No quiero tener piezas del mundo entre mis manos, no quiero ser pedazos de algo, de tiempo, de espacio, ni sueños contados, ni noches, ni nadas. No quiero ser tupé, ni punta tacón, ni nada de eso, ni montaña rusa, ni feria, si no se llama Risa. Yo, la verdad, lo único que quiero es verte bailar para mí alguna noche cuando el tiempo se pare en este espacio infinitesimal y cuadrado.


Texto: Virginia Fernández

sábado, febrero 16, 2008

La mímica de la calle y mí.


A mí me gusta la mímica de la calle, me parece preciosa porque es fotografía en blanco y negro, porque es fría, pero mimo, es arte, es alternativa hasta la saciedad. Pero sobretodo, cuando más me gusta es cuando la dibujas en un papel una tarde cuando el sol empieza a caer, justo al anochecer y me lo cuentas sentado, despacio, fumando un cigarrillo, con los ojos entornados. La mímica de la calle me cuenta un autobús con parada obligada, hay una noche y lluvia, hay gente corriendo con paraguas y niños mojándose. Hay chaqueta con capucha, hay gafas, y risas, hay cielo, y no hay gorro, ni invierno, ni frío, ni blanco pálido que se calló de una postal de una ciudad llamada Almería, cuando la lógica exacta dijo tu nombre, cuando la lógica exacta te vio aparecer en un lugar llamado Palabras. Y cuando lo dijo sonrió y apareció de nuevo un mimo en la ciudad, un mimo llamado Ciudaz, con la cara pintada de color blanco. El lugar se casó con un puzzle con las fichas del amanecer, y sonrió porque el puzzle se llamaba Poulin y era por supuesto del color de la naranja, y era precioso. Por eso me gusta tanto la mímica de la calle, ya ves.

Texto: Virginia Fernández
Montaje fotográfico: Manuel Gallardo

miércoles, enero 30, 2008

Razones varias

Porque debería estar prohibido escuchar a Antonio Vega. Porque tú tendrías que estar prohibido para mí. Porque te haces necesario en cada trazo de minuto que pasa. Porque no sé estar sin letras debidamente ordenadas en un orden. Porque te gusta Cortázar, porque me gusta su soledad, porque prefiero estar tranquila escuchando un disco que rodeada de gente. Porque no escarmiento ni a orden ni a letras, ni a nada. Porque no quiero quererte, porque quiero prescindir de mi gusto. Porque prescindirte es tedioso, porque te haces real, porque no quiero pensarte, porque te me apareces, porque te odio, porque estás, porque te añoro. Porque tienes manos, y pensares varios, y razones. Porque tienes razones escondidas en latas y me las das. Por eso.


Texto: Virginia Fernández. “Razones varias”

lunes, enero 21, 2008

Antigua vocación

Una antigua vocación me espera gratamente a altas horas de la noche, es una vocación escrita con los trazos de un frío desolado, pintada con los colores del barrio más pobre de una ciudad del sur. Pobreza, sur y desesperación a altas horas de la madrugada forman figuras que se desdibujan y no acabo de entender. Delinquir a tu lado no es nada aconsejable, pero es tan altamente recomendable, perjudicial para mi salud trasnochada, trastocada. Sólo sé que es una batalla perdida de antemano.

Texto: Virginia Fernández

viernes, enero 11, 2008

Universo

Ese espacio infinito llamado tú. Ese espacio único e intransitable quizás. Inmenso, metafísico, cosmos, universal. Inmensidad de todo, espacial. Nada. Tú y yo. Donde mí, ya casi ni soy yo. Sino tú. Universo.

Texto: Virginia Fernández

martes, enero 08, 2008

Compartir




Él compartía con ella dudas y preguntas de esas que no tienen respuesta, de las que se hacen al azar y sin esperar respuesta.
Él compartía con ella noches de insomnio y sueños.
Compartía mañanas escogidas y tardes de vapor, mariposas.
Pero resulta que un día compartió el no querer querer, y no querió más queriendo, entonces ella murió.

Texto: Virginia Fernández
Foto: Manuel Gallardo

sábado, enero 05, 2008

De lunares

Papeles olvidados por el tiempo, nos recuerdan que estamos vivos, nos recuerdan todo aquello que olvidamos. Papeles arrugados por los bolsillos me recuerdan que alguien existe en mi memoria, aunque no esté, lo pienso, y eso ocurre a cada instante sin orden ni concierto. Papeles extranjeros extraviados en cajones me recuerdan a una noche de magia por calles mojadas y paseadoras.
Hay un lugar en la memoria para el olvido. Hay un atardecer preparado para el amor, hay gatos, y un lunar pintado en una luna.

Texto: Virginia Fernández “De lunares”
Foto: Manuel Gallardo

viernes, diciembre 14, 2007

Lista de tí


Te dejo un trozo de música
pintado en un colchón.
Una tarde de escalofríos
me espera a tu lado.
El día se torna gris, y melancólico,
alcohólico y metafísico.
Atardecer de nadas,
río de sentimientos.
Noches de lunas,
Malabares insomnes.
Cicatrices pequeñas,
ojos.
Lugares inciertos,
fríos discretos.
Colores naranjas,
y manos.
Espuma azul,
respiración entrecortada,
risas.
Sábanas,
amanecer adormilado.
Siestas trasnochadas.
Y tú.

Virginia Fernández “lista de ti”
Foto: Manuel Gallardo

martes, noviembre 27, 2007

El guitarrista Cero

El guitarrista Cero sabe de noches desoladas y frías. Actúa bajo el manto de la noche azul de un local llamado Loro. Tiene en su cara algo parecido a una sonrisa, lanza una especie de mueca o guiño hacia su amigo con gafas que lo observa desde la barra, éste recoge la mueca y le corresponde con una mirada incierta y amistosa. Mientras su público lo abandona a la misma velocidad que sus acordes caen de una guitarra que ni siquiera recuerda el día en que nació.
El guitarrista Cero sabe que el mundo está ya de vuelta, harto y cansado. En el fondo cree que no le importa, pero un amago de tristeza lo delata por las comisuras de sus labios. Hace un intento de cantar, le gusta estar allí, se sienta en un taburete con chicle que también le gasta una mala pasada, mira hacia un lado, hacia otro, disimula y vuelve a sus acordes. Lleva sombrero y amargura, y en algún momento de la noche si nada cambia se preguntará por qué está allí. Unas risas al final le devolverán las ganas de seguir tocando algo parecido a rock & roll. Mientras dos gatos se besan en la puerta de un local llamado Loro.

Texto: Virginia Fernánadez “El guitarrista Cero”
Foto: Manuel Gallardo

miércoles, noviembre 21, 2007

Otro mundo es posible

Foto: Manuel Gallardo

jueves, noviembre 01, 2007

Efectos secundarios

Tengo efectos secundarios de verte, de tenerte, de no tenerte, de expresarte, de condicionarte, de vivirte. Por qué quererte.
Calles mojadas y paseadoras. Requiebros al amanecer, y de mar. Afonía de no besarte. Abrazos.
Tengo efectos secundarios alegres y risueños, resueltos, existentes, mundiales, de pronóstico reservado. Efectos secundarios de abrazarte, de olerte, de besarte.
Aunque no lo creas, existe una recuperación a este sentimiento, es una recuperación proporcional al número de noches que van pasando, sin lunas con lunares y vinos moleculares.
Hay una recuperación y una reconciliación de la piel sin palabras, sin excusas, ni postdatas. Sin adioses.
Este amor nuestro, civilizado e infantil, incorpóreo. Este amor nuestro sin prisas, ni grandes exigencias, es a veces en sí mismo mi propio efecto secundario, y tus ojos.
Por qué soñarte. Por qué quererte, para qué. Pero sobretodo por qué.


Texto: Virginia Fernández “Efectos secundarios”

jueves, octubre 25, 2007

Mente de cosas


Retazos de ti en mente.
Retales de un tú idealizado.
Trazos de papel sin tinta
ocres y naranjas .
Retazos magoidales
retales de una sonrisa.
Arañazos malabaristas de gato
en una ciudad llamada Norte.


Virginia Fernández “Mente de cosas”
Foto: Manuel Gallardo

miércoles, octubre 17, 2007

Cuadro de Renoir en un pensamiento de mujer


En una ciudad llamada Noviembre vago, salgo a pasear, oigo llover, y estás tan lejos.
A veces cierro la ventana para poder imaginarte mejor, para que el cielo oscuro no entretenga con sus parpadeantes vuelos mi imaginación, y me deje pensarte, porque necesito pensarte y ordenarte. Eres un caos vagando en mi mente.
Camino bajo la lluvia con paso firme, y me voy colando en todos los charcos que veo a mi paso. Avanzo hacia un mundo ajeno al nuestro, ajeno al que conocemos y vivimos todos los días. Y el mundo me cuenta secretos, secretos de ti, secretos naranjas, y cuadrados, a veces incluso romboidales. El color aparece sin saber por qué entre las letras, letras a las que se le caen las tildes por ser coquetas.
En una ciudad llamada Noviembre a veces pienso que el mundo este nuestro y redondo anda loco, porque nunca están las cosas donde deben estar, pero por otra parte si estuvieran en el lugar adecuado tampoco me convencería. Así que me conformo con intentar arreglar mi círculo vicioso que te envuelve y me envuelve a la vez, para que al final seamos iguales.
En una ciudad llamada Noviembre vago por calles, rincones, pasos que otros anduvieron, desando otros pasos antiguos y olvidadizos. Descalza poso para ti en la imaginación, tengo encuentros inesperados, y abrazos de otros ojos diferentes a los tuyos.
En una ciudad llamada Noviembre no estás, paseo con ojos, con libros, con historias para no dormir, la ciudad me llama y me despierta.
Escampa en Noviembre, y es de día.
La ciudad descorre las cortinas, y abre la mañana como sorpresa. La ciudad es un caos. La lluvia vuelve a caer, moja las calles.
En una ciudad llamada Noviembre te echo de menos, me enamoro.

Texto: Virginia Fernández “Cuadro de Renoir en un pensamiento de mujer”
Foto: Manuel Gallardo

sábado, octubre 06, 2007

Respuesta a un poema llamado te guardo, mezclado con algo de un cubano que conocí.

Te guardo en un rincón de un sitio, en un lugar pequeño de la casa, en un lapicero, o en un estuche. Podría decirse que en un lugar del mundo, detrás del lugar menos pensado, en una estantería imaginada al azar de una biblioteca de una ciudad pequeña, en una orilla de mar. En el sitio más recóndito, en una taza de lata, en un papel arrugado, en un techo a secas, en un caballito de mar, en una luna imaginaria. Y claro, estás ahí reivindicando tu espacio temporal, y material. Cómo no, asomándote a la vida, de puntillas, describiendo hipérbolas con sabor a sal.
Te guardo en un mundo sin fronteras, en un mundo sin guerra, sin dogmas impuestos, sin persuasiones, ni religiones.
Te guardo en un instinto, en una esquina pintada de rojo, en el azar de la vida, en unos anteojos usados, en unos vaqueros, en una calle suburbial y a oscuras, en una calle mojada, en tu calle del sur que te espera. En una historia leída, en una historia imaginada, en un libro de poesía de un escritor llamado Alexis Díaz Pimienta, en un libro en cuyo título aparezcan las palabras lluvia y Almería, en unos versos que digan como la canción cosas bonitas, como que vendrás a maullarme bajo mi ventana, o como que en tu ciudad no cae el amarillo como de un cuadro de Van Gogh. Te guardo en una ciudad llamada La Habana, o en una isla llamada Cuba, en un océano de distancia, en una librería de un lugar llamado Viñales, en un pueblo perdido. En tantos sitios a la vez que no puedas imaginarlo, en un fondo de mar, en un rincón de un sitio, en un lugar pequeño, en una estantería, o en un lata de té.

Texto: Virginia Fernández “Respuesta a un poema llamado te guardo, mezclado con algo de un cubano que conocí”

martes, octubre 02, 2007

Pintura




Cuadro seleccionado en IX Concurso de pintura rápida "Virgen del Rosario" en Roquetas de Mar, (Almería).

30 de Septiembre de 2007


pintura: Manuel Gallardo

martes, septiembre 25, 2007

Relato coloquial sin motivo aparente

Esto es un relato coloquial sin motivo aparente por muchas razones, pero sobretodo porque estás solo, haces tu vida, caminas, trabajas, duermes, respiras, y sigues que es lo importante. Piensas en alguien, en qué estará haciendo en este preciso momento, si pensará en ti, si se habrá acostado, si leerá, si estará tomando un baño, o estará sentado frente al mar, si es importante para ti. Nosotros seguimos con la vida. Comemos, tomamos café, hablamos por teléfono con alguien, con nuestra abuela que nos hace reír a carcajadas cuando nos cuenta que el señor del butano le propuso hacer el amor después de tomar café, que su hermana está echa un carcamal y que cada cuál haga de su capa un sayo que es lo que toca y lo que se debe hacer.
Claro después de esto no podemos hacer otra cosa que ponernos a escribir sobre ello, es lo que hay. Esto nos recuerda que todos al final somos iguales, y estamos solos. Si te paras un segundo, si lo piensas un poco ayer no estabas solo, hoy sí, pero al final es lo mismo. A veces se me puede ocurrir cualquier cosa en esta circunstancia, como por ejemplo que da igual dónde estemos, o cómo, o cuándo, realmente da igual, y no es tan grave lo que suceda, nunca lo será porque al final es lo mismo, al final todos somos la misma mierda de siempre. Nos seguimos levantando por la mañana, tenemos nuestros sueños, nuestras desidias y pensamientos varios, nuestros alborotos, alegrías, penas, llantos, desesperación, e incluso magia. Tenemos magia en la esquina de nuestra casa cuando llueve y sale el sol, o hace frío, y también cuando llevamos bufanda de colores larga, que nos arrastra hasta los pies, o vemos a un titiritero, y somos al final felices, porque sí.


Texto: Virginia Fernández “Relato coloquial sin motivo aparente”

lunes, septiembre 17, 2007

Adjetivos de ti

Eléctrico, eleático, concéntrico, fugaz, incomunicativo, incoherente, irreal, real, contradictorio, idóneo y antagónico.
Tal vez extremado, independiente, innecesario.
Quizás solo, autista.
Definirte es casi imposible, pero esa sería mi definición, la definición general y subjetiva de tu azar ensimismado si la hubiera. Ausente y perspicaz, tal vez lioso, liante, en ocasiones descarado.
Es difícil, como difícil será encontrarte en este mundo con recuerdos a sal.
Tal vez me encuentre en el camino que siga los pasos acertados, o no. No sé, quizás se alejen de algo con sentido.
La cosa es que todo se vuelve real de repente.
Es tan natural encontrarte sentado en cada cruce de las esquinas de una cabeza de un tal Pablo Picasso.
No es nada natural encontrarte sentado frente a mí, o mirarte a los ojos, no es nada natural verme en ellos.
Ni tampoco asustarse. Ni que existan caras de payaso o de mimo todo el rato, y risas a la nada, o de nada. Y claro cuando llueve el maquillaje de mimo se borra, y aparece una cara redonda y triste. Pero no estás solo, aunque exista la sensación del payaso Garrik en ti mismo, aunque todo indique lo contrario, aunque el mundo sea afónico, o sin voz, que es más poético.
Y el caso es que la cosa se vuelve real de repente, y andas a traspiés, a cada paso, es como una rayuela. Y te vuelves eléctrico, como debe ser, y claro también eleático, incomunicativo, incoherente, tú, idóneo, antagónico, y eres idealizado, como siempre. Otra vez aparece por aquí el deber ser, en un rincón, y todo ello para que seas casual, juicioso, repeinado, pero no, mejor todo lo contrario, mejor para que seas irresistible y en ocasiones amante.


Texto: Virginia Fernández “Adjetivos de ti”
Foto: Daniel Ortega “Rayuela”

lunes, septiembre 10, 2007

Descripción de una ciudad llamada: Habana




El vacío original, el vacío irreal, o simplemente el vacío a secas, la idea de precipicio bajo nuestros pies, y caer, descender lentamente como el que se deja caer en un banco de piedra para descansar. Nada es de golpe, nada excepto la muerte.
Allí se muere al amanecer, uno se va dejando morir poco a poco desde temprano, pero es en el momento del amanecer, de vislumbrar los primeros rayos de sol cuando se muere de verdad, de una sola vez, para luego volver a nacer poco a poco, y lentamente, para poder contemplar la belleza que te envuelve, inapreciable belleza, mezclada con un sabor agridulce.
En sus calles podrás encontrarte conmigo, hecho casual como pocos, conversarás conmigo en un idioma incoherente sin saber que soy yo. Escucharás en silencio el rumor de las olas. Mirarás al horizonte de mar con ojos de nostalgia. Después en cualquier ciudad del mundo le encontrarás sentido a algo, y sonreirás. Cómplice y casual. De nuevo, casualidad.
Allí hay hambre. Vida y muerte se dan cita en sus calles. Es algo habitual encontrarte en cada esquina de papel, un cigarro enlatado en pobreza.
Al final, todo es igual, en todas partes, por lo tanto al final como un esperanto casual entenderemos la circunstancia como un todo, así me encontrarás, pensando en ti, al igual que tú en cualquier tejado de esta ciudad lejana al otro lado del mar.

Texto: Virginia Fernández “Descripción de una ciudad llamada: Habana”
Foto: Manuel Gallardo

miércoles, septiembre 05, 2007

La seriedad de nuestras pieles

A veces la seriedad de nuestras pieles se despierta. Es en esos días en los que el cielo exige realidad sin medida, no quiere dibujarse, ni abstraerse de una irrealidad sin sentido que rodea a un pequeño universo.
Es en esos días en los que la piel reclama su trozo de mundo material, donde sin saberlo alguien aparece exigiendo un trozo de piel, o de peca, o de yo qué se.
La seriedad de nuestras pieles se entremezcla con las sombras del atardecer, y exige, claro, como debe ser, y en todo momento algo. Y lo reclama en un pequeño gesto, en una mirada, o simplemente en una línea de teléfono, por ejemplo el ser besado como mínimo. Cualquier cosa sirve para llamar la atención despistada que caracteriza al alma humana.
En esos días la lluvia regresa como un naufrago abandonado y triste.
La seriedad de nuestras pieles es tal, que da miedo asomarse, desprenderse y caer.
Y también habla, cuenta cuentos al amanecer.
Es en ese momento donde los colores cambian, y parece otoño al amanecer. Hay amarillos que suben por la ventana, hay grises y violetas, y todo se vuelve una fiesta. Hay una llovizna azul y una nube.
A veces la seriedad de nuestras pieles puede llamar a tu puerta, conversar, sentarse a tu lado, hablarte al oído. Y es como una caricia, al final se convierte en lluvia. Todo termina así mojado, y en aguacero, como La Habana cuando de repente, y sin esperarlo se moja, y queda así ante tus ojos asombrados, que miran a través de cristal, o de una lupa de color gris.


Texto: Virginia Fernández “La seriedad de nuestras pieles”
Foto: Manuel Gallardo

viernes, julio 27, 2007

Exposición de Pintura



Manuel Gallardo

“Tras su ventanal, algunas cosas”



Desde 28 de Julio hasta 12 de Agosto 2007.
Horario: De lunes a domingo. Mañanas: 11:00-13:00
Tardes: 19:00-21:00.
C/ Medio, s/n (Junto a Casa de la Juventud).
Bédar (Almería)

jueves, julio 26, 2007

Desidias y pensamientos varios

Las paredes lloran, riegan su historia sobre nosotros, ciegos de historia hayámonos. Mudos de risas, mientras los hombres se vuelven diminutos al paso del llanto, diminutos ante el mundo, al final nada. Nada, otra vez. Caos, quizás. No. La palabra no. No me gusta.
Sin embargo, si la palabra fuese sí. Debe serlo, será sí. Palabra irrebatible, y gustosa que busca en sí misma a ti.
Óyelas, escucha las formas del aire, su furia nos envuelve, calma nuestro dolor, rabia contenida abrasa. El hecho te hace levantarte, revelarte. Las raíces del mundo están ahí, se caen, ¿No las ves? ¿Dónde estás?
Las paredes cuentan su historia, que no caigan nunca. Escucha su rumor de siglos, no hagas que la desidia inunde todo. Escucha el silencio, no cierres las puertas a tu paso, tú eres. Tú siempre. Tú. No quiero que te vayas.
El mundo se levanta. ¿Dónde estás? ¿No lo ves?
Al final será la palabra amor, como siempre y como debe ser.


Texto: Virginia Fernández “Desidias y pensamientos varios”

viernes, julio 20, 2007

Suceso excepcional


Esto es un suceso excepcional y edénico, porque:
Te edenizo, me edenizas, edenizar de edén, claro, de edenoclitoral, de paraíso edénico, sustantivo masculino.
Te idealizo, te deletreo. Qué es idealizar, deletrear, entonces, engrandecer quizás, individuo, sobrestimar. Por qué. Tú.
Suceso excepcional que me sucede a diario: Y yo digo malabares, malabarismo, rito, ritual, nariz, pie, mano. Como un todo que te persigue.
Otra vez: Suceso excepcional, suceso extraordinario: Tú.
Suceso que irremediablemente te arrastra, te atrae y se repite en el tiempo, por ejemplo en primavera, verano, otoño, invierno, primavera, otoño, invierno, agosto, noviembre, enero, octubre, noviembre, otoño, otoño, noviembre. Por supuesto esto es así porque siempre eres. También eres siempre distinto y tú.
Por lo tanto te edenizo, me edenizas, se edenizan. Y nos unimos en la misma proporción, ida y vuelta, al cuadrado, otra vez, distancia.
El viejo reloj naranja se para de repente, otra vez el naranja, le das cuerda. El viejo reloj te llena el espacio temporal, te crea un sentimiento raro, es un sentimiento irracional, y lo que pasa es que se prepara por supuesto para el amor.
Así poco a poco nos vamos construyendo el puente, entre suceso y suceso. Y el puente es antiguo, indestructible, nunca se cae.
A mi gusta pasear. Cuando salgo a pasear siempre voy a ese puente que construimos, para ver si estás. Doy un rodeo antes de llegar por las aceras en forma de triángulo. Y sí estás, te veo de lejos allí parado. Estás esperando en el puente con camisa azul que no tiene cuello, camisa que me gusta, siempre la usas para ir a pintar, también para venir a verme. Nos cogemos de la mano en el puente y paseamos. Todo se vuelve edénico otra vez, y vuelta a empezar, edén, edenoclitoral, tiempo, suceso excepcional, tú.


Texto: Virginia Fernández “Suceso excepcional”
Foto: Manuel Gallardo “Almadrabillas”

viernes, julio 13, 2007

Pareceres y contradicciones

A mí me parece que todo es una pequeña contradicción. Contradicción del todo, contradicción de salir a la calle y que te salude una farola, contradicción del poder es querer, contradicción vital. No quiero que todo parezca pero no sea, contradicción: parecer-ser. Quiero que todo a tu alrededor se quede no tranquilo, y sí del color que te gusta: naranja. Que la vida no se adhiera al asfalto. Que los nervios no se te peguen a la suela de los zapatos, que la calle al pasar sonría a los transeúntes. Quiero que no caigan trozos de soles de las azoteas, que las escaleras que bajes no te hagan ruborizarte si se quedan mirándote el pelo. Que el piso en el que te muevas te guiñe un ojo, o el piso sea coqueto contigo, o te agarre de la mano. Que los charcos en la calle te sirvan de espejo, que todo sea nada juicioso, ni rejuicioso, ni repeinado. También que la razón pierda el pulso con la locura, que la locura no sea cuerda de ninguna de las maneras.
Que todo dé vuelta, se tercie revolución, revolución de los sentidos. Que haya un golpe de estado a los gobiernos del aburrimiento, del parecer pero no ser. Y todo esto aparezca mezclado con un helado de limón y chocolate, o un té.
Yo no sabía que no tenerte me traería como consecuencia este pensar de pareceres y contradicciones. Sentarse junto al mar y filosofar. Yo no sabía que este lado cuerdo de la razón se iba a volver loco de tanto parecer, contradicción y filosofía. Yo no sabía que el no tenerte llevaría un signo de igual a la reflexión loquera y locuerda de pensamientos que me traen irremediablemente hasta ti, hasta aquí.

Texto: Virginia Fernández “Pareceres y contradicciones”
Foto: Manuel Gallardo

martes, julio 10, 2007

Tengo una boca muda de no besarte. Y una afonía medioambiental que saltó por un precipicio, quiere decirse que ya no la tengo, no existe, se suicidó. Tengo olor a lluvia entre el pelo, y una ventana para mirar. Por tanto tengo desde mi ventanal algunas cosas. Tengo cómics en lienzos. Tengo mirada y libros. Tengo un cronopio que robaste para mí un día normal. Tengo tus letras metidas en una lata de latón, las colecciono, y un estuche con pintauñas azul. Tengo un extraterrestre en mi terraza que dice todo el rato: cronopio, cronopio, cronopio. Los cronopios son raros, no son insectos, son personas, y van por la acera izquierda de la calle. Tengo estrella por la noche que mira a la ciudad Estambul, y si te asomas un poco se ve. Tengo plantas sin pelos en la lengua que crecen y crecen, y un bambino que me regala pensares. Tengo pensares regalados, y frases que robo. Tengo letras para darte cuyo uso será ir de pulseras enrolladas en muñeca. Tengo unas rayas en un papel, y otro cronopio enroscado por ahí de tamaño superlativo, estratosférico y concéntrico.
Te tengo a ti diciendo reclamo, reclamo, reclamo, reclamo un trozo de calle por donde pensarte, unas sandalias planas en tus pies, un tejado de luna plateada y un cronopio mirando la luna y escuchando soul, una montaña con adorno, y la palabra amor.
Acá estoy sentada con todas estas cosas, las guardo en un baúl roto, en un baúl tambor.
Acá sigo pensando en mi lista de cosas-cronopio-clocharde que defiendo a escondidas. A los clocharde les pegaban porque eran raros, no quiero que les peguen. Llevan mucha ropa vieja para el frío y maquillaje.
Acá sigo, y no tengo más papel. Acá estoy con mi lista de cosas que voy a regalar, que estoy a punto de regalar.

Texto: Virginia Fernández “Lista de cosas y cronopios cortazarianos”
Foto: Manuel Gallardo

viernes, junio 29, 2007

Acción versus pensamiento

Detrás de toda acción hay una protesta innata, es por esto que no hay vuelta atrás, hay que seguir adelante, hasta el final. Las acciones se vuelven irresponsables a veces, pero eso sí una vez empezada ésta, no se puede parar en mitad de la nada, porque sería como caer a un precipicio sin colchón debajo, o como estamparse en un cristal que no vimos mientras alguien que sí lo vio ríe impertinentemente mientras nos señala con un dedo acusatorio. Como si nosotros hubiéramos hecho algo mal, y es por esto y nada más que por esto que al terminar la dichosa acción nos sentiremos bien. No sé, es así de simple, o complicado, como lo quieras ver, es tal y como suena. Es como seguir un camino naranja en forma de río que al parecer no tiene fin, aunque sí lo tiene, lo que pasa que lo desconoces. A veces se compromete uno en acciones que van más allá del todo que las designa, y esto es complicado pues si entendemos la acción como el conjunto de hechos que buscan un fin, nos daremos cuenta de algo tan simple como que la acción en sí no tiene sentido. El lector es importante en estos casos, porque quizás es el único que se dé cuenta de esto. La literatura debe de ser guiada por el lector, y no al revés. Entonces y después de este breve resumen de la acción como tal, llega un momento en el que me pregunto si el pensamiento no se podrá considerar acción en algún lugar de ese camino naranja, he aquí otra vez la idea del camino en forma de río. Yo creo que el resultado al final es sublime, debe serlo. Mientras, anoto en mi cabeza: extrañar, echar de menos, acción, acción interminable, acción que no tiene fin en el tiempo o en el espacio, idea. Acción versus pensamiento.

Texto: “Acción versus pensamiento” Virginia Fernández
Foto: “Bajo el caballo de Artigas” Manuel Gallardo

viernes, junio 22, 2007

Momentos


Ejercicio 1: Pensarte 1

Es inconcluso pensarte, irrisorio, irracional, inadmisible, inconfesable, incongruente, incoloro, todo lo que quieras y que empiece por i. Es todo y nada a la vez, es un cúmulo de circunstancias sin final, es un agujero en medio del piso, o una estatua que ríe a los transeúntes en medio de la calle mientras pasas. Es incompleto, e inconcebible, es incomunicativo, inconsiderado, interminable. Es un interruptor en mitad de un bosque helado. Es una interrogación grande que se sale por la ventana porque no cabe. Es una heladera con patas, y que de repente te des cuenta de que se está fugando, eche a andar y te deje sin heladera la cocina, es antinatural. Es insuficiente e instintivo. Es insufrible, integral, intempestivo.
Y sobretodo, y ante todo es inconsolable.

Ejercicio 2: Trazos y retales de pensamiento

Pues el pensamiento está triste y jodido. Porque quieren callar su voz, pero su voz no se calla, grita cada vez más fuerte. Grita a la vez que intentan callarlo. Y dice que no lo van a callar, continua la lucha, pero ¿Es en vano su intento de reivindicación? Se siente como si fuera un espectador en primera fila, el único espectador de la obra, el primero que escucha y ve. El primero y el único que escucha, ve, y actúa, no sé. Al final, incertidumbre quizás.

Ejercicio 3: Pensarte 2

Es simple, como una fachada de Gata, de color verde, con una puerta, una ventana y un banco para sentarse a esperar, mirar el mar, sonreír. Que el pensamiento insondable inunde la única neurona viva que pueda quedar después del huracán de tu paso.
Es tan natural asomarme a cualquier rincón y que estés.
Siempre que te busco estás, pero es que sé que ya no estás.
Es tan natural asomarme a algún sitio cuadrado y encontrarte, comenzar a descender lentamente como el que baja peldaños a la pata coja, y ver que estás sentado, con las piernas cruzadas. Es inhumano, pero sigue siendo sobretodo, y ante todo, inconsolable.


Texto: Virginia Fernández “Momentos”
Foto: Manuel Gallardo “Gata”

Pintura

Cuadro seleccionado en XIII Maratón Nacional de pintura al aire libre “Ciudad de Vera “.
17 de Junio de 2007.

Pintura: Manuel Gallardo “En Vera, en un cortijo de la Media Legua”

domingo, junio 17, 2007

Describiendo algún sitio en la vida de un tipo

El sitio en el que se encuentra el tipo es simple, sencillo a la vista. Una inmensidad plana ante sus siempre asombrados ojos. El medio nunca deja de sorprenderlo, parece un niño con ojos grandes por la sorpresa, parece un niño mayor. Penetra en el medio inapreciablemente, casi a cámara lenta, para no ser notado, para no molestar, sin prisa, le gusta ese sitio. El sitio no tiene grandes complicaciones impuestas por el entorno, por la sociedad. Él proviene de una sociedad agresiva, competitiva, sin embargo le gusta este sitio dotado de sencillez, sitio que no exige rápidas respuestas, ni contrapartidas. Su habitual manera de hacer las cosas lo acompaña aquí. Él se crea su propia estratosfera, entra en el medio de manera lógica, y sin grandes estruendos, e importante, sin destruirlo. El tipo dice: Aquí hay tejados y calles desde donde mirar al cielo, hay curvas que se desvían a lugares inciertos, hay espacios planos, y ecosistemas de ti. Eso es lo que más le gusta, a la vez apunta en su agenda: siento, estoy. Digo yo que cuando el tipo se pone a filosofar mejor no preguntar por el significado de las palabras que forman su trabalenguas particular, mejor no entender. Su micro-mundo no es otro que ver amanecer al lado de un lago singular, nada tópica esa manera de hacer. El tipo no aguanta pesados soles sobre su espalda, ni lunas que ya amanecieron de puro cansancio. Así de simple se plantea la vida, no espera nada a cambio, y sin embargo recibe todo.
El tipo sabe que cuando lo ataca la vida común, siempre estará ese sitio, que sólo él conoce. El único sitio donde encuentra la paz. La única receta para el ataque de la razón.

Texto: Virginia Fernández “Describiendo algún sitio en la vida de un tipo”
Foto: Manuel Gallardo “Vista de Bédar”

sábado, junio 09, 2007

Un atardecer color ocre en la vida de la maga

En un lugar del mundo me encuentro, en un rincón pequeño de la casa, mientras veo un atardecer sin prisa y tomo colacao. Rodeada de colores ocres y naranjas, en una habitación particular. A expensas del destino vago por esos rincones llenos de polvo. Hay discos esparcidos por todas partes, y torres de libros desordenados en un orden concreto. Me encomiendo a una noche de estrellas sin pretextos, sólo quiero encontrar un lugar donde fumar tranquila un cigarrillo a oscuras, lejos de las formas del cuarto, lejos de las formas de ti, que se desdibuje el mundo ante mis ojos, no ver nada, dormir y despertar más tarde para descubrir que estás ahí y me observas en silencio.
Donde me hallo me encuentro ensimismada por ausencias, estoy llena de silencios que no dejan de hablarme de ti, estoy llena de sombras, estoy llena de luces, de luciérnagas que me transitan a deshoras, y estallan en torrentes de espasmos que me trasportan a lugares inimaginables. Estoy llena de ti, estoy en todos tus sueños, me planto en tu recuerdo, me lleno con las formas de tu cuerpo. Hay fantasmas que me persiguen en cualquier sitio, hay ríos naranjas que no se quieren coser a la tierra. Hay noches de luna, hay delirios con sur, y gatos. Hay notas de jazz que vuelan, hay un piano que suena en una noche silenciosa, hay una tarde lluviosa sin nubes. Hay tantas cosas que se salen de la imaginación. Las letras se escapan por las esquinas de las paredes de este papel. Suben y bajan como si estuvieran en una montaña rusa. Es tan fácil imaginarlo maga.


Texto: Virginia Fernández “Un atardecer color ocre en la vida de la maga”

sábado, junio 02, 2007

Él y ella


El hombre la mira despacio mientras bebe una copa de vino. El hombre está serio, fuma un cigarrillo. Detrás de él, en un cartel se lee: prohibido fumar. Ella mira hacia otro lugar, su mirada se escapa de allí, sale por la ventana hacia un lugar no muy lejano que dejó atrás al caminar sólo un par de manzanas. Ella está de espaldas a él. Él está sentado. Ella está sonriendo, es una sonrisa amarga que se le sale por los labios pintados de rojo. Él se escapa de su línea de visión. Ella está de pie frente a la única ventana que tiene el local. Desde la ventana se ve una calle mojada, en los charcos se refleja la luz de la calle, una pareja solitaria pasea por la calle abrazándose. Él vuelve a beber otro trago, se lleva la copa a los labios despacio. Ella no sabe que él está allí. El local está iluminado sólo por una luz tenue, hay mesas redondas y bajas. Ella lleva vestido negro con volantes, va descalza, tiene una mancha de nacimiento en el pie que no se ve. Él conoce esa mancha. Él está enamorado de ella, ella no lo sabe. Se oye una música de guitarra que sale de un tocadiscos viejo. Al lado de ella hay un tablao con una silla, el tablao permanece en penumbra mientras el hombre la observa, el tablao se ilumina en una pequeña luz, un hombre sube con una guitarra y se sienta en la silla. Ella sube al tablao, lleva el pelo suelto, la música del tocadiscos para, empieza a sonar un solo de guitarra, el público se estremece, ella comienza a bailar, todos callan, sólo se escucha la guitarra. El espectáculo termina.
La gente empieza a aplaudir poniéndose en pie. Él se levanta, la besa.


Texto: Virginia Fernández “Él y ella”
Foto: Manuel Gallardo “Prohibido fumar”

viernes, mayo 18, 2007

Cosas de domingo en Barcelona

Barcelona, 22 de Abril, Avenida Diagonal, 9 ½ horas. Marcho de casa para no aburrirme, me encuentro con una chica argentina de veintiún años perdida, recién llegada de su país el día anterior. Me pregunta si conozco algún hotel recién inaugurado, me cuenta que ha acompañado a su madre al trabajo, había querido conocer Barcelona. No tiene plata, ni ningún número de teléfono, ni dirección alguna, sólo recuerda que salieron en taxi de Belbiche. Después de dudar si pudiese ser verdad o mentira, pues parece una historia de sketch de televisión de humor. Le insisto que intente recordar algo, me dice que hace tres horas que está andando cuadras, me pide ayuda, le ofrezco una tarjeta de metro, me pide 20 céntimos para hablar por teléfono a Argentina, a un hermano. Después de intentar llamar a cobro revertido, le pregunto que qué hora será en su país, me responde que las cuatro de la mañana. Cómo le iban a contestar, con cuánto dinero se llama a Argentina! Comenta que en su país cuando se pierde algo se pone un vaso hacia abajo. La invito a un café cortado con pasta para reponer fuerzas en el café del príncipe, o similar. He estado contigo alguna vez en este bar entre la Rambla Cataluña y la Diagonal. La acompaño al metro a buscar un mapa. Al ser domingo no hay personal, sólo máquinas expendedoras de tickets. Le insisto si recuerda algo, ya que después del cortado gira la taza hacia abajo, responde que Paseo de Gracia, no recuerda el número, decidimos ir hacia la plaza Cataluña mirando las calles laterales, nada. Después de quedarse mirando con ojos grandes la tienda de Louis Vuitton, llegamos al Corte Inglés, Plaza Cataluña, cogemos el metro hacia Belbiche dice que recuerda haber pasado con el micro por ese sitio, será lo de la taza. La dejo en la puerta de su familia, dándome mil gracias, con la única amonestación de que al ser mañana 23 de abril, día de San Jorge en esta tierra, el chico regala una flor. Me voy de allí pensando si todo es verdad, o con la duda de si será mentira.

Virginia Fernández “Cosas de domingo en Barcelona”

jueves, mayo 10, 2007

Para despistar


Para despistar a las distancias me traslado a un sur del mundo, puede ser cualquier sur, a cualquier hora de una noche oscura de invierno, viajo a contra-reloj en forma de micro-universo, lanzo señales interoceánicas que alcancen mi destino, que te alcancen a ti, que te lleguen . Para despistar al sol me alejo de la materia física interestelar, me zambullo en miles de estrellas en las que buceo sin ser visto hasta llegar a ti, lo consigo, es bello lo que encuentro.
Observo a la luna en esa distancia impar que nos envuelve, en un mundo redondo y triste. Lanzo una boomerang azul intenso como contraseña, y para crear materia te adivino a contraluz en una noche sin luna.
Para engatusar a las distancias te viajo de norte a sur, por esos despistes míos de la imaginación. En la imaginación no hay fronteras, ni muros de Berlín. En la antesala de la imaginación me encuentro por lo tanto, justo antes de la media noche, antes de dormir, y te cuento que recorro de arriba abajo pasos que otros anduvieron antes. Te miro, te reinvento de mil formas, te pienso, te observo desde aquí, y hasta te espero toda una vida si me dejas, y así logro persuadir a esa distancia, distancia caprichosa , que al fin y al cabo es como tú. Capricho del destino será encontrarte, y al final consigo viajar a la velocidad de la luz, y aparecer a tu lado, así de fácil.
Para despistar al arte que te envuelve me convierto en cualquier instrumento de música alocado, que suene al ritmo de unas palmas que son manos que acarician oídos al hablar, que sea noche de luz de candil. El despiste al final es tal, que al amanecer ya no recordarás nada, ni sabrás siquiera donde estás.

Texto: Virginia Fernández “Para despistar”
Foto: Jesús Fernández “ Dando vueltas”

martes, mayo 01, 2007

1 de Mayo gravitando


Gravitar no es caer, ni descender, tampoco es tiritar, ni pulular. Gravitar es acercarse. Gravitar es la atracción de dos cuerpos, o el movimiento de un cuerpo por la atracción de otro. Por ejemplo gravitar se puede decir que es como hacer parapente con alguien en un lugar que sea naranja y plano, y ese alguien ser tú. Gravitación versus paracaidismo, y acercarse a ese alguien despacio y girar alrededor de él por la atracción de un cuerpo hacia el otro. Pero no todos los cuerpos se atraen, por lo tanto no todos los cuerpos hacen parapente y gravitan a la vez en un paisaje plano y naranja.
Por otra parte el parapente es una modalidad de paracaidismo deportivo que consiste en lanzarse desde una pendiente muy pronunciada con un paracaídas desplegado y efectuar un descenso controlado. Por lo tanto tenemos dos ideas, una: descenso controlado y dos: atracción. Me quedo con la segunda idea. Así mismo tenemos palabras como gravitar, atracción, cuerpo, naranja, paisaje, plano, descenso, paracaídas, pendiente. De entre todas me quedo con la primera, es decir gravitar. Llegados a este punto elijo atracción como idea y gravitar como palabra. Resumiendo gravitar es moverse por la atracción gravitatoria de un cuerpo hacia otro, como dos astros tiritando a lo lejos y buscándose en la distancia. Copérnico estableció la idea de un sistema de planetas que gravitan alrededor del Sol . El Sol aparece aquí como centro de todo, no siempre es así. Como veis gravitar se puede definir de muchas maneras, pero una de las definiciones por las que me inclino más es aquella que dice que mi cuerpo gravita alrededor del tuyo en la misma proporción de ida y vuelta, de manera absoluta, infinita, elevado a una potencia inimaginable, podría decirse que elevado a una potencia casi casi malabar.

Texto: Virginia Fernández “1 de Mayo gravitando”
Foto: Manuel Gallardo “1 de Mayo”