sábado, marzo 15, 2008

Días-silencio

Los días-silencio son un perfecto diapasón sin la nota sol. Los días-silencio están cargados de formalidad y pajarita. Son hombres peinados con raya a la derecha, y por qué no, son días con traje y corbata, pueden ser un ordenador portátil lleno de balances cerrados, o incluso lleno de tablas perfectas que no formen palotes, ni nada. Los días-silencio llevan maletín, y portan números contados en filas perfectas formando cuentas de pérdidas y ganancias con un título que diga: PyG. También son tipos serios con pelo blanco sin un ápice de sonrisa, resultado de muchas horas frente a un libro en blanco que emite un sonido parecido a nanananá. Son días rubios, limpios y sin manchas. Mis días-silencio son camisas planchadas, con botones que no se caen, y por lo tanto no necesitan aguja ni hilo para coser. No hay charcos en los días-silencio, ni botas con cordones-pulsera, no hay lluvia sin paraguas, ni frío sin abrigo. No hay París, ni humedad en las paredes. Todo brilla con un cierto y magnifico aire de perfección, porque no hay olor, pero sí color blanco, blanco pálido y figuras que se deslizan silenciosas. Los días-silencio me cuentan atardeceres, noches, y días enteros, si los miro fijamente creo que se burlan de mí. Los días-silencio no me gustan mucho, y sinceramente creo que cada vez me gustan menos.

Texto: Virginia Fernández "Días-silencio"
Foto: Manuel Gallardo

sábado, febrero 23, 2008

El Teatro Patas Abajo

El Teatro Patas Abajo anda loco por el mundo, anda loco por tejados que dejaron de mirar al mar. El Teatro Patas Abajo tiene miedo a caer de un alambre de circo. Y sí, es lo que estás pensando, vive ahí en el alambre, y lo hace por ti. Yo creo que eso sí que es romántico, y me llena la cara de churretes cuando no me doy cuenta, pero no importa, porque también tiene algo llamado Sonrisa, y por eso nada más, vale la pena. Es una sonrisa interestelar en un suelo rematadamente artista, y resulta que en él, hasta el Rey Momo anda medio cuerdo, porque ni él entiende lo que pasa, y eso es lo peor que le puede pasar a un Rey. Realmente yo creo que no hace falta entender, pero lo que sí sé, es que cuando lo veo aparecer algo me cambia el sentido de las agujas del reloj, y el tiempo va al revés, y se baila tango en las calles del amor.
Vivir sin Teatro Patas Abajo, sinceramente sería como si no saliera la luna y se reflejara en un charco, como un día mudo, o gris, o un día sin palabras, como un aparato de radio roto, como si no hubiera locales cutres donde poder conversar, o no sé.
Hoy la luna llena me vacila y me guiña un guiño con algo de ti, y se refleja en mis ojos, me cuenta risas, y susurros, y una palabra con magia antes de dormir. Pero otras veces la noche se viene silenciosa y muda. No entiendo muy bien a este Teatro Patas Abajo, aunque no me hace falta porque sé que tú estás en él, y con eso me basta.



Texto: Virginia Fernández

jueves, febrero 21, 2008

De mecanos y arandelas

Yo no quiero ser un mecano, no quiero ser piezas, ni metálicas, ni transparentes. No quiero ser tuercas, ni arandelas, ni tampoco formas infinitas. A mi no me gustan los libros de instrucciones con letra pequeña, no me gustan las instrucciones made in Taiwan, o escritas en alemán, a mi no me gustan tus textos románticos. Yo no quiero ser formal, no quiero formalidad a tu lado, formalidad espectral, oscura azul, casposa y bastante tonta. No quiero tener piezas del mundo entre mis manos, no quiero ser pedazos de algo, de tiempo, de espacio, ni sueños contados, ni noches, ni nadas. No quiero ser tupé, ni punta tacón, ni nada de eso, ni montaña rusa, ni feria, si no se llama Risa. Yo, la verdad, lo único que quiero es verte bailar para mí alguna noche cuando el tiempo se pare en este espacio infinitesimal y cuadrado.


Texto: Virginia Fernández

sábado, febrero 16, 2008

La mímica de la calle y mí.


A mí me gusta la mímica de la calle, me parece preciosa porque es fotografía en blanco y negro, porque es fría, pero mimo, es arte, es alternativa hasta la saciedad. Pero sobretodo, cuando más me gusta es cuando la dibujas en un papel una tarde cuando el sol empieza a caer, justo al anochecer y me lo cuentas sentado, despacio, fumando un cigarrillo, con los ojos entornados. La mímica de la calle me cuenta un autobús con parada obligada, hay una noche y lluvia, hay gente corriendo con paraguas y niños mojándose. Hay chaqueta con capucha, hay gafas, y risas, hay cielo, y no hay gorro, ni invierno, ni frío, ni blanco pálido que se calló de una postal de una ciudad llamada Almería, cuando la lógica exacta dijo tu nombre, cuando la lógica exacta te vio aparecer en un lugar llamado Palabras. Y cuando lo dijo sonrió y apareció de nuevo un mimo en la ciudad, un mimo llamado Ciudaz, con la cara pintada de color blanco. El lugar se casó con un puzzle con las fichas del amanecer, y sonrió porque el puzzle se llamaba Poulin y era por supuesto del color de la naranja, y era precioso. Por eso me gusta tanto la mímica de la calle, ya ves.

Texto: Virginia Fernández
Montaje fotográfico: Manuel Gallardo

miércoles, enero 30, 2008

Razones varias

Porque debería estar prohibido escuchar a Antonio Vega. Porque tú tendrías que estar prohibido para mí. Porque te haces necesario en cada trazo de minuto que pasa. Porque no sé estar sin letras debidamente ordenadas en un orden. Porque te gusta Cortázar, porque me gusta su soledad, porque prefiero estar tranquila escuchando un disco que rodeada de gente. Porque no escarmiento ni a orden ni a letras, ni a nada. Porque no quiero quererte, porque quiero prescindir de mi gusto. Porque prescindirte es tedioso, porque te haces real, porque no quiero pensarte, porque te me apareces, porque te odio, porque estás, porque te añoro. Porque tienes manos, y pensares varios, y razones. Porque tienes razones escondidas en latas y me las das. Por eso.


Texto: Virginia Fernández. “Razones varias”

lunes, enero 21, 2008

Antigua vocación

Una antigua vocación me espera gratamente a altas horas de la noche, es una vocación escrita con los trazos de un frío desolado, pintada con los colores del barrio más pobre de una ciudad del sur. Pobreza, sur y desesperación a altas horas de la madrugada forman figuras que se desdibujan y no acabo de entender. Delinquir a tu lado no es nada aconsejable, pero es tan altamente recomendable, perjudicial para mi salud trasnochada, trastocada. Sólo sé que es una batalla perdida de antemano.

Texto: Virginia Fernández

viernes, enero 11, 2008

Universo

Ese espacio infinito llamado tú. Ese espacio único e intransitable quizás. Inmenso, metafísico, cosmos, universal. Inmensidad de todo, espacial. Nada. Tú y yo. Donde mí, ya casi ni soy yo. Sino tú. Universo.

Texto: Virginia Fernández

martes, enero 08, 2008

Compartir




Él compartía con ella dudas y preguntas de esas que no tienen respuesta, de las que se hacen al azar y sin esperar respuesta.
Él compartía con ella noches de insomnio y sueños.
Compartía mañanas escogidas y tardes de vapor, mariposas.
Pero resulta que un día compartió el no querer querer, y no querió más queriendo, entonces ella murió.

Texto: Virginia Fernández
Foto: Manuel Gallardo

sábado, enero 05, 2008

De lunares

Papeles olvidados por el tiempo, nos recuerdan que estamos vivos, nos recuerdan todo aquello que olvidamos. Papeles arrugados por los bolsillos me recuerdan que alguien existe en mi memoria, aunque no esté, lo pienso, y eso ocurre a cada instante sin orden ni concierto. Papeles extranjeros extraviados en cajones me recuerdan a una noche de magia por calles mojadas y paseadoras.
Hay un lugar en la memoria para el olvido. Hay un atardecer preparado para el amor, hay gatos, y un lunar pintado en una luna.

Texto: Virginia Fernández “De lunares”
Foto: Manuel Gallardo

viernes, diciembre 14, 2007

Lista de tí


Te dejo un trozo de música
pintado en un colchón.
Una tarde de escalofríos
me espera a tu lado.
El día se torna gris, y melancólico,
alcohólico y metafísico.
Atardecer de nadas,
río de sentimientos.
Noches de lunas,
Malabares insomnes.
Cicatrices pequeñas,
ojos.
Lugares inciertos,
fríos discretos.
Colores naranjas,
y manos.
Espuma azul,
respiración entrecortada,
risas.
Sábanas,
amanecer adormilado.
Siestas trasnochadas.
Y tú.

Virginia Fernández “lista de ti”
Foto: Manuel Gallardo

martes, noviembre 27, 2007

El guitarrista Cero

El guitarrista Cero sabe de noches desoladas y frías. Actúa bajo el manto de la noche azul de un local llamado Loro. Tiene en su cara algo parecido a una sonrisa, lanza una especie de mueca o guiño hacia su amigo con gafas que lo observa desde la barra, éste recoge la mueca y le corresponde con una mirada incierta y amistosa. Mientras su público lo abandona a la misma velocidad que sus acordes caen de una guitarra que ni siquiera recuerda el día en que nació.
El guitarrista Cero sabe que el mundo está ya de vuelta, harto y cansado. En el fondo cree que no le importa, pero un amago de tristeza lo delata por las comisuras de sus labios. Hace un intento de cantar, le gusta estar allí, se sienta en un taburete con chicle que también le gasta una mala pasada, mira hacia un lado, hacia otro, disimula y vuelve a sus acordes. Lleva sombrero y amargura, y en algún momento de la noche si nada cambia se preguntará por qué está allí. Unas risas al final le devolverán las ganas de seguir tocando algo parecido a rock & roll. Mientras dos gatos se besan en la puerta de un local llamado Loro.

Texto: Virginia Fernánadez “El guitarrista Cero”
Foto: Manuel Gallardo

miércoles, noviembre 21, 2007

Otro mundo es posible

Foto: Manuel Gallardo

jueves, noviembre 01, 2007

Efectos secundarios

Tengo efectos secundarios de verte, de tenerte, de no tenerte, de expresarte, de condicionarte, de vivirte. Por qué quererte.
Calles mojadas y paseadoras. Requiebros al amanecer, y de mar. Afonía de no besarte. Abrazos.
Tengo efectos secundarios alegres y risueños, resueltos, existentes, mundiales, de pronóstico reservado. Efectos secundarios de abrazarte, de olerte, de besarte.
Aunque no lo creas, existe una recuperación a este sentimiento, es una recuperación proporcional al número de noches que van pasando, sin lunas con lunares y vinos moleculares.
Hay una recuperación y una reconciliación de la piel sin palabras, sin excusas, ni postdatas. Sin adioses.
Este amor nuestro, civilizado e infantil, incorpóreo. Este amor nuestro sin prisas, ni grandes exigencias, es a veces en sí mismo mi propio efecto secundario, y tus ojos.
Por qué soñarte. Por qué quererte, para qué. Pero sobretodo por qué.


Texto: Virginia Fernández “Efectos secundarios”

jueves, octubre 25, 2007

Mente de cosas


Retazos de ti en mente.
Retales de un tú idealizado.
Trazos de papel sin tinta
ocres y naranjas .
Retazos magoidales
retales de una sonrisa.
Arañazos malabaristas de gato
en una ciudad llamada Norte.


Virginia Fernández “Mente de cosas”
Foto: Manuel Gallardo

miércoles, octubre 17, 2007

Cuadro de Renoir en un pensamiento de mujer


En una ciudad llamada Noviembre vago, salgo a pasear, oigo llover, y estás tan lejos.
A veces cierro la ventana para poder imaginarte mejor, para que el cielo oscuro no entretenga con sus parpadeantes vuelos mi imaginación, y me deje pensarte, porque necesito pensarte y ordenarte. Eres un caos vagando en mi mente.
Camino bajo la lluvia con paso firme, y me voy colando en todos los charcos que veo a mi paso. Avanzo hacia un mundo ajeno al nuestro, ajeno al que conocemos y vivimos todos los días. Y el mundo me cuenta secretos, secretos de ti, secretos naranjas, y cuadrados, a veces incluso romboidales. El color aparece sin saber por qué entre las letras, letras a las que se le caen las tildes por ser coquetas.
En una ciudad llamada Noviembre a veces pienso que el mundo este nuestro y redondo anda loco, porque nunca están las cosas donde deben estar, pero por otra parte si estuvieran en el lugar adecuado tampoco me convencería. Así que me conformo con intentar arreglar mi círculo vicioso que te envuelve y me envuelve a la vez, para que al final seamos iguales.
En una ciudad llamada Noviembre vago por calles, rincones, pasos que otros anduvieron, desando otros pasos antiguos y olvidadizos. Descalza poso para ti en la imaginación, tengo encuentros inesperados, y abrazos de otros ojos diferentes a los tuyos.
En una ciudad llamada Noviembre no estás, paseo con ojos, con libros, con historias para no dormir, la ciudad me llama y me despierta.
Escampa en Noviembre, y es de día.
La ciudad descorre las cortinas, y abre la mañana como sorpresa. La ciudad es un caos. La lluvia vuelve a caer, moja las calles.
En una ciudad llamada Noviembre te echo de menos, me enamoro.

Texto: Virginia Fernández “Cuadro de Renoir en un pensamiento de mujer”
Foto: Manuel Gallardo

sábado, octubre 06, 2007

Respuesta a un poema llamado te guardo, mezclado con algo de un cubano que conocí.

Te guardo en un rincón de un sitio, en un lugar pequeño de la casa, en un lapicero, o en un estuche. Podría decirse que en un lugar del mundo, detrás del lugar menos pensado, en una estantería imaginada al azar de una biblioteca de una ciudad pequeña, en una orilla de mar. En el sitio más recóndito, en una taza de lata, en un papel arrugado, en un techo a secas, en un caballito de mar, en una luna imaginaria. Y claro, estás ahí reivindicando tu espacio temporal, y material. Cómo no, asomándote a la vida, de puntillas, describiendo hipérbolas con sabor a sal.
Te guardo en un mundo sin fronteras, en un mundo sin guerra, sin dogmas impuestos, sin persuasiones, ni religiones.
Te guardo en un instinto, en una esquina pintada de rojo, en el azar de la vida, en unos anteojos usados, en unos vaqueros, en una calle suburbial y a oscuras, en una calle mojada, en tu calle del sur que te espera. En una historia leída, en una historia imaginada, en un libro de poesía de un escritor llamado Alexis Díaz Pimienta, en un libro en cuyo título aparezcan las palabras lluvia y Almería, en unos versos que digan como la canción cosas bonitas, como que vendrás a maullarme bajo mi ventana, o como que en tu ciudad no cae el amarillo como de un cuadro de Van Gogh. Te guardo en una ciudad llamada La Habana, o en una isla llamada Cuba, en un océano de distancia, en una librería de un lugar llamado Viñales, en un pueblo perdido. En tantos sitios a la vez que no puedas imaginarlo, en un fondo de mar, en un rincón de un sitio, en un lugar pequeño, en una estantería, o en un lata de té.

Texto: Virginia Fernández “Respuesta a un poema llamado te guardo, mezclado con algo de un cubano que conocí”

martes, octubre 02, 2007

Pintura




Cuadro seleccionado en IX Concurso de pintura rápida "Virgen del Rosario" en Roquetas de Mar, (Almería).

30 de Septiembre de 2007


pintura: Manuel Gallardo

martes, septiembre 25, 2007

Relato coloquial sin motivo aparente

Esto es un relato coloquial sin motivo aparente por muchas razones, pero sobretodo porque estás solo, haces tu vida, caminas, trabajas, duermes, respiras, y sigues que es lo importante. Piensas en alguien, en qué estará haciendo en este preciso momento, si pensará en ti, si se habrá acostado, si leerá, si estará tomando un baño, o estará sentado frente al mar, si es importante para ti. Nosotros seguimos con la vida. Comemos, tomamos café, hablamos por teléfono con alguien, con nuestra abuela que nos hace reír a carcajadas cuando nos cuenta que el señor del butano le propuso hacer el amor después de tomar café, que su hermana está echa un carcamal y que cada cuál haga de su capa un sayo que es lo que toca y lo que se debe hacer.
Claro después de esto no podemos hacer otra cosa que ponernos a escribir sobre ello, es lo que hay. Esto nos recuerda que todos al final somos iguales, y estamos solos. Si te paras un segundo, si lo piensas un poco ayer no estabas solo, hoy sí, pero al final es lo mismo. A veces se me puede ocurrir cualquier cosa en esta circunstancia, como por ejemplo que da igual dónde estemos, o cómo, o cuándo, realmente da igual, y no es tan grave lo que suceda, nunca lo será porque al final es lo mismo, al final todos somos la misma mierda de siempre. Nos seguimos levantando por la mañana, tenemos nuestros sueños, nuestras desidias y pensamientos varios, nuestros alborotos, alegrías, penas, llantos, desesperación, e incluso magia. Tenemos magia en la esquina de nuestra casa cuando llueve y sale el sol, o hace frío, y también cuando llevamos bufanda de colores larga, que nos arrastra hasta los pies, o vemos a un titiritero, y somos al final felices, porque sí.


Texto: Virginia Fernández “Relato coloquial sin motivo aparente”

lunes, septiembre 17, 2007

Adjetivos de ti

Eléctrico, eleático, concéntrico, fugaz, incomunicativo, incoherente, irreal, real, contradictorio, idóneo y antagónico.
Tal vez extremado, independiente, innecesario.
Quizás solo, autista.
Definirte es casi imposible, pero esa sería mi definición, la definición general y subjetiva de tu azar ensimismado si la hubiera. Ausente y perspicaz, tal vez lioso, liante, en ocasiones descarado.
Es difícil, como difícil será encontrarte en este mundo con recuerdos a sal.
Tal vez me encuentre en el camino que siga los pasos acertados, o no. No sé, quizás se alejen de algo con sentido.
La cosa es que todo se vuelve real de repente.
Es tan natural encontrarte sentado en cada cruce de las esquinas de una cabeza de un tal Pablo Picasso.
No es nada natural encontrarte sentado frente a mí, o mirarte a los ojos, no es nada natural verme en ellos.
Ni tampoco asustarse. Ni que existan caras de payaso o de mimo todo el rato, y risas a la nada, o de nada. Y claro cuando llueve el maquillaje de mimo se borra, y aparece una cara redonda y triste. Pero no estás solo, aunque exista la sensación del payaso Garrik en ti mismo, aunque todo indique lo contrario, aunque el mundo sea afónico, o sin voz, que es más poético.
Y el caso es que la cosa se vuelve real de repente, y andas a traspiés, a cada paso, es como una rayuela. Y te vuelves eléctrico, como debe ser, y claro también eleático, incomunicativo, incoherente, tú, idóneo, antagónico, y eres idealizado, como siempre. Otra vez aparece por aquí el deber ser, en un rincón, y todo ello para que seas casual, juicioso, repeinado, pero no, mejor todo lo contrario, mejor para que seas irresistible y en ocasiones amante.


Texto: Virginia Fernández “Adjetivos de ti”
Foto: Daniel Ortega “Rayuela”

lunes, septiembre 10, 2007

Descripción de una ciudad llamada: Habana




El vacío original, el vacío irreal, o simplemente el vacío a secas, la idea de precipicio bajo nuestros pies, y caer, descender lentamente como el que se deja caer en un banco de piedra para descansar. Nada es de golpe, nada excepto la muerte.
Allí se muere al amanecer, uno se va dejando morir poco a poco desde temprano, pero es en el momento del amanecer, de vislumbrar los primeros rayos de sol cuando se muere de verdad, de una sola vez, para luego volver a nacer poco a poco, y lentamente, para poder contemplar la belleza que te envuelve, inapreciable belleza, mezclada con un sabor agridulce.
En sus calles podrás encontrarte conmigo, hecho casual como pocos, conversarás conmigo en un idioma incoherente sin saber que soy yo. Escucharás en silencio el rumor de las olas. Mirarás al horizonte de mar con ojos de nostalgia. Después en cualquier ciudad del mundo le encontrarás sentido a algo, y sonreirás. Cómplice y casual. De nuevo, casualidad.
Allí hay hambre. Vida y muerte se dan cita en sus calles. Es algo habitual encontrarte en cada esquina de papel, un cigarro enlatado en pobreza.
Al final, todo es igual, en todas partes, por lo tanto al final como un esperanto casual entenderemos la circunstancia como un todo, así me encontrarás, pensando en ti, al igual que tú en cualquier tejado de esta ciudad lejana al otro lado del mar.

Texto: Virginia Fernández “Descripción de una ciudad llamada: Habana”
Foto: Manuel Gallardo