Me hechizaste la imaginación
con los susurros que saben a mar,
aprendiste a pasear por los tejados
que tocaron alguna vez
una canción de cuna.
Habitaste mis noches de sur y frío,
caminaste a mi vera para bailar
un tango al amanecer mirando al mar.
Abrigaste el frío con tus manos,
aprendiendo a abrazar como un niño.
Colocaste el corazón en un sitio
diferente al color de la piel,
para llevártelo en forma de pulsera
por caminos que viajan a través del blanco
del amanecer.
©Virginia Fernández “hechizo”
lunes, febrero 16, 2009
jueves, febrero 05, 2009
Memoria
Puede que sea tarde para la memoria,
no nos quedan ojos, ni manos,
el tacto se quedó atrás en el tiempo,
jamás vi tu sonrisa.
Cuando amanezca en mi noche,
tú estarás partiendo hacia
ninguna parte.
El arco iris amanece en blanco
y negro en mi ciudad,
Mientras, el tiempo no
me reconoce, cambié de noche,
jamás me acosté a tu lado,
pero una nota de
de jazz dibujó un corazón
en algún tejado con guiños
de sonrisa de niño.
© Virginia Fernández “Memoria”
no nos quedan ojos, ni manos,
el tacto se quedó atrás en el tiempo,
jamás vi tu sonrisa.
Cuando amanezca en mi noche,
tú estarás partiendo hacia
ninguna parte.
El arco iris amanece en blanco
y negro en mi ciudad,
Mientras, el tiempo no
me reconoce, cambié de noche,
jamás me acosté a tu lado,
pero una nota de
de jazz dibujó un corazón
en algún tejado con guiños
de sonrisa de niño.
© Virginia Fernández “Memoria”
lunes, enero 19, 2009
Consideraciones estelares y lunáticas
Anduviste las mañanas del sur,
para volver a mirar el color blanco
del amanecer,
corriste en vagones que no
llegaban a ninguna parte,
sólo dijiste adiós desde una de
sus ventanas sin billetes de ida.
Te olvidaste del tiempo sin maletas,
y así volviste a acariciar a la luna de latón,
así las tardes se volvieron de feria,
y lunares, y sábanas.
El color del atardecer esperó,
viendo parpadear
a una estrella tartamuda y pálida,
que quiso coger un trozo de cielo
para regalar,
así te encontré yo.
© Virginia Fernández “Consideraciones estelares y lunáticas”
para volver a mirar el color blanco
del amanecer,
corriste en vagones que no
llegaban a ninguna parte,
sólo dijiste adiós desde una de
sus ventanas sin billetes de ida.
Te olvidaste del tiempo sin maletas,
y así volviste a acariciar a la luna de latón,
así las tardes se volvieron de feria,
y lunares, y sábanas.
El color del atardecer esperó,
viendo parpadear
a una estrella tartamuda y pálida,
que quiso coger un trozo de cielo
para regalar,
así te encontré yo.
© Virginia Fernández “Consideraciones estelares y lunáticas”
jueves, enero 15, 2009
viernes, enero 09, 2009
Contar
Podría estar contándote toda la vida,
acariciar tu sonrisa,
escucharte respirar,
mirarte dormir.
Podría decirte todo esto una noche
de verano,
pero no, no lo hago, porque no dejarías
de mirarme.
© Virginia Fernández “Contar”
acariciar tu sonrisa,
escucharte respirar,
mirarte dormir.
Podría decirte todo esto una noche
de verano,
pero no, no lo hago, porque no dejarías
de mirarme.
© Virginia Fernández “Contar”
jueves, enero 08, 2009
Paisaje de invierno
Hoy el paisaje es azul grisáceo
y suena tu canción,
el atardecer atardece de gotas contra la ventana
en el barrio que te gusta,
y el mar suena desde aquí hacia un lugar perdido
en una tierra que tiene color naranja, sol
y media luna, y días sin sonrisas de niños.
Aquí hay caracolas con música,
y cubos de Rubik
hay día redondo de nube de Magritte,
y silencio,
escucho tambores a contratiempo.
Hoy ya es mañana y empieza a amanecer.
© Virginia Fernández “paisaje de invierno”
lunes, enero 05, 2009
días
Hay días en los que los días no se llaman días, se pueden llamar pereza, o diapasón, o también puede que se llamen esterilla de la playa, aunque en invierno no creo que sea éste un buen nombre para los días, tan arrogantes ellos, mirándote fijamente, sin parpadear, días en su mayoría vestidos de nube ambigua, pobres días tristes.
Hay días en los que los días no tienen nombre, ni tienen apellido perfecto, ni pretérito, ni atemporal, y se llaman escombro, guerra, o rareza, pero también imagino que a veces se llamarán día luminoso y ese día me imagino que desayunarán con edredón, café y tostadas.
© Virginia Fernández “Días”
Hay días en los que los días no tienen nombre, ni tienen apellido perfecto, ni pretérito, ni atemporal, y se llaman escombro, guerra, o rareza, pero también imagino que a veces se llamarán día luminoso y ese día me imagino que desayunarán con edredón, café y tostadas.
© Virginia Fernández “Días”
miércoles, diciembre 24, 2008
Pareceres

No me interesan
las líneas limítrofes
que no te rodean,
ni siquiera si son
del color del mar.
Nunca me interesaron
los árboles terrenales,
ni los días sin lluvia,
ni el olor a pincel.
No me acomodan
para nada los días sin ti,
ni el color de la luz
que atrapa una mano
distinta a la tuya.
No quiero mantas,
ni manos,
ni tacto,
ni aroma.
No me interesa
para nada bailar un vals
sin música de orquesta,
ni tus vaqueros,
ni nada.
© Virginia Fernández “Pareceres”
domingo, diciembre 14, 2008
Desintoxicación
Odio al tiempo y a la
distancia que pasa
lentamente sin tus horas de ti.
Odio tus decisiones
rotundas, meditadas
sin un té al anochecer
en los sitios donde se
pierden pendientes,
y donde las manos tiemblan
al mirar los relojes
con ojos infantiles.
Odio tus maneras,
tu chaqueta de rayas,
tu pañuelo regalado.
Odio las cláusulas,
y los pactos,
los edredones.
Odio el contacto de tu piel.
No me hace falta que
leas en mis ojos.
Odio de una manera
sobrehumana las horas que
pasan sin acordarse
que en un rincón con calles
en forma de río, una cabeza piensa
en gris si no tiene a tus
ojos delante.
© Virginia Fernández “Desintoxicación”
distancia que pasa
lentamente sin tus horas de ti.
Odio tus decisiones
rotundas, meditadas
sin un té al anochecer
en los sitios donde se
pierden pendientes,
y donde las manos tiemblan
al mirar los relojes
con ojos infantiles.
Odio tus maneras,
tu chaqueta de rayas,
tu pañuelo regalado.
Odio las cláusulas,
y los pactos,
los edredones.
Odio el contacto de tu piel.
No me hace falta que
leas en mis ojos.
Odio de una manera
sobrehumana las horas que
pasan sin acordarse
que en un rincón con calles
en forma de río, una cabeza piensa
en gris si no tiene a tus
ojos delante.
© Virginia Fernández “Desintoxicación”
miércoles, diciembre 10, 2008
Vocación
No sé por qué nació de repente
esta vocación que mira hacia ti,
no sé si fueron tus maneras,
o si ese día unas gotas estratosféricas,
y redondas
golpearon en la ventana,
pidiendo un hueco donde acurrucarse.
No sé si esta vocación guiada
hacia ti, tiene que ver con Gustav Klimt,
o con El beso, o ciertamente con Danae,
no sé si fue René Magritte,
o su bombín de las cinco,
o incluso pudo ser Salvador Dalí
abrazado a su amante.
Realmente no sé si nació del jazz,
o de tus ojos,
pero el caso es, que esta vocación
inconclusa, y sin sentido,
irremediable, gira hacia ti,
y no puede dejar de mirarte.
© Virginia Fernández “vocación”
esta vocación que mira hacia ti,
no sé si fueron tus maneras,
o si ese día unas gotas estratosféricas,
y redondas
golpearon en la ventana,
pidiendo un hueco donde acurrucarse.
No sé si esta vocación guiada
hacia ti, tiene que ver con Gustav Klimt,
o con El beso, o ciertamente con Danae,
no sé si fue René Magritte,
o su bombín de las cinco,
o incluso pudo ser Salvador Dalí
abrazado a su amante.
Realmente no sé si nació del jazz,
o de tus ojos,
pero el caso es, que esta vocación
inconclusa, y sin sentido,
irremediable, gira hacia ti,
y no puede dejar de mirarte.
© Virginia Fernández “vocación”
miércoles, diciembre 03, 2008
definición
Es ojos,
y lunas,
y también lugares inciertos.
Es otoños,
y mares en calma,
y supongo que
también a veces será huracanes.
Es pestañas,
y mirada,
y estepa solitaria.
Paisajes anaranjados
y planos
en un atardecer.
Es su música de usted
cuando dice de serlo.
Y cómo no, es montaña,
y árboles nevados,
cuando le dá por poner
un tapiz de color blanco
para mirar.
© Virginia Fernández “definición”
y lunas,
y también lugares inciertos.
Es otoños,
y mares en calma,
y supongo que
también a veces será huracanes.
Es pestañas,
y mirada,
y estepa solitaria.
Paisajes anaranjados
y planos
en un atardecer.
Es su música de usted
cuando dice de serlo.
Y cómo no, es montaña,
y árboles nevados,
cuando le dá por poner
un tapiz de color blanco
para mirar.
© Virginia Fernández “definición”
martes, noviembre 25, 2008
cosas para los bolsillos
Castañas para calentar las manos
y bufandas para el frío,
monederos rotos por abajo
y litros de letras que
llenen papeleras en blanco.
Un libro para escribir
renglones cortos,
y un gorro de los de llevar
en las calles que bajan
ríos, de los lugares en
los que alguien quiso
hacer algo parecido
a una canción llamada
Jazz.
© Virginia Fernández “cosas para los bolsillos”
y bufandas para el frío,
monederos rotos por abajo
y litros de letras que
llenen papeleras en blanco.
Un libro para escribir
renglones cortos,
y un gorro de los de llevar
en las calles que bajan
ríos, de los lugares en
los que alguien quiso
hacer algo parecido
a una canción llamada
Jazz.
© Virginia Fernández “cosas para los bolsillos”
miércoles, noviembre 19, 2008
Es tan usted
Es tan usted escuchar su voz cuando está,
escuchar sus letras como arrullo y remolino,
a veces como tristeza y lluvia,
o como gato,
pero siempre tan usted.
A veces se vuelve ingrato, e infinito,
y rizos cayendo sobre su piel,
caricia, mirada, y sonrisa, y ojos.
Me inunda el paladar,
arrastra las ganas hasta llegarle,
le rozan mis labios,
y es tan natural entrar así en su estado de luz.
Es tan usted a veces,
que pienso que es un diluvio, o vendaval,
otoño, hojas secas y paraguas sobre esquina cuadrada,
mimo, fotografía en blanco y negro, invierno,
color pálido, ciudad y tráfico,
gente corriendo, lluvia,
papeles sobre la mesa,
libros, librería en el centro, y sobretodo anochecer
en esquina, o baldosas cuadradas.
Por supuesto tan usted como
un canto de sirenas mirando
una tetera a punto de despertar.
© Virginia Fernández “Es tan usted”
escuchar sus letras como arrullo y remolino,
a veces como tristeza y lluvia,
o como gato,
pero siempre tan usted.
A veces se vuelve ingrato, e infinito,
y rizos cayendo sobre su piel,
caricia, mirada, y sonrisa, y ojos.
Me inunda el paladar,
arrastra las ganas hasta llegarle,
le rozan mis labios,
y es tan natural entrar así en su estado de luz.
Es tan usted a veces,
que pienso que es un diluvio, o vendaval,
otoño, hojas secas y paraguas sobre esquina cuadrada,
mimo, fotografía en blanco y negro, invierno,
color pálido, ciudad y tráfico,
gente corriendo, lluvia,
papeles sobre la mesa,
libros, librería en el centro, y sobretodo anochecer
en esquina, o baldosas cuadradas.
Por supuesto tan usted como
un canto de sirenas mirando
una tetera a punto de despertar.
© Virginia Fernández “Es tan usted”
jueves, noviembre 13, 2008
cosas que pienso
Déjeme que le cuente el
murmullo del mar,
porque no lo va a creer
pero a veces me dá
por pensar cosas raras.
Cosas como que
me descubro pensando
en cómo podría
descifrar un lapicero,
o cómo sería
el magnífico instrumento
musical de su risa.
Se me dá la loca
de pensar en cómo
podría hacer
para que estuviera aquí,
o si sería posible
estar charlando en
una mesa de local
con vela en el centro,
y llevarme en un frasco
la música de jazz que
sale de un saxo apilado
en una esquina.
A veces pienso
por ejemplo,
cómo podría hacer
para verle aparecer
por esa esquina de papel
sin tener cita previa.
O si ese gato callejero podría
darme autorización con firma
para llevarlo a casa.
Pues mire que
todas esas cosas
me dá por pensarlas en
ciertas ocasiones muy
ocasionales.
© Virginia Fernández “cosas que pienso”
murmullo del mar,
porque no lo va a creer
pero a veces me dá
por pensar cosas raras.
Cosas como que
me descubro pensando
en cómo podría
descifrar un lapicero,
o cómo sería
el magnífico instrumento
musical de su risa.
Se me dá la loca
de pensar en cómo
podría hacer
para que estuviera aquí,
o si sería posible
estar charlando en
una mesa de local
con vela en el centro,
y llevarme en un frasco
la música de jazz que
sale de un saxo apilado
en una esquina.
A veces pienso
por ejemplo,
cómo podría hacer
para verle aparecer
por esa esquina de papel
sin tener cita previa.
O si ese gato callejero podría
darme autorización con firma
para llevarlo a casa.
Pues mire que
todas esas cosas
me dá por pensarlas en
ciertas ocasiones muy
ocasionales.
© Virginia Fernández “cosas que pienso”
lunes, noviembre 10, 2008
Por los caminos de ti
Y se está tan bien aquí
escuchando a John Coltrane y a
Miles Davis,
viviendo los días de ti,
los días de frío,
que se hacen noches alegres
o notas de rocío.
El frío se vuelve blanco
pálido, y cristal,
y todo
sigue como debe seguir
por los caminos de ti,
que a veces se vuelven
revolución de notas, o
revolución de letras,
pero al fin y al cabo
revolución,
mientras el humo se abre
paso en un bar,
mientras se vuelve a escuchar
a Charlie Parker
Los pasos de ti
van a mi paso, y se abren camino,
se desentienden del resto
de la humanidad,
y mientras, por los tejados de un sur,
dos gatos se divierten
mirando el espectáculo de la calle
de un sur muy sur,
expectantes de un lunar
que les hace guiños.
© Virginia Fernández “Por los caminos de ti”
escuchando a John Coltrane y a
Miles Davis,
viviendo los días de ti,
los días de frío,
que se hacen noches alegres
o notas de rocío.
El frío se vuelve blanco
pálido, y cristal,
y todo
sigue como debe seguir
por los caminos de ti,
que a veces se vuelven
revolución de notas, o
revolución de letras,
pero al fin y al cabo
revolución,
mientras el humo se abre
paso en un bar,
mientras se vuelve a escuchar
a Charlie Parker
Los pasos de ti
van a mi paso, y se abren camino,
se desentienden del resto
de la humanidad,
y mientras, por los tejados de un sur,
dos gatos se divierten
mirando el espectáculo de la calle
de un sur muy sur,
expectantes de un lunar
que les hace guiños.
© Virginia Fernández “Por los caminos de ti”
viernes, noviembre 07, 2008
no te vayas
Déjame que te lleve de la mano
de este amanecer sin sol,
deja que recorra de arriba a
abajo el lugar que habitó
el olvido.
Recórreme el cuerpo
en curvas dislocadas.
Arroya sin mirar
lo que encuentres a tu paso,
Deja de respirar
sólo un momento,
Acércate a la noche de
un acantilado de sirenas,
descorcha el amanecer a trizas,
no te quedes impasible,
no te olvides de lo que no importa.
Acércate a la verdad sólo de puntillas,
olvida el resto,
no te vayas.
No te vayas, ni ahora ni nunca,
no te vayas.
© Virginia Fernández “No te vayas”
de este amanecer sin sol,
deja que recorra de arriba a
abajo el lugar que habitó
el olvido.
Recórreme el cuerpo
en curvas dislocadas.
Arroya sin mirar
lo que encuentres a tu paso,
Deja de respirar
sólo un momento,
Acércate a la noche de
un acantilado de sirenas,
descorcha el amanecer a trizas,
no te quedes impasible,
no te olvides de lo que no importa.
Acércate a la verdad sólo de puntillas,
olvida el resto,
no te vayas.
No te vayas, ni ahora ni nunca,
no te vayas.
© Virginia Fernández “No te vayas”
miércoles, noviembre 05, 2008
Siéntate a hablar conmigo
Siéntate a hablar conmigo,
déjame que te cuente
una historia sencilla,
ven, vamos
a charlar de cualquier cosa,
cambia de noche y
camina a mi lado,
déjate llevar y cuéntame
la historia de un cuadro,
dime el significado de un
papel en blanco.
Siéntate a hablar conmigo
de cualquier contratiempo,
de algo que no sea
importante,
pero siéntate aquí,
lejos del mundo.
© Virginia Fernández “Siéntate a hablar conmigo”
déjame que te cuente
una historia sencilla,
ven, vamos
a charlar de cualquier cosa,
cambia de noche y
camina a mi lado,
déjate llevar y cuéntame
la historia de un cuadro,
dime el significado de un
papel en blanco.
Siéntate a hablar conmigo
de cualquier contratiempo,
de algo que no sea
importante,
pero siéntate aquí,
lejos del mundo.
© Virginia Fernández “Siéntate a hablar conmigo”
sábado, noviembre 01, 2008
Instalaciones lunares
Ha estado usted mezclado con el papel
y con la noche,
ha besado infinidad de lunas.
Ha sido reinventado de mil formas
a propósito,
y con enmienda.
Ha sido como un caleidoscopio
de color cristal.
Ha vivido al límite entre asfalto
y delirio.
Ha sido gato en otra vida,
ha paseado tejados
de la mano de la muerte,
ha sido multitud de veces yo,
y caballero andante por paisajes
anaranjados,
noctámbulo, paseador de ciudades,
pero sobretodo y sin ánimo de inducir a tupé,
Señor, mire usted,
le digo que las últimas noticias dicen, que
se ha instalado usted acá
a mi lado,
para quedarse.
© Virginia Fernández “Instalaciones lunares”
y con la noche,
ha besado infinidad de lunas.
Ha sido reinventado de mil formas
a propósito,
y con enmienda.
Ha sido como un caleidoscopio
de color cristal.
Ha vivido al límite entre asfalto
y delirio.
Ha sido gato en otra vida,
ha paseado tejados
de la mano de la muerte,
ha sido multitud de veces yo,
y caballero andante por paisajes
anaranjados,
noctámbulo, paseador de ciudades,
pero sobretodo y sin ánimo de inducir a tupé,
Señor, mire usted,
le digo que las últimas noticias dicen, que
se ha instalado usted acá
a mi lado,
para quedarse.
© Virginia Fernández “Instalaciones lunares”
martes, septiembre 02, 2008
ciudad-laberinto en clave de voz
Porque ya después de la llamada, la vida ya no era la misma, subirse al autobús tenía otros matices, otros colores diferentes, nada que ver con el momento justo anterior a esa voz tuya que me transportaba a otros lugares y paisajes. Esta ciudad se convertía entonces en una maravilla de lugar, esta ciudad-laberinto se volvía rectilínea y naranja. La ciudad se convertía en desconocida y dislocada. Se convertía en ciudad de pasajes acompasados, paisajes de noctámbulo, llenos de rincones, espacios abiertos, el mar, pensamientos, presentimientos, ilusiones y un largo etcétera que me convendría no recordar, un ritmo acompasado de mi corazón latiendo rápido, esperando volver a escuchar tu voz ronca y casual, en admiración y con connotaciones de tejado.
Texto: Virginia Fernández “Ciudad-laberinto en clave de voz”
Texto: Virginia Fernández “Ciudad-laberinto en clave de voz”
martes, agosto 26, 2008
Trazo de infancia
Todo era así traslúcido y desfigurado, era trozo de mundo particular. Llenaba el tiempo y hasta el espacio. No sé por qué ese malgastar todo en nadas de esa manera y echar a correr, y era tan breve y tan manso todo, con mucho color eso sí, con mucha imaginación, nos divertíamos con cualquier cosa. La imaginación se desborda cuando eres pequeño, y cualquier cosa puede llegar a ilusionar. Todo parece enorme, rincones por los cuáles hoy, si transitaras, sorprenderían de pequeños.
Esperar a que pasara el calor para volver a salir, jugar en las calles de piedra, rompernos las rodillas al caer, y siempre con heridas en las piernas por los tropezones accidentales mientras bajábamos a contra-reloj. Las zapatillas llenas de polvo, y mucho calor. Nos poníamos negros como carboneros de jugar en la arena. Nuestra madre quería que nos echáramos la siesta, esperar a que todos se durmieran y salir a la calle corriendo bajo el sol de un medio día que cegaba con el blanco de la cal. Todo era infancia trasnochada, infancia poética y abstracta con connotaciones de domingo vestido de lunares.
Texto: Virginia Fernández “Trazo de infancia”
Esperar a que pasara el calor para volver a salir, jugar en las calles de piedra, rompernos las rodillas al caer, y siempre con heridas en las piernas por los tropezones accidentales mientras bajábamos a contra-reloj. Las zapatillas llenas de polvo, y mucho calor. Nos poníamos negros como carboneros de jugar en la arena. Nuestra madre quería que nos echáramos la siesta, esperar a que todos se durmieran y salir a la calle corriendo bajo el sol de un medio día que cegaba con el blanco de la cal. Todo era infancia trasnochada, infancia poética y abstracta con connotaciones de domingo vestido de lunares.
Texto: Virginia Fernández “Trazo de infancia”
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