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domingo, abril 08, 2012

Descripción de una calle

Apagamos las  manos. Dejamos encima del mar marchitarse 
la luna
y nos pusimos a andar por la tierra cumplida de sombra.
Ahora ya es tarde.
_José Hierro_



      Descripción de una calle

Pues está sonando un acordeón en esa calle estrecha que me gusta tanto, que al final tiene un graffiti todo a lo largo en la pared y te transporta y ahí soy tan no mí, tan espectador y proyección de pensamiento y cubo y metafísica y sensación.

Y sobretodo me gusta por la noche, porque adquiere colores anaranjados debido al color de las paredes de las casas. Toda tentativa de explicación fracasa, por una razón lógica, una razón de peso y es que para ser definido tiene que estar dentro de lo definible, y esto no lo está, naturalmente.
Y así es como entro poco a poco en la sensación cubo, sensación contracorriente, sensación gato, sensación mujeres de la calle que miran, sensación líquidos, fluidos, y mirada perdida, evasión, suburbio, estratosfera, cubo, mundial y altamente recomendable.
Y la calle estrecha termina, termina el paseo divertido y salgo otra vez al estado mí, pero totalmente cambiada claro, renovada, reconfortada y transportada por ese sonido de acordeón que sigue sonando, pero que se aleja cada vez más y más. Y dejo atrás el color naranja, a la gente de mirada lejana, al mí ya no cubo, ni sensación, ni metafísica, ni lunar, ni gata. Y la noche suburbial se aleja y al final tú, irremediable final para que todo esté en perfecta armonía universo y gato.
© Virginia Fernández “Descripción de una calle”

domingo, abril 01, 2012

La ciudad que nunca duerme


La ciudad que nunca duerme


E
stas páginas en blanco están inacabadas
por culpa de su voz pausada y dulce,
enteramente culpable del insomnio de esta ciudad marchita,
del asfalto que recorro 
y de los interrogantes.

Esta ciudad que nunca duerme
y que vela frente al mar
en vigilias de lunas que perdieron
el tren en la estación del ayer, me mira desde lejos.

Estas páginas en blanco
como observadoras anónimas del abandono a la noche
y de los temblores que la preceden.

Estas malditas páginas en blanco,
irremediables, insaciables, son y serán el escenario,
que me trae las ganas arrastradas,
y me las muestra ante mis pies desnudos.

Como telón de fondo una música de luna
reflejada en el mar,
que me mira impasible 
y me sonríe al ritmo de frenéticos acordes un tanto lunáticos.

© Virginia Fernández "La ciudad que nunca duerme"