
Eléctrico, eleático, concéntrico, fugaz, incomunicativo, incoherente, irreal, real, contradictorio, idóneo y antagónico.
Tal vez extremado, independiente, innecesario.
Quizás solo, autista.
Definirte es casi imposible, pero esa sería mi definición, la definición general y subjetiva de tu azar ensimismado si la hubiera. Ausente y perspicaz, tal vez lioso, liante, en ocasiones descarado.
Es difícil, como difícil será encontrarte en este mundo con recuerdos a sal.
Tal vez me encuentre en el camino que siga los pasos acertados, o no. No sé, quizás se alejen de algo con sentido.
La cosa es que todo se vuelve real de repente.
Es tan natural encontrarte sentado en cada cruce de las esquinas de una cabeza de un tal Pablo Picasso.
No es nada natural encontrarte sentado frente a mí, o mirarte a los ojos, no es nada natural verme en ellos.
Ni tampoco asustarse. Ni que existan caras de payaso o de mimo todo el rato, y risas a la nada, o de nada. Y claro cuando llueve el maquillaje de mimo se borra, y aparece una cara redonda y triste. Pero no estás solo, aunque exista la sensación del payaso Garrik en ti mismo, aunque todo indique lo contrario, aunque el mundo sea afónico, o sin voz, que es más poético.
Y el caso es que la cosa se vuelve real de repente, y andas a traspiés, a cada paso, es como una rayuela. Y te vuelves eléctrico, como debe ser, y claro también eleático, incomunicativo, incoherente, tú, idóneo, antagónico, y eres idealizado, como siempre. Otra vez aparece por aquí el deber ser, en un rincón, y todo ello para que seas casual, juicioso, repeinado, pero no, mejor todo lo contrario, mejor para que seas irresistible y en ocasiones amante.
Texto: Virginia Fernández “Adjetivos de ti”
Foto: Daniel Ortega “Rayuela”