viernes, julio 13, 2007

Pareceres y contradicciones

A mí me parece que todo es una pequeña contradicción. Contradicción del todo, contradicción de salir a la calle y que te salude una farola, contradicción del poder es querer, contradicción vital. No quiero que todo parezca pero no sea, contradicción: parecer-ser. Quiero que todo a tu alrededor se quede no tranquilo, y sí del color que te gusta: naranja. Que la vida no se adhiera al asfalto. Que los nervios no se te peguen a la suela de los zapatos, que la calle al pasar sonría a los transeúntes. Quiero que no caigan trozos de soles de las azoteas, que las escaleras que bajes no te hagan ruborizarte si se quedan mirándote el pelo. Que el piso en el que te muevas te guiñe un ojo, o el piso sea coqueto contigo, o te agarre de la mano. Que los charcos en la calle te sirvan de espejo, que todo sea nada juicioso, ni rejuicioso, ni repeinado. También que la razón pierda el pulso con la locura, que la locura no sea cuerda de ninguna de las maneras.
Que todo dé vuelta, se tercie revolución, revolución de los sentidos. Que haya un golpe de estado a los gobiernos del aburrimiento, del parecer pero no ser. Y todo esto aparezca mezclado con un helado de limón y chocolate, o un té.
Yo no sabía que no tenerte me traería como consecuencia este pensar de pareceres y contradicciones. Sentarse junto al mar y filosofar. Yo no sabía que este lado cuerdo de la razón se iba a volver loco de tanto parecer, contradicción y filosofía. Yo no sabía que el no tenerte llevaría un signo de igual a la reflexión loquera y locuerda de pensamientos que me traen irremediablemente hasta ti, hasta aquí.

Texto: Virginia Fernández “Pareceres y contradicciones”
Foto: Manuel Gallardo

martes, julio 10, 2007

Tengo una boca muda de no besarte. Y una afonía medioambiental que saltó por un precipicio, quiere decirse que ya no la tengo, no existe, se suicidó. Tengo olor a lluvia entre el pelo, y una ventana para mirar. Por tanto tengo desde mi ventanal algunas cosas. Tengo cómics en lienzos. Tengo mirada y libros. Tengo un cronopio que robaste para mí un día normal. Tengo tus letras metidas en una lata de latón, las colecciono, y un estuche con pintauñas azul. Tengo un extraterrestre en mi terraza que dice todo el rato: cronopio, cronopio, cronopio. Los cronopios son raros, no son insectos, son personas, y van por la acera izquierda de la calle. Tengo estrella por la noche que mira a la ciudad Estambul, y si te asomas un poco se ve. Tengo plantas sin pelos en la lengua que crecen y crecen, y un bambino que me regala pensares. Tengo pensares regalados, y frases que robo. Tengo letras para darte cuyo uso será ir de pulseras enrolladas en muñeca. Tengo unas rayas en un papel, y otro cronopio enroscado por ahí de tamaño superlativo, estratosférico y concéntrico.
Te tengo a ti diciendo reclamo, reclamo, reclamo, reclamo un trozo de calle por donde pensarte, unas sandalias planas en tus pies, un tejado de luna plateada y un cronopio mirando la luna y escuchando soul, una montaña con adorno, y la palabra amor.
Acá estoy sentada con todas estas cosas, las guardo en un baúl roto, en un baúl tambor.
Acá sigo pensando en mi lista de cosas-cronopio-clocharde que defiendo a escondidas. A los clocharde les pegaban porque eran raros, no quiero que les peguen. Llevan mucha ropa vieja para el frío y maquillaje.
Acá sigo, y no tengo más papel. Acá estoy con mi lista de cosas que voy a regalar, que estoy a punto de regalar.

Texto: Virginia Fernández “Lista de cosas y cronopios cortazarianos”
Foto: Manuel Gallardo

viernes, junio 29, 2007

Acción versus pensamiento

Detrás de toda acción hay una protesta innata, es por esto que no hay vuelta atrás, hay que seguir adelante, hasta el final. Las acciones se vuelven irresponsables a veces, pero eso sí una vez empezada ésta, no se puede parar en mitad de la nada, porque sería como caer a un precipicio sin colchón debajo, o como estamparse en un cristal que no vimos mientras alguien que sí lo vio ríe impertinentemente mientras nos señala con un dedo acusatorio. Como si nosotros hubiéramos hecho algo mal, y es por esto y nada más que por esto que al terminar la dichosa acción nos sentiremos bien. No sé, es así de simple, o complicado, como lo quieras ver, es tal y como suena. Es como seguir un camino naranja en forma de río que al parecer no tiene fin, aunque sí lo tiene, lo que pasa que lo desconoces. A veces se compromete uno en acciones que van más allá del todo que las designa, y esto es complicado pues si entendemos la acción como el conjunto de hechos que buscan un fin, nos daremos cuenta de algo tan simple como que la acción en sí no tiene sentido. El lector es importante en estos casos, porque quizás es el único que se dé cuenta de esto. La literatura debe de ser guiada por el lector, y no al revés. Entonces y después de este breve resumen de la acción como tal, llega un momento en el que me pregunto si el pensamiento no se podrá considerar acción en algún lugar de ese camino naranja, he aquí otra vez la idea del camino en forma de río. Yo creo que el resultado al final es sublime, debe serlo. Mientras, anoto en mi cabeza: extrañar, echar de menos, acción, acción interminable, acción que no tiene fin en el tiempo o en el espacio, idea. Acción versus pensamiento.

Texto: “Acción versus pensamiento” Virginia Fernández
Foto: “Bajo el caballo de Artigas” Manuel Gallardo

viernes, junio 22, 2007

Momentos


Ejercicio 1: Pensarte 1

Es inconcluso pensarte, irrisorio, irracional, inadmisible, inconfesable, incongruente, incoloro, todo lo que quieras y que empiece por i. Es todo y nada a la vez, es un cúmulo de circunstancias sin final, es un agujero en medio del piso, o una estatua que ríe a los transeúntes en medio de la calle mientras pasas. Es incompleto, e inconcebible, es incomunicativo, inconsiderado, interminable. Es un interruptor en mitad de un bosque helado. Es una interrogación grande que se sale por la ventana porque no cabe. Es una heladera con patas, y que de repente te des cuenta de que se está fugando, eche a andar y te deje sin heladera la cocina, es antinatural. Es insuficiente e instintivo. Es insufrible, integral, intempestivo.
Y sobretodo, y ante todo es inconsolable.

Ejercicio 2: Trazos y retales de pensamiento

Pues el pensamiento está triste y jodido. Porque quieren callar su voz, pero su voz no se calla, grita cada vez más fuerte. Grita a la vez que intentan callarlo. Y dice que no lo van a callar, continua la lucha, pero ¿Es en vano su intento de reivindicación? Se siente como si fuera un espectador en primera fila, el único espectador de la obra, el primero que escucha y ve. El primero y el único que escucha, ve, y actúa, no sé. Al final, incertidumbre quizás.

Ejercicio 3: Pensarte 2

Es simple, como una fachada de Gata, de color verde, con una puerta, una ventana y un banco para sentarse a esperar, mirar el mar, sonreír. Que el pensamiento insondable inunde la única neurona viva que pueda quedar después del huracán de tu paso.
Es tan natural asomarme a cualquier rincón y que estés.
Siempre que te busco estás, pero es que sé que ya no estás.
Es tan natural asomarme a algún sitio cuadrado y encontrarte, comenzar a descender lentamente como el que baja peldaños a la pata coja, y ver que estás sentado, con las piernas cruzadas. Es inhumano, pero sigue siendo sobretodo, y ante todo, inconsolable.


Texto: Virginia Fernández “Momentos”
Foto: Manuel Gallardo “Gata”

Pintura

Cuadro seleccionado en XIII Maratón Nacional de pintura al aire libre “Ciudad de Vera “.
17 de Junio de 2007.

Pintura: Manuel Gallardo “En Vera, en un cortijo de la Media Legua”

domingo, junio 17, 2007

Describiendo algún sitio en la vida de un tipo

El sitio en el que se encuentra el tipo es simple, sencillo a la vista. Una inmensidad plana ante sus siempre asombrados ojos. El medio nunca deja de sorprenderlo, parece un niño con ojos grandes por la sorpresa, parece un niño mayor. Penetra en el medio inapreciablemente, casi a cámara lenta, para no ser notado, para no molestar, sin prisa, le gusta ese sitio. El sitio no tiene grandes complicaciones impuestas por el entorno, por la sociedad. Él proviene de una sociedad agresiva, competitiva, sin embargo le gusta este sitio dotado de sencillez, sitio que no exige rápidas respuestas, ni contrapartidas. Su habitual manera de hacer las cosas lo acompaña aquí. Él se crea su propia estratosfera, entra en el medio de manera lógica, y sin grandes estruendos, e importante, sin destruirlo. El tipo dice: Aquí hay tejados y calles desde donde mirar al cielo, hay curvas que se desvían a lugares inciertos, hay espacios planos, y ecosistemas de ti. Eso es lo que más le gusta, a la vez apunta en su agenda: siento, estoy. Digo yo que cuando el tipo se pone a filosofar mejor no preguntar por el significado de las palabras que forman su trabalenguas particular, mejor no entender. Su micro-mundo no es otro que ver amanecer al lado de un lago singular, nada tópica esa manera de hacer. El tipo no aguanta pesados soles sobre su espalda, ni lunas que ya amanecieron de puro cansancio. Así de simple se plantea la vida, no espera nada a cambio, y sin embargo recibe todo.
El tipo sabe que cuando lo ataca la vida común, siempre estará ese sitio, que sólo él conoce. El único sitio donde encuentra la paz. La única receta para el ataque de la razón.

Texto: Virginia Fernández “Describiendo algún sitio en la vida de un tipo”
Foto: Manuel Gallardo “Vista de Bédar”

sábado, junio 09, 2007

Un atardecer color ocre en la vida de la maga

En un lugar del mundo me encuentro, en un rincón pequeño de la casa, mientras veo un atardecer sin prisa y tomo colacao. Rodeada de colores ocres y naranjas, en una habitación particular. A expensas del destino vago por esos rincones llenos de polvo. Hay discos esparcidos por todas partes, y torres de libros desordenados en un orden concreto. Me encomiendo a una noche de estrellas sin pretextos, sólo quiero encontrar un lugar donde fumar tranquila un cigarrillo a oscuras, lejos de las formas del cuarto, lejos de las formas de ti, que se desdibuje el mundo ante mis ojos, no ver nada, dormir y despertar más tarde para descubrir que estás ahí y me observas en silencio.
Donde me hallo me encuentro ensimismada por ausencias, estoy llena de silencios que no dejan de hablarme de ti, estoy llena de sombras, estoy llena de luces, de luciérnagas que me transitan a deshoras, y estallan en torrentes de espasmos que me trasportan a lugares inimaginables. Estoy llena de ti, estoy en todos tus sueños, me planto en tu recuerdo, me lleno con las formas de tu cuerpo. Hay fantasmas que me persiguen en cualquier sitio, hay ríos naranjas que no se quieren coser a la tierra. Hay noches de luna, hay delirios con sur, y gatos. Hay notas de jazz que vuelan, hay un piano que suena en una noche silenciosa, hay una tarde lluviosa sin nubes. Hay tantas cosas que se salen de la imaginación. Las letras se escapan por las esquinas de las paredes de este papel. Suben y bajan como si estuvieran en una montaña rusa. Es tan fácil imaginarlo maga.


Texto: Virginia Fernández “Un atardecer color ocre en la vida de la maga”

sábado, junio 02, 2007

Él y ella


El hombre la mira despacio mientras bebe una copa de vino. El hombre está serio, fuma un cigarrillo. Detrás de él, en un cartel se lee: prohibido fumar. Ella mira hacia otro lugar, su mirada se escapa de allí, sale por la ventana hacia un lugar no muy lejano que dejó atrás al caminar sólo un par de manzanas. Ella está de espaldas a él. Él está sentado. Ella está sonriendo, es una sonrisa amarga que se le sale por los labios pintados de rojo. Él se escapa de su línea de visión. Ella está de pie frente a la única ventana que tiene el local. Desde la ventana se ve una calle mojada, en los charcos se refleja la luz de la calle, una pareja solitaria pasea por la calle abrazándose. Él vuelve a beber otro trago, se lleva la copa a los labios despacio. Ella no sabe que él está allí. El local está iluminado sólo por una luz tenue, hay mesas redondas y bajas. Ella lleva vestido negro con volantes, va descalza, tiene una mancha de nacimiento en el pie que no se ve. Él conoce esa mancha. Él está enamorado de ella, ella no lo sabe. Se oye una música de guitarra que sale de un tocadiscos viejo. Al lado de ella hay un tablao con una silla, el tablao permanece en penumbra mientras el hombre la observa, el tablao se ilumina en una pequeña luz, un hombre sube con una guitarra y se sienta en la silla. Ella sube al tablao, lleva el pelo suelto, la música del tocadiscos para, empieza a sonar un solo de guitarra, el público se estremece, ella comienza a bailar, todos callan, sólo se escucha la guitarra. El espectáculo termina.
La gente empieza a aplaudir poniéndose en pie. Él se levanta, la besa.


Texto: Virginia Fernández “Él y ella”
Foto: Manuel Gallardo “Prohibido fumar”

viernes, mayo 18, 2007

Cosas de domingo en Barcelona

Barcelona, 22 de Abril, Avenida Diagonal, 9 ½ horas. Marcho de casa para no aburrirme, me encuentro con una chica argentina de veintiún años perdida, recién llegada de su país el día anterior. Me pregunta si conozco algún hotel recién inaugurado, me cuenta que ha acompañado a su madre al trabajo, había querido conocer Barcelona. No tiene plata, ni ningún número de teléfono, ni dirección alguna, sólo recuerda que salieron en taxi de Belbiche. Después de dudar si pudiese ser verdad o mentira, pues parece una historia de sketch de televisión de humor. Le insisto que intente recordar algo, me dice que hace tres horas que está andando cuadras, me pide ayuda, le ofrezco una tarjeta de metro, me pide 20 céntimos para hablar por teléfono a Argentina, a un hermano. Después de intentar llamar a cobro revertido, le pregunto que qué hora será en su país, me responde que las cuatro de la mañana. Cómo le iban a contestar, con cuánto dinero se llama a Argentina! Comenta que en su país cuando se pierde algo se pone un vaso hacia abajo. La invito a un café cortado con pasta para reponer fuerzas en el café del príncipe, o similar. He estado contigo alguna vez en este bar entre la Rambla Cataluña y la Diagonal. La acompaño al metro a buscar un mapa. Al ser domingo no hay personal, sólo máquinas expendedoras de tickets. Le insisto si recuerda algo, ya que después del cortado gira la taza hacia abajo, responde que Paseo de Gracia, no recuerda el número, decidimos ir hacia la plaza Cataluña mirando las calles laterales, nada. Después de quedarse mirando con ojos grandes la tienda de Louis Vuitton, llegamos al Corte Inglés, Plaza Cataluña, cogemos el metro hacia Belbiche dice que recuerda haber pasado con el micro por ese sitio, será lo de la taza. La dejo en la puerta de su familia, dándome mil gracias, con la única amonestación de que al ser mañana 23 de abril, día de San Jorge en esta tierra, el chico regala una flor. Me voy de allí pensando si todo es verdad, o con la duda de si será mentira.

Virginia Fernández “Cosas de domingo en Barcelona”

jueves, mayo 10, 2007

Para despistar


Para despistar a las distancias me traslado a un sur del mundo, puede ser cualquier sur, a cualquier hora de una noche oscura de invierno, viajo a contra-reloj en forma de micro-universo, lanzo señales interoceánicas que alcancen mi destino, que te alcancen a ti, que te lleguen . Para despistar al sol me alejo de la materia física interestelar, me zambullo en miles de estrellas en las que buceo sin ser visto hasta llegar a ti, lo consigo, es bello lo que encuentro.
Observo a la luna en esa distancia impar que nos envuelve, en un mundo redondo y triste. Lanzo una boomerang azul intenso como contraseña, y para crear materia te adivino a contraluz en una noche sin luna.
Para engatusar a las distancias te viajo de norte a sur, por esos despistes míos de la imaginación. En la imaginación no hay fronteras, ni muros de Berlín. En la antesala de la imaginación me encuentro por lo tanto, justo antes de la media noche, antes de dormir, y te cuento que recorro de arriba abajo pasos que otros anduvieron antes. Te miro, te reinvento de mil formas, te pienso, te observo desde aquí, y hasta te espero toda una vida si me dejas, y así logro persuadir a esa distancia, distancia caprichosa , que al fin y al cabo es como tú. Capricho del destino será encontrarte, y al final consigo viajar a la velocidad de la luz, y aparecer a tu lado, así de fácil.
Para despistar al arte que te envuelve me convierto en cualquier instrumento de música alocado, que suene al ritmo de unas palmas que son manos que acarician oídos al hablar, que sea noche de luz de candil. El despiste al final es tal, que al amanecer ya no recordarás nada, ni sabrás siquiera donde estás.

Texto: Virginia Fernández “Para despistar”
Foto: Jesús Fernández “ Dando vueltas”

martes, mayo 01, 2007

1 de Mayo gravitando


Gravitar no es caer, ni descender, tampoco es tiritar, ni pulular. Gravitar es acercarse. Gravitar es la atracción de dos cuerpos, o el movimiento de un cuerpo por la atracción de otro. Por ejemplo gravitar se puede decir que es como hacer parapente con alguien en un lugar que sea naranja y plano, y ese alguien ser tú. Gravitación versus paracaidismo, y acercarse a ese alguien despacio y girar alrededor de él por la atracción de un cuerpo hacia el otro. Pero no todos los cuerpos se atraen, por lo tanto no todos los cuerpos hacen parapente y gravitan a la vez en un paisaje plano y naranja.
Por otra parte el parapente es una modalidad de paracaidismo deportivo que consiste en lanzarse desde una pendiente muy pronunciada con un paracaídas desplegado y efectuar un descenso controlado. Por lo tanto tenemos dos ideas, una: descenso controlado y dos: atracción. Me quedo con la segunda idea. Así mismo tenemos palabras como gravitar, atracción, cuerpo, naranja, paisaje, plano, descenso, paracaídas, pendiente. De entre todas me quedo con la primera, es decir gravitar. Llegados a este punto elijo atracción como idea y gravitar como palabra. Resumiendo gravitar es moverse por la atracción gravitatoria de un cuerpo hacia otro, como dos astros tiritando a lo lejos y buscándose en la distancia. Copérnico estableció la idea de un sistema de planetas que gravitan alrededor del Sol . El Sol aparece aquí como centro de todo, no siempre es así. Como veis gravitar se puede definir de muchas maneras, pero una de las definiciones por las que me inclino más es aquella que dice que mi cuerpo gravita alrededor del tuyo en la misma proporción de ida y vuelta, de manera absoluta, infinita, elevado a una potencia inimaginable, podría decirse que elevado a una potencia casi casi malabar.

Texto: Virginia Fernández “1 de Mayo gravitando”
Foto: Manuel Gallardo “1 de Mayo”

domingo, abril 22, 2007

Luz y letras

Las letras necesitan de mucho espacio para intentar llenar luz. Las letras corren al viento, luchan. Es tan difícil llenar luz con letras, sobretodo cuando éstas son letras tristes. Las letras reivindican siempre algo, y ese algo intenta parecerse siempre a lo que está mal, o simplemente cuentan historias. Otras veces sin embargo es tan fácil llenar luz con letras, que escribo despacio para no agobiar al papel con mis letras que llegan y llenan espacios de luz. Las letras a veces odian, otras aman, otras se convierten en nada, entonces son blancas como el papel, pero siempre son letras. Me pregunto por qué son diferentes entonces. En mi llegada las letras aplauden y se dispersan, corren. A veces las letras son tímidas y otras alegres, a veces me buscan, otras se esconden, otras soy yo la que intento hallarlas, pero siempre el resultado es el mismo, es un resultado infinito a ti, de ida y vuelta, y vuelta a empezar. Es un resultado absoluto, e incluso diría que perplejo. Letras al fin y al cabo, letras de vos, letras, letras sin sentido, letras que manchan, letras que buscan lienzos blancos donde descansar, o posar para algún artista tímido que quiera pintarlas con el color del recuerdo. Pero el recuerdo no tiene color, por eso aunque posen para el artista, él es incapaz de pintarlas aunque tenga mil musas en su interior, aunque todas se parezcan a una misma. El artista intenta mezclarlas con colores, mezcla recuerdos, mezcla pinceles, pero no hay manera de pintar a las letras. A veces las letras se vuelven coquetas por el azar de la vida y se plantan ellas solas en el papel, es ahí cuando se desvían en todas las curvas que giran a ti. Se necesita mucho espacio para llenar luz, y éstas son las únicas que llenan.

Texto: Virginia Fernández “Luz y letras”
Foto: Manuel Gallardo “Por las calles de Granada”

jueves, abril 12, 2007

De camino a algún sitio


Las niñas en Bogotá juegan a la comba en barrios que están en el sur de la ciudad, justo donde el sur es más sur, y más pobre que el resto. Juegan en la calle, sus madres van a trabajar. Se levantan a las cuatro de la mañana mientras la gran ciudad aún duerme despacio su noche, viajan en tren. Luego subirán a autobús. El autobús las llevará al centro norte de la ciudad, donde les espera un duro día de trabajo. Vuelven a las cuatro de la tarde para irse de nuevo a otro trabajo que empieza a las seis, del que terminarán a las nueve, llegarán a casa finalmente a la media noche, justo a la hora de dormir. Al día siguiente volverán a empezar la tarea que llaman vivir, cuando en realidad se debería llamar de algún otro modo.
En ese barrio hay niños que llevan pantalón sucio, calcetines, pelo corto y sandalias. Se sientan en el suelo que tiene barro, y juegan a canicas, creen que son delanteros de algún equipo que subió a primera alguna vez. Sus hermanas los miran y mueven la cabeza de un lado a otro, sonríen y siguen jugando a la comba.
En el norte de Bogotá hay casas en las que solamente la puerta principal vale lo que una casa en el sur. Los hombres que viven allí salen a la calle siempre acompañados por otros hombres que trabajan para que nada les ocurra, nunca salen solos. A veces prefieren quedarse en casa a salir a la calle, algo que nunca entenderán los niños del sur que juegan todo el día en las calles del barrio más pobre de la ciudad.
Esto me lo contó un amigo en un viaje de tren a las cuatro de la mañana camino de algún barrio rico de Bogotá.

Texto: “De camino a algún sitio”. Virginia Fernández
Graffiti del niño de las pinturas

sábado, marzo 31, 2007

Cuento que debe ser leído antes de ir a dormir


Te dejo un sueño en blanco sobre noche, lo dibujo en una noche de verano en la que no hay viento. El sueño irá en una nube que estará parada sobre una copa de cristal, el sueño sueña sueños raros, y a veces contigo si quieres, cuando quieras, como la letra de letras. El sueño será un cuadro con aristas circulares sobre fondo de montañas, y al que alguien se podrá asomar sin ser visto. Ese alguien podrá parecerse a ti. Entonces yo te dejaré unos ojos que miran para tu sueño, para que mires al sueño como si usaras una lupa, así podrás ver los detalles que no se ven a simple vista. También, para que tú mires a esos ojos que miran, les guiñes un ojo, y luego me cuentes. Los ojos que miran te los presto, miran a tu alrededor y ríen al día, entonces se convierten en sueños risueños rizados mezclados con noche. En el sueño también dejo una receta de miel y limón que cura, y es para que la uses tres veces por semana, o más veces, por ejemplo siete veces por día dos veces por semana, y la mejor camiseta para los mocos.
El sueño es como un cuenta-cuentos hecho a medida, pero no lo sabes aún, ya te darás cuenta.
El sueño habla cuentos despacio, yo los leo. Cuentos que son leídos para dormir a la hora de la siesta, o para escucharlos en un anochecer con luna arábiga sobre fondo azul.
El sueño a veces encandila, como algunos que yo conozco, como andar por una calle con casas que son blancas, casas que no tienen escaleras, que sea verano, y haga sol. El sueño a veces se llamará andarín. Y otras sin embargo se hará llamar a sí mismo noche estrellada sobre acantilado.


Texto: Virginia Fernández “Cuento que debe ser leído antes de ir a dormir”

jueves, marzo 22, 2007

Los tipos que encuentro por la calle


Los tipos que me encuentro por la calle no aparentan, ni se convertirán en príncipes, son tipos que viven la vida nada más. Son tipos legales, no engañan, ni mienten, no disimulan, como la otra clase de tipos, esos que viven viviendo vidas que no son suyas, ni de nadie, sino vidas que parecen, pero no son, practican ese vivir desde que se levantan, ese sin vivir, constantemente, a todas horas. Pero los tipos de los que yo hablo son otra cosa, no manipulan, ni odian a sus vecinos. En sus vidas no existe la palabra hipocresía, ni la palabra dinero, pero sí la palabra verdad, o la palabra sinceridad, también la palabra sencillez, y la palabra riqueza. Los tipos en el fondo son ricos, y tienen rostro, pero no se les ve, pasa de largo como una vida anónima, sin ser notada. Los tipos no agarran maquillaje por las mañanas cuando se levantan, ni se pintan sonrisa en la cara si no la tienen, y a veces tienen mocos. De igual modo aguantan el chaparrón que la vida les depara, y no llevan paraguas cuando llueve. Estos tipos tienen ojos grandes de tanto mirar y mirar, a veces son morenos, usan guantes con los dedos descubiertos, tienen dedos que asoman al frío sin pereza. Los tipos tienen la imaginación más desarrollada que el resto, trabajan con ella, porque tienen que arreglárselas ellos solos. Con la imaginación se levantan, con ella se acuestan, y te pintan tejados en las latas con color de té cuando menos lo esperas.
Los tipos a los que muchos llaman pobres, son ricos. Estos tipos son buena gente, resulta que nadie los ve al cruzarse con ellos, sin embargo existen. Pero también resulta, y esto es lo gracioso del caso que estos tipos son felices, y no necesitan nada más.

Texto: “Los tipos que encuentro por la calle” Virginia Fernández.
Foto: “Retales del Cabo I” Manuel Gallardo.

jueves, marzo 15, 2007

El gato malabar

El gato malabar espera, está sentado, cruza las piernas, mira, observa equidistancias. Lee esas distancias iguales entre dos o más puntos, para luego apuntarlas en su cuaderno, para llevárselas a su colección de equidistancias, le gustan. Observa movimientos dispersos, espera, analiza, piensa. No sé lo que mira, lo que espera, quizás no espere nada, o quizás sí, quizás a la muerte, o a la vida, que pase en un tranvía en el que alguien lea poemas que han sido escritos para ser leídos en un tranvía, que la vida vaya allí mirando al que lee poemas, y que con cara divertida lo salude con su mano.
Entonces el gato se canse de esperar, de estar sentado, porque es malabar, dé un salto y empiece a jugar con unas canicas, con la vida, la lance arriba y abajo, y vuelta a empezar. El gato hará magia, malabarismo, de repente tendrá fuego en las manos, de repente no, el gato será blanco, y también negro. Si él quiere se estampará en una ventana como si fuera un graffiti, y callado mirará a todos los que pasen por allí, como un mimo de ciudad. Mientras, en su cabeza escribirá la distancia que hay de Londres a Berlín, de Milán a Budapest. Cerrará los ojos e imaginará paisajes, rectos paisajes amarillos que tengan vistas al mar.
El gato aprende a hacer equilibrio, y también acrobacia. En sus sueños quiere parecerse a un hombre. Tomar café en un café parisino al anochecer, que sea verano. Cierra los ojos y duerme, piensa en las formas que pueden tener los días que son noches.
Quién fuera gato para perderse una noche en la oscuridad, aparecer al otro lado de la vida, al otro lado de un lugar, y ser un malabar.

Texto: Virginia Fernández “El gato malabar”
Foto: Manuel Gallardo “Retales del Cabo”

jueves, marzo 08, 2007

Ese lugar


En ese lugar hace luna que se refleja en un lago, a ella le gustan esas sensaciones azules que hay allí, le dan ganas de llorar. Ella dice te pinto un puente desde este lado de los ninguneados hasta ti, eso se lo dijo una mina amiga, y también Galeano, a ella le gustó y lo reinventó. En ese lugar no existe la palabra guerra, ni la palabra religión, en ese lugar quiero vivir. En ese lugar tus manos me hablan, me gustan, me cuentan ocurrencias variadas mezcladas con ayer y con mañana. Cuando abres la puerta tus pasos traen olor a lluvia. Hace luna en ese lugar, es azul como tu pelo, también hay mar, hay paisajes planos que te quieres llevar para ponerlos en una tela.
A veces eres la síntesis de lo contradictorio, otras no. A veces estamos solos y todo se oscurece, todo torna gris, los nervios se templan, la contradicción se convierte en axioma, a veces en mito. El cuadro de la manta quiere parecerse a ti, las paredes te hablan, te dan consejos, entonces yo traigo un atardecer de verano de ese lugar, y una caja cuadrada que si yo quiero hace música y todo termina ahí.
En ese lugar hay una niña jugando en un tejado, juega con una muñeca que se llama Li Po, soñando pasa el día, imaginando. En el tejado no hay barandilla, pero ella no se cae, juega a ser mayor y crece por el camino. También hay dedos de pies que se mueven cuando llevan calcetines que andan pasos. Sólo conozco a una persona que mueva los dedos de los pies al caminar, ese eres tú, el transeúnte viajero de pelo azul. Ese lugar se llama Gata. Cuando el transeúnte viajero de pelo azul llega a Gata hace luna.


Texto: “Ese lugar”. Virginia Fernández
Foto: “Jugando en el tejado”. Rachid Marouane

viernes, marzo 02, 2007

El desamor de un tipo

Entre toda esta gente, te miro sólo a ti. El tipo estaba serio y la miraba efectivamente, fruncía el ceño y seguía mirando fijamente. El tipo tenía canas en el pelo, y barba crecida de varios días, tenía canas en la barba, pero ella no las vio al principio. Dijo, esto es por culpa del desamor. Fíjense que ella no lo creyó, el tipo siguió hablando, y ella ya no lo escuchaba, se quiso ir corriendo, escapar de allí. Él seguía mirándola y le leyó el pensamiento porque dijo, quédese un rato más, y después dijo me fugo con usted si se deja, la rapto a usted si me lo permite esta noche, y me abrazo a su abrazo si es de su agrado, porque soy educado, así siempre, ella dijo no. A él le salió barba de tres días de golpe y canas. Entonces dijo sí, el tipo agarró sonrisa.

Texto: Virginia Fernández “el desamor de un tipo”
Foto: Jesús Fernández “Canillita”

jueves, febrero 22, 2007

Este hacerse mayor sin delicadeza



Desde esta ciudad de soles te sigo, desde esta ciudad desolada te abrigo, desde aquí te miro. Por las esquinas recorro casi sin mirar los pasos que una vez anduve, el tiempo importa. Las esquinas cuadradas me gustan porque suelen tener sorpresa detrás, las recorro sin mirar, porque me las sé. A oscuras camino hacia la luz, y desde esta ciudad de luz camino hacia ninguna parte. Desde este lado que desconoces, te recorro de abajo a arriba, de izquierda a derecha, de ti a mí. Comparto la noche con las letras que me llegan de contrabando. Desde este desierto antiguo miro hacia ti, y te admiro. Estás con la mirada ausente, perdida, perdido en no se qué historia que te hace no reír, a veces sí.
Miro el horizonte que un día trazó el mar que conocimos, la línea del horizonte que imaginé a tu lado. Te miro a lo lejos, miro hacia ese abismo que compartimos. Me gusta el abismo que hay bajo mis pies.
Me gusta la silueta de montañas que veo desde mi ventana. Escribo para contarte, escribo para escribirte, te escribo para escribirme. A medio camino regalo historias de siglos pasados.
Me pregunto qué resultado dará la hipérbola de dos continentes lejanos, uno blanco y otro negro, uno tú y otro yo. Te pienso rayas si te gustan, te las pinto.
Objetos extraños cuelgan de los árboles, desconozco su significado, imitan leyes antiguas.
Qué lejos estoy del suelo donde he nacido, esa idea me invade el pensamiento, las palabras de tus manos también. Los cafés amigos de las siestas y las lunas recorren mi cuerpo. Desde aquí me has creído ver. Iba a salir pero llueve. Soy de verdad.
Todo esto es lo que encuentro hoy en mi cabeza, te lo cuento, me gusta.

Texto: “Este hacerse mayor sin delicadeza”. Virginia Fernández.
Foto: “Gris de alambre”. Manuel Gallardo.

miércoles, febrero 14, 2007

Él y yo


Dice que a él se le cuelan sueños feos durante la noche, mientras duerme.
Dice que no entiende lo que pasa con el mundo. Yo no entiendo lo que pasa con las palabras cuando no quieren salir, cuando no quieren ser pronunciadas, o leídas, o escritas.
Dice que los sueños los creamos nosotros mismos para protegernos, por nuestra conciencia intranquila, quizás, o quizás no. Yo sé que existen esos sueños porque a mí también se me cuelan cuando menos lo espero, y no me gustan. Él dice que llegan con la noche, cuando los párpados se cierran. Los sueños feos se marchan con la luz. Cuando se abren los ojos, desaparecen. Cuando se abre la mañana, o la ventana cuadrada de nuestra habitación, salen volando. Él dice que le asustan esos sueños. A mí también me asustan, a veces en la noche siento miedo, y me despierto.
Él dice que el tza tza tzu no existe, yo creo que sí. El tza tza tzu es una mariposa que quiso ser mujer. Se han encontrado mariposas revoloteando en el estómago de algunas personas, yo las he visto, por eso creo en ellas.
Él dice muchas cosas, como por ejemplo que no le gusta irse de bares entre semana, que le da “mal fario”. Y también que de pequeño se metía en las conversaciones de los mayores moviendo la cabeza con gesto de asentimiento, pero que no entendía nada. Él hace muchos razonamientos así siempre, serios e infantiles. Yo me río, me hace sonreír.
Él dice te miro y no te pienso, te pienso y no te miro.
Yo digo que él no tiene la culpa de que el mundo sea tan feo, pero lo es.
Yo digo que a mi me gustan las libélulas.


Texto: “Él y yo”. Virginia Fernández.
Foto: “Ventanas y oscuridad”. Manuel Gallardo.