viernes, julio 09, 2010

Palabra de mujer


38
Este canto arrepentido, vigía detrás de mis poemas'
este canto me desmiente, me amordaza.

-Alejandra Pizarnik-


A
 veces me gustaría callar
dentro de este mar oscuro de ideas arrepentidas,
mordazas del pensamiento,
lúgubres palabras, como el pensamiento de un loco.

A veces me gustaría calmar estos gritos
y que no fueran más que danzas en la noche,
hogueras saltarinas escribiendo la palabra carcelero,
extraño lenguaje.

Sería magnífico que las palabras fluyeran
con ese leve aleteo de una mariposa
o el agua que baja de un manantial.

Pero la palabra correcta es la que juega
desde lo impuesto,
desde vuestro lado intachable
de pajarita o corbata,
pequeña danza del “azar” premeditado.

A veces me gustaría callar
para que pudieras expresarte,
pensamiento libre de mujer,
sin trabas,
sin extorsiones,
sin subrayado,
palabra de mujer,
triste y silente.

© Virginia Fernández “Palabra de mujer”

sábado, julio 03, 2010

Soledades




T
odos somos pequeñas islas,
de las que queremos huir,
con paredes,
con sueños y miedos,
gustos y tacto.

Trabajamos en sueños,
avanzamos
como amantes
que caminan paso a paso,
muertos de miedo.

Somos pequeños universos
llenos de miles y millones
de partículas de pensamientos,
de infinitas soledades,
de individualismos.

Somos tan locos
que avanzamos hacia la nada
con ansias de luz,
luciérnagas ciegas,
creyendo vivir.

© Virginia Fernández “Soledades”

martes, junio 22, 2010

Celebración de la lluvia


Hay veces en las que la lluvia llega sin esperarla,
escuchas el sonido,
una melodía triste,
acordes menores que entran por la ventana
y te transportan a rutas deshabitadas.
Yo me quedo mirando
e imagino paisajes lejanos
en los que tú ya nunca estás.

Cuando llega la lluvia
ya muchas veces me cuesta saberte
asomado en cualquier ventana,
observando la calle, el festín de paraguas,
semáforos en rojo y coches que esperan.

Cuando llega la lluvia
me empiezo a observar
y me hago preguntas que no debería
y como en un vaso que se encontrara
encima de un paraguas intento atrapar
un pequeño momento de magia.

Hay veces en las que sin esperarlo
aparece el sol
y te mira
y un arco-iris dibuja una sonrisa
en el tejado del mundo esperando
verte reír en cualquier rincón de esta ciudad.

© Virginia Fernández “Celebración de la lluvia”

miércoles, junio 16, 2010

Rompecabezas





Podría descomponerte
en millones de partículas,
dejarme llevar y borrar
el esbozo que guardo de ti.

Pero me aprendí de memoria
cada una de las líneas que te forman,
y los trazos de este lápiz podrían dibujarte
infinitas veces con los ojos cerrados.

En días como éste
me recuerdas a un rompecabezas
en el que no puedo dejar de pensar,
me recuerdas un paisaje plano            
o el óleo amarillo de un cuadro en ruinas.

A veces pienso que podría regalarte el infinito
y ponerlo encima de tu pecho.
A veces, tú, te apareces ingenuo una y  otra vez.

Otras veces vuelves en forma de sueño,
o de pensamiento
y no me molestas.

Pero en la mayoría de los casos
me gustaría poder cerrar los ojos
y que solo fueras paisaje,
un simple paisaje que no me agrediera.

© Virginia Fernández “Rompecabezas”


sábado, junio 12, 2010

Tempus




T
iempo,
muerte,
mecanismo innecesario,
tic tac de un reloj prendido a tu pulsera.

Qué sólo te quedas Tiempo,
déjame dormirme en tu regazo,
déjame quedarme contigo esta noche,
cantarte una canción de cuna.

Qué silenciosa te quedas tú,
Muerte inesperada, en un sala de espera.
Hermética,
frágil,
déjame morirme de tu misma muerte,
desentrañar las entrañas de la tierra.

Tiempo incandescente, incoloro,
realidad que aplasta,
momento irremediable,
déjame, sólo esta vez
a solas conmigo misma.

© Virginia Fernández “Tempus”

martes, junio 08, 2010

Momento Polaroid


E
l oficio de mirar trató de atrapar
un guiño en el alféizar de la ventana,
una mota de polvo,
la sonrisa de un anciano,
quizás preguntas e interrogantes,
una mirada embudo,
vacío y momentos
que hice míos bajo la lente de algo
llamado multiplicación de la realidad.

El oficio de mirar fue sencillo,
bastó con saber representar un detalle,
ese instante que sin ese saber estar
hubiera quedado olvidado en el tiempo
y sin embargo,
gracias a él,
dejé tatuado en un momento que puedo llamar polaroid.

Con el oficio de mirar conté
y dibujé figuras,
un parpadeo,
un niño que jugaba a ser mayor,
una sonrisa con caipiriña.

Ay de mí sin el que capta instantes,
ay de mí sin este oficio.
¡Qué vacías las calles!
¡Qué sólo el deambular!
¿Por dónde iría yo?
¿Hacia dónde?


© Virginia Fernández “Momento Polaroid”
 Fotografía: Don.

martes, junio 01, 2010

Ya siempre


Y
Inaugurando Junio 
a oscuridad que dice adiós, y siempre
un clamor de esperanzas,
danzas en la noche,
figuras que se mueven
al ritmo de una música lejana.

Ya siempre sombra  maldita y paso del tiempo,
frugalidad encerrada en un milímetro
de espacio.

Ya siempre luz y sol,
distancia y lluvia,
prendido a mi cintura.
  
Ya junio,
Ya estruendo de risas y luego silencio y ojos,
eternidad fugaz.

Ya siempre trozo de isla,
quietud que cuelga de mi pelo ondulado.        
Ya siempre tú,
abarloado en mi costado.



© Virginia Fernández “Ya siempre”

lunes, mayo 31, 2010

Una tarde cualquiera


En una tarde cualquiera se pueden dibujar
pequeñas líneas que se abren
en el cielo,
trazos que se forman y se salen
del contorno de tu figura
y tras tu sonrisa se cuelan como luciérnagas encendidas
las cosquillas del atardecer,
las rarezas estampadas en un lienzo en blanco.

En una tarde cualquiera llegas con la primavera metida
en las ondas de mi pelo,
y como un niño a punto de despertar
imaginas paisajes de un libro inventado,
mientras te escondes en mis ojos,
susurrando canciones,
liberando pesadillas de un mundo gris.

En una tarde cualquiera te acercas
con la calma precisa de tus manos,
con un leve toque de escritor,
y trazas en las comisuras de mi boca
una historia aún por inventar.

En esas tardes atrapo el infinito
en mis manos,
tanto que podría mecerlo para dormirlo
tanto que podría recortar el tramo de una ola
y coserlo en el tejado del cielo.
© Virginia Fernández “Una tarde cualquiera”

jueves, mayo 27, 2010

Mudanzas



Movimiento I
No name

Con el destierro que siento al ver el mar de frente,
llego con el infinito metido en el pecho,
con ese silencio de atardecer tullido, de caramelo,
de ojos entreabiertos y
de media sonrisa,
llego a tu cintura de girasoles amarillos,
de viento que despeine tu flequillo
y no tengo nombre:
solo ojos,

Movimiento II
Atardecer

Mis pies descalzos en la arena
despliegan el atardecer hacia rutas de color pastel
me miras de soslayo,
te apoyas en mi espalda:
sonrisa.

Movimiento III
Noche

El sueño me acoge en sus brazos desnudos:
oscuridad.

Movimiento IV
Final

Luna infinita
cara congelada
riachuelo de besos.
Con un temblor de mariposa que escapa por la ventana
te digo: no te necesito.

© Virginia Fernández “Mudanzas”

lunes, mayo 24, 2010

Noches de insomnio

En noches como ésta es fácil adivinar a través del cristal,
o a través de las paredes
los movimientos ajenos,
un vaso que cae,
quizás un teléfono que suena en el silencio.

Imagino tu mano sobre la almohada,
aproximándola hacia alguna piel anónima,
una película muda,
y yo, suicida de noches de insomnio,
contemplo imágenes,
desnudo sábanas
alegoría del despertar.

En noches como ésta es fácil imaginarte
haciendo un tratado de filosofía,
meditando bajo una luz tenue,
tomando un té.

Yo, descalza me aproximo hacia el amanecer,
suicida de noches de insomnio,
paseo puertos,
temporalidades que no quieren
formar parte de las agujas del reloj,
yo, meditabunda nocturna,
como metáfora a punto de despertar,
espero.

© Virginia Fernández “Noches de insomnio”

jueves, mayo 20, 2010

Le Hèrisson



Usted me hace pensar en un erizo,
                                    por fuera está lleno de pinchos,
pero por dentro es tan refinado como ese animal, 
tremendamente solitario
y terriblemente elegante, usted,
ha encontrado el escondite perfecto.
                        -Le Hèrisson-

Camina lentamente sobre paisajes
de oblicuidades inciertas,
recorre páramos de tristeza,     
de vacíos difíciles de llenar,
de inviernos infinitos,
de lluvia en el cristal.

Observo desde este escenario
su mirada esquiva,
su pausado deje,     
su constante anhelo,
sus ansias de poesía.

Él, increíblemente sabio
en su pequeño reinado,
me conoce y me intuye,
lee de mis ojos, escruta,
disimula.

No se intimida
ni se muestra,
Erizo sin espinas,
extremadamente bello,
ligero, altivo.

El silencio es su batalla ganada,
actúa en la sombra mientras
trama malabarismos impares,
mientras crea
pequeños momentos de magia
para mi alma humilde de ser humano.

© Virginia Fernández “Le Hèrisson”

martes, mayo 18, 2010

Palabras formando un poema (Poética Herta Müller)



Que los sentimientos
lleven faldas de cristal
con plisados de hierro
nada tiene que ver
con preguntas fundamentales

-Herta Müller-




Una mesa de palabras
crea un escenario particular,
recortadas al azar,
cogidas prestadas de cualquier periódico,
se acumulan
y haciendo un poco de papiroflexia cuentan.

Adoptan forma propia
y por supuesto no se pueden
limpiar,
ellas, con grandes signos de interrogación
me hablan y me dictan
y escogen una pareja que las haga especiales.

Ellas son ligeras,
y se duermen en un cajón,
pobres palabras escondidas,
esperando en una estación de tren
que las lleve a la forma de un poema.

Igual que la propia vida tienen límites,
los que marca este trozo de papel,
nunca sabré si prefirieron quedarse escondidas
o salir a la luz,

Nunca sabré lo que ellas opinaron,
pero yo las ordeno en forma de poema escrito en una postal
con palabras que recorté
en una antigua estación de tren.

© Virginia Fernández “Palabras formando un poema”

lunes, mayo 17, 2010

Calles sin nombre




Te busqué allí
en las calles del absurdo,
mientras los anocheceres me acompañaban sin hablar,
en ese lugar donde alguien me proporcionó un descanso en mi noche,
donde sólo tú o quizás el color de tus ojos podría entender
mis palabras.

Allí te esperé inerme,
preguntándome sobre tus cuestiones metafísicas,
el azar, Kafka y su metamorfosis,
tal vez un cuadro.

Alguien desde un balcón abierto podría matizar
ese pensamiento, esa descripción,
interiores que se asoman a la luz
ver un amanecer,
un libro abierto,
augurios de esperanza.

Mis ojos te esperaron en ese lugar de la media luna,
donde sólo nos reconocemos por nuestro tacto,
donde las calles se llaman anónimas.

Allí donde todo carece de explicación,
dónde la lluvia nos sigue sorprendiendo,
en ese absoluto surrealismo,
en ese estado metafísico,
en ese entendimiento de ojos y miradas.
Allí en ese sitio al que nadie supo llamar con un nombre.

© Virginia Fernández “Calles sin nombre”

jueves, mayo 13, 2010

Princesas



Ellas, tan solas,
pasean por la calle cogidas de la mano,
hacen malabarismos por las líneas del amor,
requiebros a la luna,
y de contrabando reclaman un pedazo de cielo.

Están preparadas para dar,
nunca viceversa,
se calzan botas altas,
faldas peligrosamente cortas.
Ellas, tan libres,
esperan a un príncipe
que las salve de su destino.

Sueñan con que un día
alguien las recoja a la salida del trabajo,
les regale flores.
Ellas,
reciben la visita inesperada de almas solitarias,
aman el pecado, libres de todo mal.

Víveres de contrabando,
Carne de libre mercado,
Princesas,
Increíblemente tristes,
Increíblemente maltratadas por la vida.

© Virginia Fernández “Princesas”

domingo, mayo 09, 2010

El lector de poemas


Lo amé por primera vez en una tarde lluviosa,
aunque él no me conozca,
amé sus rizos cayendo sobre la frente,
sus ojos apaisados,
su postura al girarse por alguna interrupción:
alguien que pasa, una música lejana que suena,
el sonido de la lluvia en el cristal.

Lo amé mientras leía algún viejo poema,
sus grandes ojos fijos
su forma de mirar esa cuartilla amarillenta
de un libro de segunda mano,
un libro que alguien olvidó en alguna librería.

Amé esa sonrisa,
aunque él no me miraba,
Yo, anónima mientras él se sumergía en ese mar azul claro
que puede suponer una lectura,
él transformado, nadando en un cuadro de Dalí.

Todas las tardes creé
ese pequeño microcosmos entorno a él,
ese universo sin medida,
en el que seguramente usted
lector, también habrá estado alguna vez.

Todas las tardes lo busqué con la mirada,
sin que conociera mi nombre,
sin que supiera de mí.
Todas las tardes sonrió,
al pasar una página,
al saberse observado.

© Virginia Fernández “El lector de poemas”

martes, mayo 04, 2010

Al poeta



A ti que sabes comprender

Qué de anocheceres te habrán visitado las musas.
En tu solitario estudio te imagino,
cambiando impresiones con Brines o
contemplando un bombín de Magritte,
un cielo sin estrellas.

Qué de estallidos musicales imagino en tu risa,
enloquecida por alguna metáfora disonante,
Rimbaud debería de estar orgulloso,
reirá desde el más allá,
reirá con tu risa,
y alzará una copa de vino a tu salud.

Sólo tú comprendes la soledad del poeta,
sólo tú sabes entender su amargura,
o su alegría, a ti van dirigidos estos versos.

Qué de notas musicales salen de tu pluma,
qué sola se queda la noche cuando te vas,
a ti poeta, dedico estas líneas,
a ti, que sabes entender.

© Virginia Fernández “Al poeta”
Imagen: René Magritte

jueves, abril 29, 2010

Propiedad privada

Me río ante las puertas y los puertos
que se construyen en medio de una ladera.
Usted, humano, está constantemente
poniendo puertas en mitad de algo, de la nada.
¿Para qué?

Un viaje en tren
revela la evidencia,
la tarde cae, y con ella
el sol va iluminando
cada vez más bajo el vagón
creando un clima cálido,
cotidiano,
conversaciones que se confunden
con el paisaje,
asombro de lo ajeno,
oblicuidades, un libro.

De repente un paisaje plano,
anaranjado quizás,
horizontal,
ante mis ojos asombrados
y majestuosa en su soledad,
triste,
perdida y sin finalidad aparente:
Una puerta en mitad de la nada,
dentro de ese paisaje solitario,
el paso hacia el abismo,
la puerta que se cierra,
y pone límites a lo ilimitado: el mundo.

©Virginia Fernández “Propiedad privada”

domingo, abril 25, 2010

Momentos de equilibrio

En este preciso momento
estará usted mirando por alguna ventana anónima
e impersonal, desde su despacho
totalmente iluminado,
cada pequeño detalle estará perfectamente cuidado,
describirá alguna parábola en el aire,
observará cómo pasan
los transeúntes por la calle,
cruzando el paso de cebra,
y no captará esa violencia
intrínseca del ser humano,
no podrá apreciar esa oscuridad
de la humanidad,
caminando, quizás como en un gueto,
perdidos en su soledad.

Quizás usted no haya percibido
esa pequeña sutileza
casi imperceptible
que queda inmersa en cada uno de nosotros.

Seguramente cuando usted mire
por esa ventana tan impersonal y transparente,
no sea capaz de asimilarlo,
ni siquiera lo pensará,
pero está ahí en el aire,
fruto de nuestra propia naturaleza.

Pero quizás,
en ese mismo momento
en otro rincón de la ciudad,
o de cualquier lugar,
alguien se estremecerá
al escuchar el sonido de las gotas del agua
al golpear en el cristal,
o al escuchar el crujido de un pétalo al caer,
al ver una sonrisa,
entonces algo merecerá la pena.

© Virginia Fernández “Momentos de equilibrio”

lunes, abril 19, 2010

Interferencias

Traté de traer más mundo al mundo,
entrar poco a poco en ese lugar que no existe,
no fue más que eso,
lucha contra las interferencias,
y encuentro al fin y al cabo.

De repente ese extrañamiento no fue
más que paralelismo de la realidad, o espejo,
difícil como una metáfora aún por nacer.
Quizás no fuera más que eso,
tal que así,
espacio que no existía,
pequeña sutileza,
interferencia de los sentidos.

Quizás no fuera más que un claro ejemplo
de nuestras vidas
representadas en ese pequeño escenario,
telones que caían,
máscaras que trataban de comprender,
marionetas del azar,
huéspedes de una vida aún por vivir,
incomprensible momento.

Traté de hacer desaparecer esas interferencias,
esas intelectualidades, nimiedades,
fue lo justo.
Esas pequeñas grietas
que se iban formando
poco a poco desaparecieron
y entré en ese mundo bilateral, espacio de fantasía,
para encontrarme y toparme de bruces con él,
en todo su esplendor,
diáfano ante mí se alzaba el mundo del Rey Momo.

© Virginia Fernández “Interferencias”

viernes, abril 09, 2010

Pictures of you

Quisiera derribar sus fachadas,
quedarme hasta verlo entrar sin equipaje en la noche,
con sus ojos de curiosidad nada más,
con sus manos húmedas de distancias que caen,
con sus pestañas y su cabello, con su luz.

Me gustaría tanto redimirlo a usted,
encontrar un momento de paz desubicada,
embriagarlo de verdades,
de eslabones pintados como un fresco de Miguel Ángel,
enloquecer su alma desnuda,
escucharlo gritar un nombre nada más.

Sería magnífico contemplar cómo caen esas murallas,
derribar puertas y relojes,
descorrer las cortinas de la ira.
Delicioso momento el de usted al desnudo,
sólo hombre y sentimiento,
soledad y nubes,
gritando verdades,
cadenas que caen.

Que sólo fuera palabras a la no desesperanza,
sólo manos para entender,
sólo estampa pintada en un sello que no borra la lluvia,
sólo adioses que no se van.
¡Ah! ¿Qué decir? Sólo paisaje que acaricie un cuerpo desnudo.


© Virginia Fernández “Pictures of you”

lunes, abril 05, 2010

Construcción

Cada mañana rehaces de nuevo el camino,
te empiezas a construir como si fueras
una catedral, o cualquier edificio de tu ciudad,
moderno, estilizado.
Te construyes,
desde que te levantas,
empiezas de nuevo de cero,
mientras bebes el café,
mientras lees la impersonalidad
de las noticias,
mientras acaricias con tu mirada la vida.

Cada día vas creciendo y haciéndote adulto.
Así vives tu vida,
desde tu universo particular,
así te desgastas,
y te mueres de esa vida inestable,
atmósfera que inquieta,
efímera, frágil.
Un chiquillo que juega a ser adulto antipático,
vas construyendo caminos conforme
avanzas hacia el ocaso.

Así te repones, y sigues adelante,
para acabar por la noche otra vez hecho cenizas,
roto.
¿Cómo salvarte?
¿Cómo construir ese pilar básico
que te sostenga y te guíe?

© Virginia Fernández “Construcción”

martes, marzo 23, 2010

Razones

Cuando caminemos difícilmente equilibrados
por una vereda gris de madrugada,
me cogerás de la cintura,
despertarás
a este jueves violeta, a este anochecer.

Pasearé de tu mano por las calles mojadas,
no atenderemos a razones oficiales,
sólo la piel ocupará el vacío
de tu costado.
No habrá vigilias y sueños arrastrados,
no habrá malentendidos.

Cuando sufras la impersonalidad
de los anocheceres vacíos,
encontraré y encontrarás sentido
a aquella mirada, y a aquel sonido,
derrumbarás paredes como huracanes.

Cuando el tiempo se ponga de acuerdo,
y nos dé una pequeña tregua de relojes,
y minuteros,
entonces, y sólo entonces, descansarás en mi,
y no habrá más razones que la de tus ojos,
más amaneceres que saberme prendida a tu espalda.

© Virginia Fernández “Razones”

domingo, marzo 21, 2010

Tan extraño y tan solo

Tan extraño y tan solo,
vaga por puertos, y anocheceres,
ronronea a la luna,
y cree ser el rey.

Tan doblemente solo
en su reinado,
tan dilatado en el tiempo,
tan inquietante.

Pasea por calles mojadas
en la madrugada.
Reflexiona sobre el brillo de unos ojos,
desaloja tormentos,
olvida un poco con cada trago,
baila con una sirena.

Viste su cara con una sonrisa,
enmascara su llanto,
pide perdón,
desanda su camino.

Tan extraño,
tan caballero de copas,
tan huraño,
pero siempre tan solo.

©Virginia Fernández “Tan extraño y tan solo”

lunes, marzo 08, 2010

Si usted quisiera

Si usted quisiera
yo podría coger el mar,
podría ir de ojos cerrados,
y de atardeceres en vela
a su encuentro, sonriente hacia la luna
y con cascabeles en el paladar.

Si usted quisiera
no harían falta palabras,
ni pactos,
ni siquiera miradas,
solamente su consentimiento
bastaría para darme a conocer
en sus manos, en su espalda,
despertar lunas,
sonrojar amaneceres,
pero sólo si usted quisiera.

Si usted me dejara,
comprendería que lo que digo
vale más que mil gestos que le hice
cuando no miraba.
No existe otra manera
de entrar en el círculo,
Yo le señalaría la parte de mi cuerpo
por donde tendría que empezar a rescatarme,
desalojar habitaciones cerradas
y abrir ventanas con vistas al mar.

No tengo más que ofrecer,
sólo estos ojos y esta sonrisa…
y esta vida si usted quisiera.

© Virginia Fernández “Si usted quisiera” Fragmento de Diarios de usted.

domingo, febrero 14, 2010

Exilios

"Voy por tu cuerpo como por el mundo" Octavio Paz


Aquí me encuentro
en este exilio.
Exilio de párpados cerrados
y de preguntas,
de ventanales con signos de interrogación.

Aquí me encuentro
en esta ruina de espacios,
con utopías irrelevantes
mirándome sin comprender,
con lunas de puertas cerradas,
con estadios de luz incandescente.

Aquí me encuentro
exiliada de los adioses
y los abrazos,
exiliada del mundo
y de su rutina,
exiliada de sus cuestiones,
de sus miradas de pronóstico reservado,
de sus incertidumbres.

Aquí me encuentro en el silencio
de esta tarde invernal y callejera,
esperando el anochecer,
que seguro traerá sonrisas nuevas
que me harán olvidar este exilio
impenetrable y asustado.

© Virginia Fernández “Exilios”

lunes, febrero 08, 2010

Pretensiones

Quiero ser poeta,
y vivir en mis versos,
mecerme en un susurro,
correr con el viento de cara.

Me gustaría volverme poema,
quedarme en su regazo,
dormirme entre sus párpados,
vestirme con sus ojos,
hacer muecas a la luna,
guiños a su piel,
descomponerme en su métrica.

Daría todo lo que tengo
por convertirme
en una pequeña estrofa que llevara su nombre,
acariciarlo con pequeños susurros,
cantarle una canción al oído,

No sé hasta qué punto estaría bien
reconvertirme en un soneto,
decir algo extravagante.
No sé si podría explicarme lo suficientemente bien
para poder decir algo que lo estremeciera a usted.

© Virginia Fernández “Pretensiones” Fragmento de Diarios de usted.

miércoles, febrero 03, 2010

Vocación

No sé por qué nació de repente
esta vocación que mira hacia ti,
no sé si fueron tus maneras,
o si ese día unas gotas estratosféricas,
y redondas
golpearon en la ventana,
pidiendo un hueco donde acurrucarse.

No sé si esta vocación guiada
hacia ti, tiene que ver con Gustav Klimt,
o con El beso, o ciertamente con Danae,
no sé si fue René Magritte,
o su bombín de las cinco,
o incluso pudo ser Salvador Dalí
abrazado a su amante.

Realmente no sé si nació del jazz,
o de tus ojos,
pero el caso es, que esta vocación
inconclusa, y sin sentido,
irremediable, gira hacia ti,
y no puede dejar de mirarte.

© Virginia Fernández “vocación”

Noes

No duele el amanecer
cuando no estás,
es sólo un pequeño pinchazo
en el pecho.
es sólo una desazón
que oprime cada músculo de mi cuerpo.

No te echo de menos al atardecer
cuando el viento empieza a contarme
una canción de cuna.
No pienso en ti,
No existen pensamientos trasnochados,
es sólo una pequeña herida,
un jirón roto de tela que se va haciendo
cada vez más grande.

Es sólo que me acuerdo de ese mimo
que se mueve en la rambla de las flores,
ese cielo gris que me recuerda a tus ojos,
ese atardecer que no va a volver si no me miras.
Es sólo ese desamparo,
esta cama vacía con tu hueco exacto
debajo del edredón.
Es sólo eso, nada más.

© Virginia Fernández “Noes”

domingo, enero 31, 2010

Composición de domingo

Me dan miedo los domingos,
No se cómo decirle,
cómo explicarle.
Me gustaría describir
el por qué de los teléfonos rotos.

A veces extraño una nube
de Magritte,
o simplemente su calor de usted.
Su silencio consentido,
su sabor.

Me dan pánico
los domingos por la tarde,
y no alcanzo a poder
relatar la razón fundamental
de ese desasosiego,
esa inquieta nostalgia
de los centímetros de su piel.

¿Cómo convertirme
en estación de tren
en esos días de domingo?
¿Cómo ser mañana,
para dejar de ser
por un instante vacío y soledad?
¿Cómo explicarle?


© Virginia Fernández “Composición de domingo”. Fragmento de Diarios de usted.

Caleidoscopios lunares

Hoy la luna me enseña a mirar caleidoscopios lunares, incandescentes, atropellos coloreados de ti, el día fue silencio, pero terminó con un gato que quería ronronear al son del vaivén lunar, ¿Metafísica estelar?, quizás, no sé.

(c) Virginia Fernández "Caleidoscopios lunares"

martes, enero 26, 2010

El guitarrista cero

El guitarrista Cero sabe de noches desoladas y frías. Actúa bajo el manto de la noche azul de un local llamado Loro. Tiene en su cara algo parecido a una sonrisa, lanza una especie de mueca o guiño hacia su amigo con gafas que lo observa desde la barra, éste recoge la mueca y le corresponde con una mirada incierta y amistosa. Mientras su público lo abandona a la misma velocidad que sus acordes caen de una guitarra que ni siquiera recuerda el día en que nació.
El guitarrista Cero sabe que el mundo está ya de vuelta, harto y cansado. En el fondo cree que no le importa, pero un amago de tristeza lo delata por las comisuras de sus labios. Hace un intento de cantar, le gusta estar allí, se sienta en un taburete con chicle que también le gasta una mala pasada, mira hacia un lado, hacia otro, disimula y vuelve a sus acordes. Lleva sombrero y amargura, y en algún momento de la noche si nada cambia se preguntará por qué está allí. Unas risas al final le devolverán las ganas de seguir tocando algo parecido a rock & roll. Mientras dos gatos se besan en la puerta de un local llamado Loro.

(c)Virginia Fernánadez “El guitarrista Cero”

sábado, enero 23, 2010

Percepciones

Qué fácil se me hace
cuando usted viene con una sonrisa.
El tiempo se para entonces,
se descorren las cortinas,
se descosen los botones de las camisas.
Entra una brisa que huele a ciudad y lluvia.

Qué fácil me lo hace cuando me mira,
se disipan todas las dudas,
alegre cae la tarde
entre llovizna y olor a sándalo.

Qué temor es encontrarlo inesperadamente,
que fulgor en el pecho,
qué delirio más grande mirar sus ojos cuando oscurece.
Cuántos versos nacen en ese estado anímico de la razón.

Ah! Pero cuando se nubla su mirada,
Se produce entonces ese volverse hacia el interior,
Ese aislamiento que hiela la piel,
Esa percepción desde afuera,
Ese sentirse solo en un desierto.

Ocurre entonces el milagro.
Ocurre entonces que el poeta percibe que está enamorado,
que es amante.
Es entonces cuando empieza a hablarle de usted a un poema.


© Virginia Fernández “Percepciones”

viernes, enero 22, 2010

Peces vagabundos

Anda, vámonos a ese bar,
tomemos una copa de porto,
deja atrás esa música ridícula que escuchas.
Corramos bajo la lluvia,
siente cómo golpea el aire en tu cara.

No mires atrás,
descálzate y sígueme.
Allí nos espera la magia de tu sonrisa,
Somos peces vagabundos.

Vámonos a esa terraza que tanto te gusta,
Báñate en mis ojos,
Descuida la tarea,
Baila conmigo al amanecer.

Dime adiós desde un vagón sin billete de ida,
Dame la bienvenida a la ciudad,
Volvamos a brillar bajo la luna.
Vamos, descálzate,
La calle nos espera.


© Virginia Fernández, “Peces vagabundos”

martes, enero 19, 2010

Fantasmas

Usted desconoce que hoy
sólo me queda el fantasma de la noche,
el vacío y la nada.
Sólo quedan manos,
y adioses.

Usted no sabe que me provoca estados de ánimo,
difíciles de definir, poco dados a las explicaciones.
Estados de ánimo convertidos en utopías,
estados de ánimo que me hacen sentir perdida
en esta noche en la que sólo me queda
la visita de los fantasmas de usted.

De pronto suena una música, y cambia la luna,
estudio el momento preciso en el que acaricia mi cuello,
descuido el tacto, y miro su hombro desnudo.
La noche me espera, trágica e infantil,
me acuna el amanecer, y destierra pesares.
Usted no sabe, pero
me provoca ensoñaciones de delirio,
retazos de pensamiento.

Usted no puede saber, ¿Cómo hacerlo?
En esta noche en la que
el viento mece mi alma.
En esta noche en la que sólo existe vacío y soledad,
Usted no sabe, no puede.


© Virginia Fernández “fantasmas”

viernes, enero 08, 2010

De mecanos y arandelas

Yo no quiero ser un mecano, no quiero ser piezas, ni metálicas, ni transparentes. No quiero ser tuercas, ni arandelas, ni tampoco formas infinitas. A mi no me gustan los libros de instrucciones con letra pequeña, no me gustan las instrucciones made in Taiwan, o escritas en alemán, a mi no me gustan tus textos románticos. Yo no quiero ser formal, no quiero formalidad a tu lado, formalidad espectral, oscura azul, y bastante tonta. No quiero tener piezas del mundo entre mis manos, no quiero ser pedazos de algo, de tiempo, de espacio, ni sueños contados, ni noches, ni nadas. No quiero ser tupé, ni punta tacón, ni nada de eso, ni montaña rusa, ni feria, si no se llama Risa. Yo, la verdad, lo único que quiero es verte bailar para mí alguna noche cuando el tiempo se pare en este espacio infinitesimal y cuadrado.

(c) Virginia Fernández. "De mecanos y arandelas"

sábado, enero 02, 2010

Deshumanizándonos

Somos espectadores de un juego
que es jugado por nosotros mismos,
nos reconfortamos con una mirada,
abrimos la puerta a la eternidad,
que al fin y al cabo dura un segundo.

Descubrimos un amanecer particular,
nos encandilamos con una sonrisa,
restablecemos el aire a nuestro alrededor,
respiramos, nos enamoramos.

Percibimos la realidad como en una película en blanco y negro,
observamos el final,
y lloramos.
Todo esto no son más que experimentos de la razón,
ruinas del ayer, que debemos reconstruir.

© Virginia Fernández “deshumanizándonos”

jueves, diciembre 31, 2009

Mar de sensaciones

Para Francisco Vargas y nuestras risas en cualquier esquina de la ciudad

Usted es una película muda,
un mar de sensaciones,
imágenes, quizás una frase,
y risas en cualquier esquina de la ciudad.

A veces usted me da tanto miedo,
me hace sentir como un espejo hecho añicos.
Doloroso encuentro el de usted y yo,
su odio equilibra el mundo,
y lo transforma en amor.

Usted es un enigma,
un río que fluye hacia el mar,
adorado espejismo,
estable en su gravedad.

Usted y yo somos la antítesis de algo,
un sueño sin final,
a veces la verdad absoluta,
pero siempre un mar de sensaciones
entre usted y yo.


© Virginia Fernández “Mar de sensaciones”

miércoles, diciembre 02, 2009

Parábolas

Intuyo el movimiento
de las hojas al caer,
es como imaginar una película
a cámara lenta,
caen como gotas de agua los sonidos,
se sumergen en ese silencio
de invierno blanco.

La tarde se descolore lentamente.
A mi alrededor los matices
que la forman se transforman,
van del amarillo al violeta,
dos segundos y pasará a ser casi oscuro,
miro por la ventana,
me gusta observar esa milimétrica
exactitud del tiempo.

Dejo para más tarde la lectura,
mi atención está en los sonidos,
los colores de la calle,
describo una parábola en el aire,
me descalzo,
empiezo a escribir.

© Virginia Fernández “Parábolas "

miércoles, noviembre 18, 2009

Shock

Y dígame, ¿Quién le plancha a usted las camisas?


Tu reflejo me trae la brisa
del amanecer,
me llena de calma las noches
y vela mi sueño.

Tus noches son estrelladas
y libres,
son antojos
y relámpagos de lluvia.

Tu aire me recuerda
al de un soñador
llamado Vocación.

Es triste el amanecer
que paso sin ti,
y no sé decir
la palabra amor.

Me gustaría prometer,
pero es difícil
entender el tiempo
cuando se para
en el minuto preciso,
irremediable paro cardíaco
entre la inmensa multitud,
tu mirada.

© Virginia Fernández “Shock”

sábado, noviembre 07, 2009

Hypatia

He pensado en diluirme,
captar ese momento en
que los átomos empiezan
a desintegrarse, lejos
de una forma, o un cuerpo,
ver como desaparezco poco a poco,
intuirme en el espacio, desaparecer.

He soñado tantas veces
en convertirme en mar,
formar parte de esa
gran inmensidad azul,
que se despliega ante ti.

He luchado muchas noches
con el azul oscuro que hay
encima de nosotros,
con ese manto de pequeñas luces
infinitas.
Me gustaría tanto
entender ese gran abismo que
se forma en tu mirada en los días
de tormenta.

No sé si te ha pasado
al ver el amanecer
un estremecimiento que recorre
tu espalda.
No sé por qué, pero
he buscado tantas veces,
sin encontrar una respuesta.
Y aquí, cada vez soy menos yo,
Universo.

© Virginia Fernández “Hypatia”.

miércoles, octubre 28, 2009

Amigo mío

Usted es de esos tipos
que se emocionan,
que corren bajo la lluvia,
y lloran en las películas.

Sin duda alguna, usted
es de esos tipos que
leen Rayuela
hasta el amanecer,
que miran de soslayo,
que no saben mentir.

Amigo mío, usted es
de esos hombres
que saben abrazar
a una mujer, que la
dejan sin palabras.

Apuesto a
que usted es de esos tipos
que sueñan el vuelo silente
de unas caderas,
que luchan en vano con sus
cabellos,

Amigo mío,
No me explique, lo sé.

© Virginia Fernández “Amigo mío”

martes, octubre 13, 2009

Sueño sin geometría




Dejó de coleccionar lecturas,
arrugadas en un viejo papel,
las letras se agrietaron
en dolor de color cristal,
se hicieron lluvia de rocío,
y licor de atardecer.

Dejó de colorear el viento,
y de gastar utopías,
malhumoradas notas
llovieron del cielo,
desparpajo atolondrado,
leve aleteo de una
mariposa asustada.

Dejó de coleccionar
raíces cuadradas,
y números primos,
bellos diamantes con
forma de corazón,

El invierno trajo el descanso,
y dejó de soñar sueños.
Ella, la reina con gola
de un sueño sin geometría.

© Virginia Fernández “Sueño sin geometría”
Fotografía: Enma Fernández “Reina con gola de un sueño sin geometría”

martes, septiembre 29, 2009

Ciencias puras

Busco tu suma.
Imperceptible, casual.
A medida que avanzo
los átomos que forman
el todo que hay en ti,
me dan la bienvenida,
se miran,
me descalzan entre
risas y alborotos.

Húmedos átomos formadores
de lágrimas, de risas,
de adioses.
Todos al unísono forman
un algo indescriptible,
un fulgor ardiente,
estrellas, cielo, sonrisa, ojos.

Busco el todo que te forma,
que es más que manos, y piel,
más que una obra de arte,
o un paisaje.
Ese todo que eres tú,
suma de miles y millones
de pequeñas partículas que te forman,
y que hacen que sumes tú, y no tantos
otros diferentes, andadores irreales,
anónimos.

Eres más que manos que vienen hacia mí,
más que caricia,
eres ojos, sonrisa iluminada,
esa suma que te forma no deja
que me duerma,
me atraviesa la garganta.

Busco tus ojos, tus manos,
ese universo cerrado y bello.
Busco la línea del horizonte
que atraviesa tu mirada.
Húmedos átomos formadores
de lluvia de ti.

© Virginia Fernández “Ciencias puras”

lunes, septiembre 07, 2009

Lista de pretextos

Estremecerse en un rincón,
no queda otra.
Atardecer observando
tus manos.

Palidecer de pronto
ante tus ojos asombrados.
Respirar tu alma,
encandilarse de ti.

Voltear la calle,
pasear en ti.
Despojarse de las ropas,
y los adioses.

Mandarse mudar
a tu espalda.
Romper en risas,
brillar en ti.

Bailar contigo,
saborear el mar.
Matar el tiempo,
quedarme en ti.

© Virginia Fernández “Lista de pretextos”

martes, agosto 18, 2009

Delirio

Porque sueño,
yo sé que soy.
Porque sueño,
yo sé que existo.
Porque sueño siento
que nazco cada mañana.

Me desprendo del zarpazo
de tu vagón sin destino,
me caigo alborotado
del País de los sueños,
Y mi vuelta es tan brutal,
que ese que también me habita,
me mira despacio, y con pena.

Porque sueño,
yo no lo estoy.
Porque sueño,
yo no estoy loco.
Ese que también me habita,
me lo recuerda,
gracias a él yo no me caigo.



© Virginia Fernández “Delirio”

sábado, agosto 08, 2009

De insomnios con Pessoa

Me has hecho volver
a Pessoa,
a sus dudas incandescentes,
a sus realismos impares,
a su color neutral
y muerto,
a su cansancio
de no estar cansado.

Estarás contento
de este delirio,
de este insomnio dolorido,
desquebrajado.

En este estado casual,
de adicción sin conflictos,
de extremado universo,
se puede a veces
entender la soledad.

Por tu culpa
he vuelto a querer ser
frases y olvidos,
amaneceres en vela.
Estarás contento,
Pessoa debe estarlo.


© Virginia Fernández “De insomnios con Pessoa”